1er EDITORIAL: COMPROMISO CULTURAL O ESPECTÁCULO CULTURAL

 

1er EDITORIAL

Compromiso cultural o espectáculo cultural

 

Las épocas de crisis son quizá momentos muy oportunos para cuestionar lo que hasta el momento se ha llevado a cabo y para plantear nuevas formas de actuación. Si aplicamos esta labor de mirar atrás en el ámbito cultural, y además proyectamos la mirada en los últimos treinta años, el balance no puede dejar de ser bastante desalentador. Vaya por delante que no queremos hacer un ejercicio de nostalgia y mucho menos elogiar lo que había antes, teniendo en cuenta que en ese antes lo que hubo fue una dictadura que nada tiene que ver con nuestros planteamientos.

 

Pero resulta evidente a cualquier persona que tenga una mínima mirada crítica de la realidad que en el ámbito cultural el panorama se ha deteriorado bastante, principalmente en los noventa y en estos primero años de siglo XXI. Para las administraciones públicas -estatal, autonómicas y locales- la Cultura se ha convertido en un barniz para la propaganda, han promocionado grandes infraestructuras culturales -grandes museos, teatros inmensos, espectáculos grandilocuentes como el Forum de las Culturas de Barcelona- sin tener en cuenta que después a esas costosas infraestructuras había que darles contenido. La apuesta por el espectáculo cultural a lo grande olvida el trabajo cotidiano de otros sectores que, no por ser modestos, son menos importantes, más bien todo lo contrario, creemos que en este como en otros ámbitos la verdadera medida es la medida humana y la cultura debe ser un espacio de intercambio entre personas, por lo que la apuesta de las administraciones tendría que estar dirigidas a apoyar las iniciativas más básicas, las que se mueven mejor en el entramado social.

 

En el sector privado hubo un momento de especial desánimo. La concentración editorial parecía que iba a convertir la literatura en mera mercancía. Se cerraron librerías, algunas de ellas míticas. Las televisiones privadas apostaban en su mayoría por el embrutecimiento social puro y duro, desapareciendo toda programación cultural, incluso de las televisiones públicas, lo que es más grave. A nadie se le escapa el potencial que posee un medio como la televisión. Llama la atención que no exista en ninguna televisión generalista un programa sobre libros, por ejemplo, en un horario diurno. Por fortuna, las nuevas tecnologías y el abaratamiento de este sector ha permitido que surjan pequeñas iniciativas esperanzadoras: nuevas editoriales que apuestan por la literatura de calidad, páginas web de contenido cultural, televisiones y radios locales, nuevas propuestas de vídeo y audiovisuales. Todo no va a ser deprimente en el panorama que dibujamos.

 

Por último, aunque podría ser un tema aparte, nos preocupa el retroceso en el ámbito educativo, algo que todos los sectores, tanto políticos como sociales, han denunciado. Unos estudiantes de educación básica y media que salen de las escuelas e institutos mal formados encontrarán problemas no sólo para incorporarse al mundo cultural, sino para entender el medio en el que desenvuelven sus vidas. Asignaturas como literatura o filosofía quedan restringidas a áreas concretas.

 

Hasta aquí el balance. Evidentemente no tenemos la barita mágica para solucionar los problemas, pero nos gustaría lanzar esta piedra sin intención de guardar la mano, sino de plantear un debate necesario.

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