19º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

nevandoenlaguinea@hotmail.com

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19º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXIX    27-12-2.008

 

 

EDITORIAL XIX

Cambio de año

 

 

Éste será el último número de Nevando en la Guinea del año 2008. El nuestro ha sido un proyecto que ha nacido en Agosto y hemos mantenido las ediciones con rigor. Esperamos mantener el ritmo en 2009, el año que ahora nace y en el que proyectamos inevitablemente nuestras perspectivas y nuestros planes. Sin duda el nuestro es un proyecto sencillo y modesto, pero no queremos cambiar porque nuestra filosofía parte del deseo de publicar y hablar de literatura, y de paso de otras artes, sin olvidar que estamos en un mundo no siempre amable ni grato. Y para eso creemos que no son necesarios grandes formatos, nos basta con lo que tenemos, eso sí, con ganas de ir mejorando en la medida de lo posible.

 

Se nos podrá decir que la literatura, ante los problemas que existen en el mundo y las malas perspectivas que se nos anuncian, resulta una actividad poco importante. Evidentemente, ante la tragedia del hambre, hay datos que afirman que mil millones de personas en el mundo pasan hambre, o de las guerras, hay alrededor de veinte conflictos armados en estos momentos, o de miles de hombres y mujeres que afrontan el nuevo año con la angustia del desempleo y la pobreza, poco podemos hacer. Pero la literatura ha sido una actividad que a lo largo de la historia ha podido canalizar los sueños, las ilusiones, los conflictos humanos. Igual que los niños, queremos escuchar y leer una y mil veces historias, a veces las mismas historias. Hay libros que necesitamos leer cada cierto tiempo porque conforma nuestra vida, le da sentido, explica lo que no entendemos y abre nuevos planteamientos.

 

Sabemos, aunque quisiéramos que fuese al revés, que la literatura no soluciona los problemas del ser humano, pero sin duda ayuda a muchos lectores a superar una cotidianidad poco fácil. El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro contaba la anécdota de un antiguo soldado norteamericano del Vietnam, de origen hispano, que leía con avidez durante aquel trágico conflicto y los libros le ayudaron a sobreponerse de lo que le envolvía y, al acabar la guerra, viajó a París, donde residía el escritor, para agradecerle su ayuda porque uno de los libros que leyó fue suyo y lo leyó varias veces. ¿Cabe mayor sentido que éste?

 

Esperamos poder acompañar a quienes visitan esta página y poder seguir proporcionando poemas, relatos y comentarios varios. Por nuestra parte, nos gusta lo que hacemos y eso ya nos justifica. Sólo podemos desear a nuestros lectores que sea un año de fructíferas lecturas que sin duda les hará la vida un poquito mejor.

 

***

 

Nos llega la noticia de la muerte del dramaturgo británico Harold Pinter. Autor que se inicia con el denominado teatro del absurdo, fue construyendo poco a poco una obra de fuerte carácter social y político, denunciando las violaciones de los derechos individuales y sociales.

 

 

 

 

 

 

HISTORIA DE NAVIDAD

 

La Navidad es fría en la cárcel,

en los hospitales, en los tanatorios,

en los albergues, en los campamentos,

en los poblados chabolistas, en los descampados,

pero esta historia no desea ser triste.

Esta historia pretende daros esperanza.

La Navidad es la única época donde

nos acordamos que debemos ser buenos.

Unos vagan bajo el manto de las ciudades

como fantasmas brotados de la pena seca,

como almas en pena bajo el reloj romano

de las ciudades grises,

como seres vacíos que recuerdan,

como seres vacíos que lamentan.

Hubo una vez un niño, un niño como todos,

inocente e ingenuo, que esperaba que el día

de Navidad dejaran de discutir sus padres.

El niño guardaba ese anhelo en su interior

secretamente, totalmente en silencio.

El día de noche buena vino su padre

mucho antes del trabajo; cosa rara en él.

El niño fue a recibirlo a la puerta del hogar,

pero el padre llegó desanimado

y sin ánimo. Tenía algo que decirles:

tenía que decirles que ese día lo habían

despedido del trabajo, trabajo precario,

pero ese era el único sustento de la familia.

La madre, que estaba en la cocina

salió a dejar en la mesa navideña

un plato con comida y el marido

aprovechó ese momento para contarle

la dura noticia que necesitaba contar a su mujer.

La mujer recibió la noticia como un mazazo.

La mujer se preguntaba: -¿qué vamos a hacer ahora?-

-¿cómo vamos a pasar la Navidad?-

-¿cómo pagaremos la hipoteca, el coche, las facturas?-

Los padres entraron en un estado de nervios

que acabaron discutiendo.

El niño entonces se fue a su cuarto

totalmente desesperanzado y derrotado.

Totalmente enfurecido con Dios,

totalmente enojado con su gracia injusta.

El niño había pedido con tanto empeño

que sus padres no discutieran que le parecía

cosa imposible que existiese ese Dios

del que todo el mundo hablaba sin haberlo visto.

El niño se hizo mayor y siempre pasó

su infancia sin creer en la Navidad lo más mínimo,

sin hacer mucha caso a toda la pompa y a todo el boato

que entorno a la Navidad se formaba.

Sus padres, ya muertos, se habían pasado

toda su vida discutiendo y él no tuvo una infancia feliz.

Ahora él era padre y tenía dos niñas

que si creían en la Navidad, en esa feliz Navidad

que su madre les había inculcado.

Pero en su interior quería que sus dos hijas

si vivieran la Navidad como debía vivirla un niño.

Ese era el verdadero milagro de la Navidad,

ese era el verdadero milagro que el padre

lograba todos los años que pasaron de infancia las niñas.

El milagro de que su padre les hiciera creer

en una Navidad en la que él no creía.

Por eso es preciso decir que la Navidad vive en nosotros,

se refugia en nuestro corazón, vive en nosotros,

y a veces es necesario fingir una creencia

para que otros de verdad sean felices.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

El progresista

 

 

         Nunca te cayó bien aquel profesor con sus alardes de buen rollo y aparente progresismo. Impartía el primer semestre de Derecho Penal, que incluía más principios que normas, y siempre comentaba la realidad penal con un toque de crítica social que a los estudiantes, sobre todo a los más comprometidos, resultaba grato. Pero a ti nunca te convenció. No sabrías entonces muy bien explicar el motivo de esta desconfianza, pero había algo en él que a ti te provocaba suspicacia y aunque estuvieras de acuerdo muchas veces con el contenido de sus comentarios, había algo que no podías explicar de un modo racional, pero que te provocaba un profundo desdén. Sí, iba más allá de cualquier lógica, se trataba de una de esas antipatías que nacen de alguna zona oscura del alma, de un ignorado instinto difícil de entender.

         Todos tus compañeros se mostraron, sin embargo, admirados por su verbo, su estilo y su discurso, te miraban por ello como a un tipo en exceso huraño y desconfiado, el estudiante eternamente crítico y tal vez un tanto reaccionario. No en vano, las tres clases que dedicó al principio de inocencia causó incluso entusiasmo y los propios estudiantes conservadores, o cuando menos poco dados a la izquierda, no dejaron de reconocer que era difícil no admitir la veracidad de sus argumentos. Pese a todo, tú seguías manteniendo, al menos en tu fuero interno, que aquel hombre aparentemente sobrio y ecuánime jugaba con una baraja falsa y algunas cartas en la manga.

         Hubo ocasión de comprobar la veracidad de tus recelos en los exámenes finales. Marcos fue la víctima desgraciada de los desmanes de aquel profesor. O al menos de sus contradicciones ostentosas. Hay que decir que nuestro amigo poseía una de esas memorias privilegiadas capaz de recordar palabra por palabra todo un discurso escrito. No le costaba nada retener cualquier tesis frase tras frase, a veces, es verdad, como un loro, pero con frecuencia también comprendiendo el sentido de lo que estudiaba. 

         Como además poseía el don de los antiguos amanuenses y era capaz de transcribir un discurso oral sin apenas divergencias con lo dicho, sus apuntes resultaban completos. Me dijiste que muchos eran quienes le pedían una copia de los mismos porque era como repasar con todas las comas lo que los profesores habían referido en sus clases.

         Por todo ello, por su memoria y su capacidad de recopilar datos, sus exámenes solían ir bastante bien y sus notas tendían a ser altas. Pero fue con este profesor con quien, de repente, chocó.

         Terminó el examen final con la seguridad de quien lo ha bordado. No sólo recordaba a la perfección párrafos enteros de los apuntes, también se había explayado con las explicaciones dadas en dos manuales recomendados cuyos párrafos llegó a transcribir con las palabras casi textuales. Salió ese día de la facultad con la certeza de quien sabe que va a obtener una nota alta y no le cupo la menor duda de que así iba a ser. Por ello su sorpresa, al igual que la tuya, fue mayúscula cuando comprobó en el correspondiente listado, y te lo anunció poco después no sin una descomunal y comprensible congoja, que había suspendido la asignatura.

         Su sorpresa pasó a un enfado descomunal casi al instante, no podía ser que le hubiera suspendido, de allí que, poco después, ante la evidencia de la imposible nota, pasara a la certeza de que todo se trataba de un error, que sin duda el profesor o alguien del departamento, sin duda alguno de aquellos torpes becarios que hacían las veces de secretarios, había pasado erróneamente a listas las notas dadas por los profesores. Por tanto, podía estar convencido de ello, en la revisión del examen el profesor se daría cuenta de la envergadura del error y repondría la afrenta aceptando el cambio y la asunción de la nota cierta, mucho más elevada que el escuálido suspenso.  

         En el momento correspondiente pasó por el despacho del profesor. Esperó su turno con reforzada certeza de que la razón estaba de su parte y que el mentor, en cuanto ojeara su examen, no tendría más remedio que solventar el tremendo error.

         No fue así. El profesor sacó las cuatro hojas de papel rellenadas por completo, buena letra, bien presentadas y sin ningún atisbo que pudiera hacer pensar que el examinando se hallase nervioso en el momento de escribir, y antes de decir nada, observó atento la sucesión de párrafos, lo que aumentó no poco la agonía de Marcos. Le miró por fin. Este examen está copiado, le espetó de repente. Marcos se quedó parado, sin saber cómo reaccionar.

– ¿Cómo dice? -Le preguntó por fin, como si no hubiera entendido del todo la precisión del profesor.

– Este examen está copiado, es evidente.

         No sabemos si a Marcos le hirió más la acusación a todas luces injusta, la calificación de “evidente“, que ahondaba aún más en la herida, o ambas cosas a la vez. Pero lo indiscutible es que Marcos se sentía profundamente humillado.

– Pero, ¿me ha visto copiar, alguien se lo ha dicho, hay pruebas en mi contra? -se atrevió a formular.

– Es evidente. -repitió el profesor como único argumento para sustentar su afirmación.

– Entonces, ¿y la presunción de inocencia? -arguyó Marcos, no sin notorio arrebato.

         Bajó las escaleras que daban al departamento a grandes zancadas y farfullando insultos y vocablos soeces. Tú le esperabas a la salida y no te costó reconocer nada más verle el fracaso de la gestión recién realizada. No te hizo falta, además, preguntar nada. Me ha echado por impertinente, el muy miserable, chilló casi al borde de las lágrimas.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

 

 

TU  AUSENCIA  SE  APODERA  DE 

 

Tu ausencia se apodera de mí

va trepando por todos mis miembros

enlazándose por los insólitos costados

de mi atenazado y vencido cuerpo.

 

Tu ausencia devora a dentelladas pausadas

todas las salidas de mi ánimo

conduciéndolo sin respiro hacia ti,

impregnándolo de tu color y tu olor.

 

Tu ausencia abre en canales

toda la inmensidad de mi corazón,

sólo tus caricias suturarán sus heridas

y tu cariño lo hará latir de amor.

 

Tu ausencia llena de oscuridad mis días

los encierra en una lúgubre mazmorra

prisionero de amor y lejanía,

de dulce amor sin tu compañía.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

ME  ESTÁN  PASANDO  LOS  AÑOS

 

Me están pasando los años

en un tris-tras,

me percato cuando reflexiono

y veo en mi mente

acontecimientos de mi vida

y me parecen recientes

y al mirar el calendario

se convierten en viejos escenarios

de mi tiempo adolescente,

la tremenda ilusión que da alas

a mi vida encamina mi frente

a un presente preñado de futuro

de forma radical y vehemente

esos acontecimientos que han tallado

la evolución de mi vida

se alejan irremediablemente

al ritmo vertiginoso de mis impertinentes canas,

se van sin pausa y sin esperanza

de volver a reunirse conmigo

al son de un tris-tras cadencioso

se sumergen en brumas de silencio

como si de un agujero negro se tratase

pues ni sonido emiten

los resplandores del crepúsculo de mi juventud

al abandonar la estancia de mi cuerpo.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

TODOS NOS HABLAN

 

Todos nos hablan… sólo que nadie escucha.

Nos hablan los niños cuando lloran en la cama.

Nos habla el viejo cuando calla en su butaca.

Nos hablan los árboles cuando los azotan los vientos.

Y también lo hacen cuando se yerguen en la calma.

Nos hablan las olas, encrespadas y salvajes,

que nos traen historias de corsarios inmortales.

Nos hablan los ríos, aunque corran a raudales,

y nos dicen a gritos que detenerse es la muerte.

Nos habla la torre, desde su altura encumbrada,

sabedora de su presto final en ruinas inertes.

Nos hablan los presos, tras rejas oxidadas,

¡este mundo no funciona, a ver cuando te enteras!

Nos hablan ambas caras de un muro fronterizo,

que suspiran a gritos por conocerse.

Nos hablan los listos, los necios y los notables,

pero mejor que a esos, escucha a las rameras.

Nos habla la tierra, agraviada por nuestras manos,

¡no me olvides insensato, qué sólo eres un ser humano!

Nos hablan las madres, con sus tristes miradas,

el pasado ya no vuelve, ¡ay si yo pudiera!

Nos hablan los pájaros, mientras nos observan,

y piensan callados en lo poco que nos queda.

Nos habla la luna, desde la distancia,

casi no nos distingue, sabe que no somos nada.

Nos hablan las estrellas, aún más lejanas,

ojalá pudieran compartir su misterio.

Nos habla el sol, majestuoso y sincero,

no lo mires a la cara, sólo siente su aliento.

Nos habla el alma, desde su tumba silente,

sueña que no es tarde, y nos dice que aún se puede.

Te hablo yo, con mi amargo poema,

pero no me hagas caso que la locura se pega.

Te hablan los libros, con su silencio patente.

Todos te hablan… sólo que tú no te enteras.

 

 

Por Pedro Estudillo Butrón

 

 

ESPERANZA CIEGA

 

A las madres y a sus hijos

nacidos con discapacidad intelectual.

 

Todas las madres

     que están en estado

de buena esperanza

caminan a ciegas

esos nueve meses,

todas anhelan un hijo sano.

El capricho del destino

rueda sus dados de azar en la espera,

mientras la naturaleza,

es libre voluntad su semilla.

Lotería del cromosoma,

rosa rojiza de la vida y la ciencia

entre espina doliente

y amor orgánico y pureza concebida

busca sendero de hormiga y presencia,

la misma pregunta de incógnita

y misterio tras la cáscara

es la prisa del sueño ligero

dejando siempre claro

que

nadie quiere sufrir

esa oscura crueldad del hombre

y ninguna madre

desea sufrir por un hijo

tras el momento de peligro que existe

en esta vida de locura temporal

y enfermedad fulminante.

Las madres sufren la llaga

entre el péndulo niquelado

y la azarosa célula

de pulpa y de escondrijo

que crece y se multiplica

hacia la vida misteriosa

que parte de la luz y el témpano efervescente.

El embarazo

viene como agua en silencio

y la madre

coge su gran manojo

de ilusiones blancas y fugaces

y se contempla viva

en la silueta redonda

de efluvio y origen.

Un hijo es siempre un hijo

pues lo ganas tú a él,

y si eres buena madre,

él a ti.

Por eso duele

cuando él sufre,

cuando pasa hambre o tiene frío,

cuando es derrotado,

cuando cae,

y la muerte es un espanto,

del cual, se le aparta de ella,

intentando disimular

el preocupado aliento

que te empuja a la sombra.

De esa muerte,

nadie nunca preparado,

brota el caliente suspiro

y se ruega a un Dios del desorden

la tediosa alegría

que todo el mundo merece.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

LLEGAR  A  ESE  PUNTO  DIFUSO  DONDE  PODER

 

 

Los dioses saben lo venidero, los hombres lo acontecido,

y los sabios lo que se cierne.

FILÓSTRATO

 

 

Llegar a ese punto difuso donde poder

tomar distancia sobre uno mismo

observando al sustentador incardinado

transitando encrucijadas de meandros…

Ser receptor de las vibraciones de lo que se cierne.

 

Recibir el misterioso zumbido y trasladarlo

al depositario de mi inherente legado

para que cuide mis emociones y pasos

eligiendo el curso adecuado

para el devenir de mis futuros años.

 

Que al dejar mi incorpóreo estado

ya surcando el longevo camino deseado

la despensa de mi galera se colme

de los más nutritivos conocimientos

afluentes de gozo y tersura para mi espíritu.

 

En esos parajes de acontecimientos

hallar lo hermoso, lo noble, lo magnífico

saborearlo sin premura, tomándome mi tiempo,

y al llegar a puerto se elevasen las riquezas

que mi alma ansía sobre los silos de Ítaca.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

EPÍLOGO

 

Abierto al mundo

con el vientre echo surcos

cual Río Tinto al cielo,

para quien lo desee

lo haga suyo

y en esa simbiosis

se multiplique y crezca

descubriendo espacios

revolucionando escenarios,

para quedarse y transformarse

en un yo rico en significados

y sabores deseados y duraderos.

 

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UN BOLSILLO EN CRISIS

ES UNA BREVE CRISIS DEL CORAZÓN

 

Te llaman porvenir

porque no vienes nunca…

 

Ángel González

 

Y te llaman crisis porque eres una puta

sin rostro,

un personaje de lupanar clandestino,

un montón de mierda

que quiere ser Dios.

Un bolsillo en crisis

es una breve crisis del corazón,

porque las putas van al mercado,

porque el mercado

es un bullicio de total prostitución,

donde se vende y se compra

la vida,

se sustituye oropel por gramos de ceguera,

porque la mezquindad es un kilo

de noses rotundos,

porque se disfrazan las voluntades blancas,

porque los voceros gritan

como perros de rabia,

porque los ceros son noventa y nueves

hipócritas,

porque el redondeo es la boca del lobo,

porque la trampa está oculta

en el aire que se respira,

porque la codicia se sobreentiende,

porque sin bolsillo pleno

no hay corazón que te responda,

porque los mercados son murallas

para algunos,

porque se tira lo que no se quiere

y se desprecia al que pide fiado,

porque los minutos son Euros

que respiran ante el tedio del mundo,

porque las sogas y el patíbulo

son una vereda abierta para el pobre

que de forma gratuita su opinión le niegan.

 

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

INSTRUCCIONES

PARA RESPIRAR

 

Aspira trece veces por minuto

un aire contaminado y de segunda mano.

Aspira que lo necesitas.

¿Se imaginan que cobraran

por la necesidad perentoria de respirar?

Muchos ya lo han hecho y lo seguirán haciendo.

Respirar para vivir,

vivir para respirar,

necesidad donde la vida es para todos igual.

La necesidad vital del ser humano.

Los sueños se respiran en la noche

y son esenciales para la derrota que el azar justifica.

Se respira desde el vientre materno,

ahí en el líquido amniótico,

hay una espiral de partículas de aire

que se hacen presencia y antesala

hacia la realidad del hombre y su existencia.

Suspiros, sollozos, resoplidos, soplos, gemidos,

 son atrezo eterno y perenne desde que nacemos.

Son parte del oxígeno necesario que llevamos

adheridos a nuestra alma, a nuestra suela del zapato,

a nuestro rincón del silencio, en nuestra huella impresa.

Tenemos la necesidad de sobrevivir

al antecedente hipnótico de la desnudez.

Tenemos el alma pegada a nuestro suspiro.

Sospechamos que la derrota está esperando

nuestra caída rendida, decir no puedo más,

rendirse, caer al vacío, dejar de luchar.

Sólo las sonrisas despiertan a nuestra

esperanza, la zarandean y le dan de beber,

la levantan y la incorporan a la vida.

Respirar, vivir, existir, follar, roncar,

todo ello lleva implícito el deber de inspirar y aspirar.

De vivir mientras tanto.

De respirar sin darse ni cuenta.

Vamos hacia el noble paseo del vivir por vivir.

Somos seres que respiramos,

y mientras tanto, resistimos al esperma negro, vacío y estéril

que la muerte lleva en su seno.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

nevandoenlaguinea@hotmail.com

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

 

 

 

 

 

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