6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

NºVI                  19-09-2.008

 

 

Editorial VI

Una buena apuesta por la literatura

 

 

Ya desde nuestro primer editorial hemos querido mostrar nuestra preocupación por la situación de la cultura en Europa en general, en España en particular. Hay síntomas que pueden llevarnos a un profundo pesimismo: la degradación de la educación con sus resultados más que cuestionables, la mercantilización de la cultura, la (des)consideración de lo cultural como mero barniz con que las administraciones locales, autonómicas y estatales intentan lucirse, la superficialidad de los debates públicos o la chabacanería en la que han caído las televisiones.

 

No obstante, aun cuando lo anterior es evidente, también apreciamos que se dan algunos cambios en los últimos años, lo que nos permite cierto optimismo. Si nos damos una vuelta por muchas librerías podremos observar que han aparecido nuevas editoriales que apuestan por la literatura de calidad y que comienzan a recoger los frutos de una labor no siempre sencilla. Porque no es fácil llevar a cabo dicha labor. Las editoriales no dejan de ser empresas y las empresas requieren en este capitalismo que padecemos al menos no tener pérdidas económicas y, si es posible, alcanzar beneficios para continuar su actividad. Es cierto que se han reducido los costes de edición en buena medida gracias a las nuevas tecnologías que permiten también, al menos en teoría, un mayor acceso entre los escritores y las editoriales. Pero también lo es que la distribución es costosa, que los índices de lectura no resultan muy satisfactorios, que hubo una crisis del sector de las librerías que por fortuna parece terminada, que hay un exceso de edición (lo que parece en principio contradecirse con el bajo índice de lectura), entre otros problemas.

 

Las editoriales no se han dejado amilanar por los problemas y han mantenido su actividad. Han conseguido que aparezcan nuevos autores, tanto españoles como latinoamericanos, y que se les pueda conocer y sobre todo leer. Consideramos que han frenado una peligrosa tendencia a la mercantilización de la literatura que se estaba produciendo hace unos años. Es motivo de alegría y celebración. La lista de editoriales es enorme y se distribuye por toda la geografía del país. Algunas se han especializado y la mayoría buscan la calidad en los contenidos y en la edición. Nos resulta imposible presentar aquí un listado exhaustivo de todas ellas, serían muchos los olvidos y no queremos caer en injustas omisiones. Pero nos gustaría que nuestro espacio Bombolom sea una pequeña presentación de todas esas editoriales y de este modo, desde nuestra modestísimas posición, dar a conocer algunos libros que nos han interesado y que queremos compartir.

 

Por otro lado, la aparición de webs y de blogs de contenido cultural está supliendo la falta de programación cultural en los medios de comunicación de masas, sobre todo audiovisuales. Es una alternativa, aunque clama al cielo que no haya un solo programa de libros en horarios centrales en la televisión por ser éste un medio de un potencial enorme en la difusión cultural. La radio se muestra afortunadamente más ágil en este aspecto.

 

Sólo cabe por tanto congratularse con esta luz de esperanza y esperar que las nuevas editoriales puedan sortear los problemas y las crisis en la que estamos inmersos para poder gozar de la buena literatura.

 

 

A LUCIO URTUBIA

(Soneto)

 

Un viejo anarquista es un baluarte

Y Lucio quisiera un mundo mejor,

Mundo imposible querer cambiarte

No cambiarás ni de chaqueta ni color.

 

¿El pueblo no va a ninguna parte?

Con su democracia y su religión,

Otra tregua quizás haya de darte

Ese aquel que creó tu mala prisión.

 

Fiel anarquista hay que declararte

Y al militarismo una insumisión,

La verdad de la palabra quiere amarte

 

Y tú no bajas de tu mundo saboteador.

Mundo que es un mundo sin quitarte

La idea de un mundo mucho mejor.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

 

Fragmento de un diario, 1949

 

 

David ha vuelto a discutir conmigo. Me ha echado en falta mi pesimismo. Dice que soy un fatalista histórico, un nihilista. Le irrita que haya perdido el entusiasmo. Pero ¿qué quiere? No puedo dejar de pensar en lo que pasó. No puedo dejar de sangrarme por dentro. Han pasado doce años y siento que toda mi energía se quedó allá, en España. Ya quisiera yo sentirme de otro modo, compartir la fuerza que él posee, la voluntad para no doblegarme ante la historia. Pero no puedo. Me cuesta incluso hablar de todo ello. En los últimos cinco años sólo con él he comentado algunas cosas, con nadie más. Y cada vez hablo menos porque David se enfada y me reprocha que haya cambiado, que ya no sea el mismo de entonces. A veces me enfado yo también, aunque él no lo nota. Me enfado con él, porque creo que quiere que yo sea de otra manera, pero sobre todo me enfado conmigo mismo porque realmente soy de otra manera. Es cierto: en ocasiones me gustaría haber podido conservar el vigor de entonces. A punto estoy incluso de recuperarlo, así lo creo algunas veces. Pero de nuevo recuerdo lo que ocurrió, me vuelvo a ver en las calles de Barcelona y caigo otra vez en el desánimo.

En todo esto estaba pensando cuando David ha pasado por casa. Ha venido a dejarme algunos periódicos de los que edita su grupo. Le gustaría, me dice, que me incorporara a él. Yo respondo que no, sin más explicaciones. Entonces me reta a un debate. Pero yo no quiero debatir. Es cuando se enfada. Pero esta vez se ha enfadado bastante, como si estuviera ya cansado de insistir y de enfrentarse a mi desánimo. Me recuerda que yo era un buen militante, que era el que más ánimo poseía, sin duda, como si yo no lo supiera, como si no lo tuviera todavía presente, como si no lo recordara, cuando lo recuerdo todos los días. Pero entonces era una persona y ahora soy otra. Es esto, justamente, lo que intento explicarle, aunque no sé cómo. ¿Cuesta tanto de entender? Vi morir a mucha gente, demasiada. Con veinte años no deberías experimentar algunas cosas, tal vez en el futuro sea de otro modo, puede que todo vaya mejor, pero en todo caso con veinte años deberías pensar en otras cosas y no en salvar el pellejo o en tus amigos que mueren. Y esto duele. Incluso en quien posee toda la fuerza de una voluntad revolucionaria. Pero sobre todo lo que más te hiere es que quien te persigue y te mata no sea sólo tu enemigo real, aquel contra quien combates a muerte, sino gente de tu mismo lado que dice compartir, incluso, unos mismos ideales. Esto te hace desconfiar de todo. David me ha respondido que él también ha visto morir a mucha gente, amigos de él, conocidos, personas a quienes estaba vinculado. Y sigue luchando a pesar de todo. Yo he callado. En el fondo le envidio. Pero tampoco puedo dejar de sentirme como me siento. No me veo por ello con ánimo de retomar nada. Creo que vamos de nuevo a la catástrofe. Que todo está perdido. Es terrible aceptar la derrota, lo sé. Te inmoviliza por completo. Te hunde. Pero no lo puedo controlar, es más fuerte que yo y nada tiene que ver con la razón.

No es que esté contento con la vida de ahora. En eso David tiene razón, no podemos conformarnos con la realidad que nos envuelve. Yo no quiero conformarme. Pero no le veo salida. Entonces sí la veía. Estábamos construyendo algo distinto. Recogíamos lo mejor de un movimiento obrero que no sólo se enfrentaba a la estructura del poder, sino que intentaba crear nuevos lazos, nuevas relaciones. Un nuevo mundo, eso decíamos. Crecimos mucho. De pronto, un pequeño núcleo se hizo inmenso. En Burgos no era tan palpable, pero cuando fui a Barcelona para integrarme en la estructura del partido, me di cuenta de lo que estábamos construyendo. Me di cuenta de la altura humana de muchos militantes. La época también acompañaba.

Llegó el dieciocho de julio y de pronto lo que estaba latente saltó a la calle. Fue la revolución. Ahora sé que no fue una fiesta, pero nosotros lo vivíamos como una fiesta. Recuerdo las calles del Borne, los pequeños talleres, las tiendas de mayoristas, las cercanas fábricas, de pronto los obreros salieron a la calle y el barrio se llenó de banderas rojas y rojinegras, de gritos por la libertad y por la revolución. Fui a la sede. Los compañeros acudían con noticias de toda la ciudad. En Gracia, en Sants, en el Clot, en todas partes los obreros salían a la calle. Hubo un momento en que parecía de verdad la revolución. Lo fue. Las noticias iban llegando. Me preocupé de pronto por mi familia, por mis amigos de Burgos. A pesar de mi entusiasmo, me di cuenta que aquello no iba a ser una fiesta, nada más lejos. Y no me equivoqué, por desgracia.

Se lo digo a David muchas veces. Él calla. A pesar de su optimismo, también le irritan las visiones festivas que se han dado de la guerra, de nuestra guerra. Fue terrible, me dice, un infierno. Pero rozamos el cielo. Eso es verdad. Yo también lo vi. Pero luego vino todo aquello, mayo del año siguiente, junio, julio. Las detenciones, todas nos dolieron mucho, pero la de Nin, ¿cómo aceptar la detención de Nin?¿Y las acusaciones, cómo aceptar la sarta de mentiras que lanzaron contra nosotros? Divulgaron calumnias inaceptables, que si éramos la quinta columna, que si estábamos a sueldo del gobierno fascista. Nos tuvimos que esconder. La República nos perseguía. ¿Cómo iba a ser aquello una fiesta?¿Cómo mantener una visión heroica?¿Cómo mantener el tipo hoy y aceptar lo ocurrido, asumirlo como algo coyuntural, como consecuencia de la guerra que dicen algunos?¿Hasta cuando aceptaremos las muertes, todas las muertes, como imperativos históricos, por mucho que en unos esté la razón?

David intenta controlar su ira, me habla, argumenta, y le doy la razón en todo. Pero no es eso, no es que no tenga razón, la tiene, pero le pregunto cómo vamos a mantener el ánimo cuando has visto desplomarse las esperanzas a golpe de mentiras. Llegamos a Francia y nos hicieron el vacío. Los parias de la historia, eso éramos nosotros, los odiados por todos. Mina incluso tus propias convicciones. David me pone mala cara cuando lo digo, pero estoy seguro de que sabe de lo que hablo. Nadie es tan fuerte, sólo un iluminado no tiembla ante una realidad tan sangrante. En el fondo, sé que David me comprende, aunque sea un poquito, aunque se haga el duro, el militante heroico de la Revolución, ha intentado ponerse en mi lugar, lo sé, ver las cosas como las veo yo, sin duda lo ha logrado, entiende algo mi pesimismo, aun cuando no lo comparta.

Se marcha más sosegado. Ha aparcado el mal humor y me dice que vaya el sábado con él y con Lidia al campo a pasar el día. Dice que paso mucho tiempo solo y que no es bueno. Le doy la razón. Me sonríe cuando sale de mi apartamento. Me llama tozudo. Se ríe a carcajadas. Lo veo desaparecer por las escaleras. Me quedo solo. Me doy cuenta de mi vida solitaria. Es verdad. Mi trabajo, mi casa, mis recuerdos, mis lecturas, los límites infranqueables de mi vida. Pienso en España, tan lejos. Seguramente el sábado me iré con ellos al campo. Lo decido: sí, iré. Miro el calendario. 8 de Mayo de 1949. Han pasado ya, me digo, doce años.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

LIBERTAD

(Soneto)

 

¿Qué tendrá esa facultad natural?

Todo corazón y hombre la desea

Como efluvio y liberado caudal

Como nueva pócima o panacea.

 

El sendero debe ser un mural

Donde se exprese sea cual sea

La libre emoción magistral

La cumbre sosegada y añacea.

 

Cual es la verdad tan primordial

Esa verdad vegetal, sincera odisea

Esa verdad de perla fértil de sal.

 

Ese derecho que se nos ningunea

Esa sentencia de noche neutral

Esa flor furtiva que parte de la idea.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

 

REVOLUCIÓN

(Soneto)

 

La revolución está en las calles

Hierve como un guiso en fulgor

Está parida por miles de madres

Que creyeron en un mundo mejor.

 

La revolución no es un desmadre

Es una vuelta a la evolución

Es un mundo que no es culpable

De una empresa en desorganización.

 

La revolución es la única clave

Para nuestra definitiva definición.

Revolución de interés militante

 

Entre la palabra y el fino tornasol,

La cual, subyace en el aire

Hasta que le cambiemos su color.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

BORRACHERAS

Y RESACONES

 

Por las noches borracheras

y por el día resacones,

de pequeño fueron paperas

y en otros presentes sarampiones,

bailaban mis caderas

la melodía de los escorpiones,

a ritmo de rumbas rastreras

enajenaban los avispones.

De todas las ilusiones madreras

la tuya es la que por los rincones

encontraban cremalleras

donde hubieron botones.

Borracho mis pajareras

eran venganzas que descompones,

recordando a los pejigueras

y brindando con esos copones

pasaba las horas enteras

vanagloriando de pares a nones.

En el amor las primeras

y hostiles preocupaciones

fueron ideas bodegueras

de cantar las mismas canciones,

en puticlubs donde rameras

brillaban en habitaciones,

donde esas musas embusteras

vaciaban bolsillos de pantalones.

Pido olvidar a las primaveras,

pido perder mis razones,

pido agrado de las malas maneras,

pido respuestas a los preguntones.

Las vergüenzas eran cegueras

y los reproches sermones,

hubo mala leche de veras,

hubo varias insatisfacciones,

hubo muchas migrañas postreras,

hubo vacíos y decepciones,

hubo, por cierto, iras que desde afuera

yo metía en mi casa a empujones.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

ME QUIERES

 

En el mundo existen

muchos placeres sencillos,

placeres que son pequeños:

las risas de los chiquillos,

mecerte entre bellos ensueños,

la simpleza de los bocadillos,

los días un tanto risueños,

la algarabía de los mercadillos,

comer turrones norteños,

esos besos ardientes de tornillo,

fumarte tus caliqueños,

comerte unos pastelillos,

eyacular opacos te amos pequeños,

romper cosas con un martillo,

darte un pequeño festín,

cogerle a la vida gustillo,

los vives y eres feliz

(le buscas ritmo al estribillo).

Las canciones que yo aprendí

llevando vacíos los bolsillos,

me llaman para hacerte tilín,

para pasearme por tu pasillo,

con la dicha de ser para ti

abro por ti cielos y pestillos

y florezco en este abril,

tan feliz que me hago picadillo.

Dices que me quieres a mí,

acaricio sonriente tu bisillo,

breves promesas tus pies,

gracia bonita es tu flequillo,

la seda blanca de tu piel,

me busca en aquel secretillo,

te quiero, todo va bien,

me quieres y me das cuartelillo.

Uno, doce, más de cien,

oigo a lo lejos un grillo,

me retumba allá en mi sien

este suspense amarillo,

ruego que mis niños estén

melosos como pestiños,

dejadme, me dejan ser,

vuelvo siempre a ser un niño.

Me dejan serlo también

en remilgos que yo mismo trillo

corre, corre, viene, ¿quién?

corre, corre que te pillo,

me haces hasta a ti correr,

me peinas con tu cepillo,

me lagrimea la vida fiel

sendero de mi apellido,

prueba este exquisito pastel

pues lo he hecho con cariño,

te quiero, ¿me quieres también?,

me das sazón y me das aliño,

palabra en este papel,

poeta de luna fiel es tu niño.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

 

 

 

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