28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

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28º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXXVIII   27-02-2.009

 

EDITORIAL XXVIII

 

CIFRAS Y LETRAS

¿CRISIS O TOMADURA DE PELO?

 

Circula un correo por Internet que habla muy explícitamente y sin ninguna demagogia sobre la crisis y creemos en “Nevando en la Guinea” que merecen unas líneas como éstas. El correo dice que un televidente llamó al noticiero de la CNN tras la noticia de que el gobierno estadounidense iba a inyectar (con el dinero del pueblo) la cuantiosa suma de 700.000 millones de dólares sin contar los 500.000 millones de dólares ya entregados a la banca con anterioridad. Y sin contar otros miles de millones de Euros que van a donar los gobiernos europeos. Y el televidente hizo un cálculo sencillo y real como la vida misma. El televidente calculó lo siguiente: si dividimos esos 700.000 millones de dólares por los 6.700 millones de habitantes que el mundo tiene, tocarían para cada uno de los seres de esta bola azul delirante e injusta que es el planeta TIERRA, la atractiva cifra de 104 millones de dólares por persona. Osease, que tocarían para cada uno 104 millones de dólares; que creo yo, que con esas cifras una persona viviría más bien que mal. Con ese dinero en el bolsillo de cada ser humano se acabaría la pobreza en el mundo. Pero eso no es todo. Para hacerlo más cercano: en España se sabe que el gobierno ha comprado la deuda a los bancos y les ha donado la cantidad de 30.000 millones de Euros hace muy poco tiempo, y todo para (dicen) para evitar el colapso financiero. Pues bien, esos 30.000 millones de Euros divididos por 46.063.511 habitantes que ocupan el territorio español (según los datos del censo municipal del 2.008) alumbran la friolera cantidad de 652,18 millones de Euros para cada contribuyente. Pero el cálculo va más allá, suponiendo que cada familia española e inmigrante tuviese 4 miembros corresponderían para cada familia la suma de 2.500,72 millones de Euros. Ahora yo les hago unas sencillas preguntas: ¿por qué aguantar más mentiras? ¿por qué aguantar tanta manipulación? ¿por qué aguantar no llegar a fin de mes por que las hipotecas siegan nuestros salarios? ¿por qué de tanta hambre en el mundo? ¿por qué no se reparte esa riqueza? ¿por qué unos tienen que vivir con opulencia y otros sin las mínimas necesidades? ¿por qué de tanta pantomima? ¡BASTA YA! ¡SEÑORES, NOS ESTÁN ENGAÑANDO!

 

 

 

POEMAS GRISES

 

Esos poemas rebosantes

de gris

son razón oportuna

para marcar una raya,

son ansiedad cercana

empañando cristales

por alientos desesperados,

son luz que se difumina

en las pupilas del alma,

son esas carencias sufridas

con un solitario color

de fría apariencia.

De un gris a gabardina

y a periódico de antes de ayer.

Como esas grises almas

ocultas tras la niebla,

también gris,

que desdibujan su filo

de luz y su silueta perdida.

Grises como ratas

que absorben el vacío

de los relojes y se van al mundo

buscando veneno que les dé

esa gris agonía lenta

del hombre y su sombra.

Esas horas grises de melancolía

y nostalgia preñada

de confusa etapa

de la naturaleza imposible.

Grises palomas de ciudades

miserables y lejanas,

de satisfacciones soñadas.

Miradas grises y contrincantes

del minuto espeso,

del momento marchito.

Hombres grises que en horarios

de oficina salen vomitando

sus adentros hacia

pasillos de monotonía de ceniza.

Obreros grises, taxistas grises,

Multitudes grises, mujeres grises,

e infinitos grises.

Todo es gris bajo el telón

de carroña y contaminada

discordia.

Hasta los muertos y las rosas

tienen un resumido gris

en la mirada y en el tallo

de espinas.

Por eso estos poemas grises

de lluvia que desafía

tienen una gris bofetada

de estatua y esfinge.

Tienen la gris carcajada

con sed de venganza

que reina triunfante sobre

las sepulturas de ángeles-niños

 que dieron su vida

por la utopía del viento.

Grises párpados abiertos

que desnudan su beso

y su apretón de manos

ante la vida traicionera

que muestra su pistola

apuntando las sienes inocentes

que susurran amor.

Palabras grises de licor

y mortaja,

poemas grises de caricia

apagada.

Grises de mundo

y grises del todo y el nada.

Gris desperezo

y gris libertad colgada

del techo.

Gris y más gris,

esa es la vida

de luz que todo cadáver

busca luchando.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

Desasosiego

 

 

         Salí de casa de Silvia y no pude menos que sentirme triste. Podría atribuirlo a la tarde que empezaba a declinar, lo que siempre me ponía melancólico, o a que ya había empezado a añorar a mi amiga, con quien mantenía una relación informal aunque intensa. Pero no sería exacto. Siento no ser nada poético, pero las cosas, a veces, no poseen tanta enjundia. Tras el regocijo de la tarde, breve sin duda, volvía a la realidad. Me apesadumbraba mi propia vida. O mejor dicho, mi falta de vida. Porque la que yo llevaba no me producía la más mínima satisfacción. Tenía veintitrés años y me daba la sensación de estar tirando la existencia por la ventana. Miraba a mi alrededor, a mis amigos, a mis conocidos, y todos parecían bregar por su porvenir mientras que yo me dejaba llevar sin tomar nunca una decisión. Y si alguna vez tomaba alguna, no la llevaba a la práctica, lo que viene a ser lo mismo.

         Esa tarde la sensación de vacío se hizo más intensa. Mientras caminaba, le empecé a dar vueltas a mi situación, a mi falta de ánimo, a mi desasosiego. Me daba cuenta de que mi existencia no tenía motivaciones ni sentido. Tal vez suene en exceso trascendente, pero era así. Fue tan fuerte la zozobra que hube de sentarme en un banco. Miré a mi alrededor, mis ojos se humedecieron. Estaba tirando mi vida, el tiempo se me escapaba entre los dedos. Resultaba imprescindible que cambiara, necesitaba valor para afrontar los cambios, asumirlos de una vez, llevarlos a la práctica. Pero intuía que iba a desfallecer de nuevo en el momento más importante.

         Se me hacía urgente, por ejemplo, hablar con mi padre, en ese mismo instante lo decidí de pronto, porque no podía ser que me organizara la vida como si fuera la suya y no la mía. Me armé de valor durante unos minutos, aunque no tenía certeza de que en el momento clave, cuando entrase en casa, se desinflara toda mi fuerza. Sabía además que se quejaría, era previsible que acudiera a su pesar, a su amargura, al tiempo vivido por él, tan nefasto, mírate en mí, me diría, un fracaso, no quiero que tú seas igual, afirmaría y sería para mí como una colleja. Me hundiría. Me haría sentir culpable. Sé lo que te conviene, repetiría, como tantas veces, antes de que pudiese sincerarme. Yo dejaría correr entonces mi intención de hablar con él, como si no cupiera posibilidad alguna de salir adelante. No tardaría en hundirme porque no era capaz de salir de esa realidad.

         Había pasado ya tantas veces.

         Pensé en Silvia. Tal vez ella tuviera razón al aceptar las cosas como venían. Falta de ambiciones, trabajaba en su biblioteca sin más preocupaciones que las más inmediatas. No le daba vueltas a nada y no parecía hundirse tampoco con una realidad que a mí ya me resultaba insoportable.

         Deseé también que alguien se sentara a mi lado y me formulara las claves para entender lo que me pasaba y apuntar el camino por el que debería avanzar. Pero la gente cruzaba ante mí sin incidir en mi vida. ¿Dónde estaban esos momentos simbólicos en los que, de pronto, todo se te aparece evidente? Quizá sólo fueran un recurso literario, en la realidad no había escapatoria posible.

         Me levanté y seguí mi camino. Se había hecho de noche. Refrescó. Vi un café y me entraron ganas de entrar y recogerme un rato más antes de volver a casa. Me ayudaría, me dije, a retomar algo del valor recién perdido.

 

Juan A. Herrero Díez

 

 

 

ESPERANZA CIEGA

 

A las madres y a sus hijos

nacidos con discapacidad intelectual.

 

Todas las madres

     que están en estado

de buena esperanza

caminan a ciegas

esos nueve meses,

todas anhelan un hijo sano.

El capricho del destino

rueda sus dados de azar en la espera,

mientras la naturaleza,

es libre voluntad su semilla.

Lotería del cromosoma,

rosa rojiza de la vida y la ciencia

entre espina doliente

y amor orgánico y pureza concebida

busca sendero de hormiga y presencia,

la misma pregunta de incógnita

y misterio tras la cáscara

es la prisa del sueño ligero

dejando siempre claro

que

nadie quiere sufrir

esa oscura crueldad del hombre

y ninguna madre

desea sufrir por un hijo

tras el momento de peligro que existe

en esta vida de locura temporal

y enfermedad fulminante.

Las madres sufren la llaga

entre el péndulo niquelado

y la azarosa célula

de pulpa y de escondrijo

que crece y se multiplica

hacia la vida misteriosa

que parte de la luz y el témpano efervescente.

El embarazo

viene como agua en silencio

y la madre

coge su gran manojo

de ilusiones blancas y fugaces

y se contempla viva

en la silueta redonda

de efluvio y origen.

Un hijo es siempre un hijo

pues lo ganas tú a él,

y si eres buena madre,

él a ti.

Por eso duele

cuando él sufre,

cuando pasa hambre o tiene frío,

cuando es derrotado,

cuando cae,

y la muerte es un espanto,

del cual, se le aparta de ella,

intentando disimular

el preocupado aliento

que te empuja a la sombra.

De esa muerte,

nadie nunca preparado,

brota el caliente suspiro

y se ruega a un Dios del desorden

la tediosa alegría

que todo el mundo merece.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

HASTA QUE TENGAMOS QUE DECIR ADIOS…

 

Dedicado a Hilda Acosta

 

Tengo que descifrar las cartas astrales o el significado de mis sueños; curiosamente nunca volví a tener pesadillas ni sueños húmedos; pero me encanta interpretar con más pasión a la vida y escuchar los gritos de los silencios de las pieles de mis amigas o las historias fantásticas que callaron por tanto tiempo sus vaginas. Los sentimientos y el sosiego son como la sístole y la diástole, en la danza amorosa de las ingles; ese amoroso y violento apareamiento de los cuerpos y de las sombras, ese espirar, inspirar, espirar, inspirar… que nos conducen de su mano a caminar sobre el mar y las nubes… Hay mundos fantásticos por descubrir en las situaciones más absurdas y extremas; no es bueno quedarnos quietos; solo la actividad nos permite vencer esa gelidez que nos consiente avanzar o realizar nuestros sueños… el reposo es sano, cuando la fatiga nos sofoca como si respiráramos fuego. La sabiduría nos ha robado esa humildad de reconocer nuestra insignificancia, frente a la majestuosidad de la naturaleza… tenemos la opción de amar y crecer, si aprendemos y aceptamos que somos efímeros… sensibles a los vientos del destino… que nuestro destino es pasar como el viento o las aves migratorias.

 

 Tenemos que aprender a buscar y a reencontrarnos con la belleza de la vida, de los paisajes, con la desnudez de nuestros cuerpos… desnudarnos completamente y desnudarnos para zambullirnos dentro de las aguas cristalinas del mar y el azul de las miradas del cielo. No nos lamentemos de lo que heredamos o de la realidad que vivimos; pensemos en lo que le podremos dar a heredar a nuestros hijos, un mundo mejor; quizás tengamos que pagar un alto precio por errores que nunca cometimos, pero no podemos desperdiciar ni un segundo, intentando recuperar el daño que le hemos hecho a la naturaleza como especie y la dignidad del hombre, ese apasionado animal que se ha dejado arrastrar por los instintos mas bajos y salvajes, hasta elegir el raptar como los murtes. La belleza debe ser natural, la mujer como hembra no necesita de perfumes, maquillajes, operaciones, tinturas, tatuajes, prendas para lucir más hermosas o exóticas; la belleza natural es hermosa como una aurora o un fastuoso crepúsculo de la vida… todas las estaciones de la vida son bellas, cuando aprendemos a descifrar sus versos; tenemos que dejar que el mar fluya como la vida, porque es el tiempo el que se encargará de alimentar su caudal…el destino se encomienda de aportarle afluentes…hasta que se convierte en un majestuoso sendero de vida…en un arteria indispensable o trascendental. Hay tanta belleza en el otoño, en esos contrastes amarillos, naranjas, rojos, verdes e incipientes grises y ocres… así muta la vida; igualmente todo se recicla, se vigoriza y se revitaliza como un amor fresco y con ilusiones, para plasmar en realidades en la intimidad.

 

No podemos seguir pensando en solo tomar frutos de la vida, sin sembrar semillas para cosechar con abundancia, nuevas esperanzas. Desde hoy, no debemos desvelarnos por el pasado ni por el futuro; debemos vivir con una apasionada sabiduría: el hoy y el ahora. Grandes lecciones recibimos de la naturaleza que no caza por cazar, ni asesina por asesinar, sino que toma exactamente lo que necesita; los animales generan sus viviendas sin destruir los paisajes, sin cementar los valles, contaminar los ríos, sin contaminar el aire o mutilar las montañas… solo viendo con ojos bondadosos y con amor a la naturaleza, descubrimos una belleza que crece y que amerita que nos extasiemos contemplándola. La naturaleza no necesita esforzarse para arrancarnos suspiros o expresiones de asombro; así deberíamos actuar mujeres y hombres, nunca alterar nuestra belleza natural ni avergonzarnos de nuestros cuerpos… integrarnos a los paisajes… compartir con generosidad todos los espacios de nuestros cuerpos, a las miradas que deseen observarnos sin malicia… tenemos que aprender a observarnos sin ruborizarnos… Nudelot no debe ser una utopía, ni un sueño de o para un exclusivo  grupo…tenemos que generar paraísos donde el hombre se pueda reencontrar con sus estados primarios y naturales… la desnudez es el traje que nos permite soñar despiertos… la belleza es un concepto que nos permite volver a fantasear e imaginar despiertos…  el amor y la amistad tienen que eslabonarse con la pasión de los colores, de los pétalos… así como una rosa roja inspira versos, amorosos pensamientos y es casi imposible que florezca en pútridos pantanos.

 

No podemos seguir sobreviviendo y vegetando como parásitos, viviendo por inercia sin sueños ni ilusiones; tenemos que aprender a volar como los pájaros, a nadar como los peces; no temerle a las tormentas ni a las olas en la alta mar… ni a los iceberg estigmatizados por el hundimiento del Titanic… simplemente alejémonos de las personas con espíritus opacos, tristes, solitarios… para que su mala energía no nos influya… la vida siempre será: más realista de lo que imaginamos y menos surrealista de lo que pensamos.

 

EL LOCO

2008-10-03

Por Héctor J. Cediel Guzmán

 

 

Cabeza de perro en el muro
Por Jorge Rodríguez Lagos
 
Venían a toda carrera con una vara en las manos,
el sudor era una pequeña tormenta en sus infantiles caritas.
 
– ¿de dónde vienen mis amores? / pregunté / tan agitadas.
– De por ahí, papi ; de por ahí / respondieron.
– de por ahí ¿dónde? / volví a preguntar /dejando a un lado la maquina
de escribir.
– de pelear con esta varita /respondieron-riéndose/ con la cabeza
de un perro.
– ¿con la cabeza de un perro …?
– si papi, un perro tenía la cabeza sobre el muro y gritaba :
¡ hermanos – hermanos! tengo hambre, mucha hambre
¡ hermanos !
– ¿y ustedes entienden el idioma de los perros? /pregunté/
– si papi, así decía.
Tengo hambre tráiganme a esas dos niñas para comérmelas.
Entonces tomamos esta varita para darle en el pico.
-Porque nos quería comer-

 

CARTAS DE AMOR DE UN ENFERMO DEMENCIALMENTE LOCO

 

Dedicado a ISABEL TORO “ISATOLUP”

 

1

 

Soy un animal enamorado por el vino de las estrellas; un demente enfermo de locura y amartelado al aroma de tu piel; me has acompañado como la lepra durante un rico manojo de años. Se que te han herido algunos versos, pero muchos te acompañarán durante  las sombras de las largas jornadas, así sólo haya sido un accidente en tu historia. Mi alma conoció contigo la claridad y la magia de la demencia carmín de los sueños, en una modesta y solitaria habitación, que ya llevo grabada para siempre en mi corazón; alquilada a extraños forasteros, a medrosos pasajeros que siempre ingresan sin más equipaje que los disfraces que llevan puestos… nómadas siempre sin un rumbo por destino… sólo deliran sus pasos errabundos… como el cansancio de las huellas que dejan estampadas el dolor y el desencanto los enfermos mentales, por los pasillos de los sanatorios… Revoloteamos como caballos de fuego y te amé de rodillas… y te amé así o asá en silencio y te adoré con palabras soeces. Me conmoviste con embarazos indescriptibles y culilleros; atemorizantes como todos los compromisos no deseados con el futuro; y sin embargo, te seguí jineteando como a una ardorosa sierva salvaje. Te resucité como a una sonata muerta; bramamos como animales retozando o como las ramas de los árboles otoñales o las alas de las mariposas cuando se abren al abandonar las crisálidas; como un glúteo furioso cuando ansía ser empalado y escarmentado por la saliva del fuego; o los labios vaginales al rendirse sin capitular al deseo. Tus sentimientos de mármol, pudren al verde de mis risas; me he impregnado con la alegría de los pájaros, con el musgo de las llamas virginales de las durmientes que en la oscuridad se ensalvajan. Me ha derruido el silencio del amor; florece la tristeza como el amarillo de una tarde de invierno, cuando el dolor no es más que una sonrisa loca, extasiada por las mentiras piadosas que intentan en vano mitigar el daño. El fin sólo nos muestra el rostro otoñal de la vida que se escapa como una rata murte acobardada por la vergüenza. Ya no eres la mujer bella y apacible que conocí; siento apagado el fulgor de tu pasión y sin sentido tus ligeros azores… esas necedades que devastan mi deseo por ti.

 

EL LOCO

 

Por Héctor J. Cediel Guzmán

 

 

 

 

BENDICIONES DE LA LLUVIA

 (poesía infantil)

UNA TARDE ALLÁ EN EL CIELO

LAS NUBES SE CANSARON DE SOSTENER

LAS GOTITAS DE AGUA QUE POR MUCHO TIEMPO

HABÍAN GUARDADO EN SUS ADENTROS.

 

Y LAS NUBES LLORARON Y  LLORARON

HASTA QUE LLEGÓ LA MAÑANA,

 LOS HILOS DE LLUVIA CRISTALINA

BAJABAN POR MI VENTANA.

 

HOY DESPERTÉ MUY TEMPRANO

Y DESDE MI CAMA,

ESCUCHÉ EL CANTO DEL ARROYO

QUE SE CONFUNDÍA CON EL DEL YIGÜIRRO

EN LA RAMA DE AQUEL HIGUERÓN.

 

MIRÉ EL AMBIENTE MUY DISTINTO,

EL AIRE MÁS FRESCO

Y LAS  FLORES, SONREÍAN PORQUE EL AGUA HABÍA

BAÑADO SUS COLORES DE ROJO AMAPOLA.

 

MANANTIALES QUE NACEN EN EL ESPESO BOSQUE

CONSERVEN SU PUREZA,

PORQUE EN SUS AGUAS TRANQUILAS Y FRESCAS

ESTÁ LA ESPERANZA DE CONTINUAR LA VIDA

EN ESTE PLANETA.

 

-Luis Alberto Chinchilla Elizondo-

Grecia, Alajuela, Costa Rica

Correo electrónico: luischin_63@hotmail.com

1er ganador del 1er concurso

de poesía ofrecido por la revista cultural

“Espíritu Literario”.

 

“A LAS DOCE”

 

            – ¿Qué te pasa Matías que estás tan triste? – Nada mama – A mi no me vas a engañar. A vos te pasa algo. ¿Estás cansado? Si ya no vas a la escuela. Hasta tu burrito está descansando.

            Ahora que estamos solos, contame que te pasa. ¿Tienes fiebre? – No mama, sólo tengo una cosita aquí (se señala el pecho). – Así ¿y qué es eso? – No sé, pero cuando hemos ido a la ciudad con la Srta. Chichí, en la televisión decían a cada rato que iba a llegar Papá Noel, con muchos regalos y nosotros no lo hemos visto, por aquí nunca ha venido. – ¿Y eso te pone triste? – Si, porque quisiera que mis hermanitos y yo también tengamos regalos coloridos y que todo esté pintado de colorado, verde y dorado. Y un árbol grande lleno de regalos, tarjetas y cartas, como el de la ciudad.

            ¡Ay! Matías, es la primera vez que me hablas de esas cosas, yo no sabía que existía ese Papá Noel. Debe ser alguien de otro lado, algún extranjero, porque yo no nunca lo he escuchao nombrar. Y los colores hijo aquí también podemos adornar con talas, tuscas, paraísos, mistoles…

            Al oro lo vamos a poner con los ramilletes de las tipas, las quellosisas y las florcitas de las tuscas, y al colorado con todas las flores del geranio que tu papá ha traído de Tucumán. Si, nosotros también tenemos esos colores, Matías. Nada más, que capaz que no los sabemos acomodar bien. Te prometo que yo te lo voy a preparar un árbol grande y hasta le vamos a poner papel celofán, que nos ha mandado tu tía Elena, en la última encomienda de Buenos Aires.

            Y si te parece poco, hasta te lo puedo poner pedacitos de lana de colores de la última manta que estoy tejiendo para venderla.

            – Está bien mama, no se preocupe tanto. Yo de flojo nomás mi puesto triste, por esas cosas que ni conocemos nosotros. ¡Pero es que me han gustado tanto los colores y  los brillos…!

            – Hijo, usted tiene que estudiar mucho. Me ha dicho la Srta. Chichí que es muy capaz, así que después va a ir a la ciudad para estudiar. Se va a recibir para poder comprar y adornar todos los árboles que quiera, mi muchachito. Y ahí también sabrá bien quien es ese Papá Noel.

            Nosotros también vamos a celebrar el nacimiento del Niñito como todos los años. La bendición hijo, y vaya nomás a dormir, ahora es tiempo de descanso.

            Al día siguiente. Matías estaba pensativo y su mamá volvió a arremeter con las preguntas – ¿Y ahora qué pasa hijo? ¿Siempre preocupado? – bah mama, ni yo mismo sé que me pasa. Hoy me he puesto a pensar que como somos pobres y no hay trabajo mi papá nunca está en la casa. Si no va pa’ la cosecha de la papa, va para el maíz, el algodón o la caña de azúcar. Yo hago cosas de hombre, porque casi no hay hombre en la casa.

            – Matías vos sos un niño y debes vivir así como un niño. No quiero que hagas tareas de grande, porque vos no sos un hombre. Te faltan años, mi muchachito. A mi me gusta mucho cuando juegas con tus hermanos al “oíto chipaco”, a las bolitas y a las escondidas. Hasta cuando la Carmen se anima a contar saltiando y yo me río de lejos.

            – Tu papá tiene que irse porque si él no trabaja ¿de qué vamos a vivir? Vos tienes razón, pero yo demoro para terminar un frazadón. Y eso no alcanza hijo, cada vez es más difícil todo. Con la gracia de Dios, ustedes son sanitos, fuertes, mis buenos compañeritos.

            Matías la besa con inmenso amor a su mamá y queda un rato abrazándola.

            – Mama hoy mi estao acordando todo el día del abuelo Zacarías y me he ido a rezarle en la cruz, donde ha caído muerto, de tanto y tanto hachar quebrachos y nadie nos ha pagao por su vida. Nadie, mama. Y tan bueno que era. Nunca me voy a olvidar de sus hermosos cuentos de animales; ¡Y cómo los contaba! Sobre todo el del zorro, que les ganaba siempre con sus picardías y sus andadas.

            Cada vez que me acuerdo de mi abuelito, le doy gracias a mi Diosito de que mi papá no sea hachero. Me duele el alma cuando oigo el ruido del hacha en el potrero de Don Elpidio. ¡Este hombre si que se está acabando la vida! Siempre lo estoy espiando, porque tengo miedo que le pase lo del abuelo y no tenga quien lo ayude. Está tan solo. No tiene ni siquiera un nietito a quien acariciar, pobrecito.

            Su madre se acerca, le acaricia el pelo, le besa las manitas pequeñas y callosas y lo acuna en su regazo. – Ya va a llegar el día en que tu papá podrá encontrar un trabajo aquí cerca de nuestra casa, para que no tenga que irse nunca más. Si para nosotros m’hijito, también tiene que llegar la oportunidad de vivir mejor. Lo más importante, Matías, es que nos queremos mucho y que somos muy unidos.

            – Mamita, yo no estoy desconforme con nada, les agradezco a mi papá y a usted por todo lo que hacen. Yo sólo quiero que estemos siempre juntos. Como ahora que ha llegado diciembre y todo parece más lindo, la casa, las plantas, las flores y esas ganas de mi papá de hacer todo y de que estemos alegres y contentos.

            El niño amaneció alegre y salió corriendo a buscar las mishquilas (chilalo) que había visto el día anterior, cuando había ido a buscar las cabras con Tomás y la Carmen. ¿Pero por qué se apuraba tanto? Es que quería llevar las vasijitas para ponerlas en la mesa del pesebre que había preparado su madre.

            Tenía miedo de que alguien encontrara su tesoro. Había visto a otros niños que andaban jugando por ahí.

            Nunca había sido mezquino, pero ese día quería comer toda la miel. ¿Será que esto es pecado? Mi mama dice que se debe compartir todo con los hermanos para que Diosito no se enoje. Es la primera vez que tengo ganas de comer todo solito. ¡Hoy no le voy a hacer caso a mi mama!

            Unos pájaros pasaron raudamente por su lado y se posaron en un frondoso algarrobo. Estiró la gomera y al mismo tiempo cayó herido un quetubí. Un escalofrío se apoderó del cuerpito de Matías. Levantó a la avecita casi moribunda la sopló, acunó y la puso debajo de su camisa. Todo fue inútil. El animalito murió pese al calor del pecho del niño.

            Un ruido en medio de la gramilla lo hizo volver la cabeza estrepitosamente – ¿Quién está ahí? ¿Sos vos Tomás, que me quieres hacer asustar? – Una voz firme y con dulzura le respondió – No soy Tomás. Soy alguien al que no vas a ver, pero quiero que me escuches bien lo que digo. No debes matar a los pajaritos. Ni ser mezquino. ¿Por qué quieres dejar a tus hermanitos sin miel, si a ellos también les gusta?

            – Yo siempre les llevo para ellos, pero hoy, no se porque he querido que sea todo para mí. No lo voy a hacer nunca más.

            – Si dices que no lo harás, yo te creo porque sé que eres un niño bueno y de nobles sentimientos. Se te nota en tu carita dulce.

            Ahora corré hasta donde está la miel y encontrarás muchísimas tinajitas. Tené cuidado para no romperlas y llevale a toda tu familia.

            – Dígame primero, ¿Quién es usted y por qué no puedo verlo?

            – Esta noche cuando sean las doce y se escuchen las campanas de la capillita ahí estaré yo. Apareceré ante vos y sabrás quien soy.

            – ¡Ah! entonces es Jesucito, porque Él va a nacer esta noche.

            Mi mama ha hecho un pesebre con maderitas, ramitas, chalas y palitos y una hermosa cunita con espinas de vinal y pastito seco. Todo está lindito y vamos a estar muy alegres, porque va a nacer el Niñito. Nosotros le vamos a cantar y bailar y mi papá va a tocar la guitarra.

            ¿Seguro que va a estar conmigo? No se olvide que yo lo voy a estar esperando. ¡Ah! le voy a regalar la única pelota que tengo. Me la ha dao la Srta. Chichí en la escuela, cuando el último día de clases he leído bien la lectura de la Navidad.

 

Por Lucila Soria

Santiago del Estero-Argentina

Poesías extraídas del poemario titulado “EL SOL DEL CORAZÓN”  de Juan Fran Núñez Parreño.

 


Beber y vivir de ti


Y con mis ojos
te admiraré
y admiraré
tus ojos
hasta que me inunde
de tu brillo
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu luz.

Y con mis manos
te sentiré
y sentiré
tus manos
hasta que me inunde
de tu calor
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu abrigo.

Y con mi lengua
te recorreré
y recorreré
tu lengua
hasta que me inunde
de tu saliva
y ya sólo beba
y ya sólo viva
de tu agua.

 

 

Si te vas…


Cuando aún no había Sol
tú ya eras luz,
cuando todo era silencio
tú ya eras risa,
no había tierra
ni agua
y ya eras oro
y vino.

Llegaron los labios
y la mirada
y tú ya eras beso
y cuerpo.

Apareciste tú
y nació el amor.

Si te vas
se irán las estrellas
y el Sol
y ya no habrá
noches ni amaneceres
para el amor.

Si te vas
se irá el mar
y el viento
y ya no habrá
playas ni otoños
para el amor.

Si te vas
se irán las flores
y los corazones
y ya no habrá
perfumes ni latidos
para el amor.

Si te vas
se irá la música
y la miel
y ya no habrá
canciones ni dulces
para el amor.

Si te vas
ya nunca habrá amor.

 

 

Pase lo que pase


Pase lo que pase
siempre te amaré,
aunque se apague el Sol
y venga la oscuridad infinita,
aunque
la Tierra sea un desierto de hielo
o un mar de arena,
aunque no quede pan ni agua
ni casas para vivir,
pase lo que pase
siempre te amaré,
aunque estemos lejos
en los polos opuestos del Universo,
aunque mis sentidos queden ciegos
y ya no te pueda sentir,
aunque no me quieras
y me odies y me mates,
aunque me muera
y deje de ser,
pase lo que pase
siempre te amaré,
aunque nunca hubieses existido
y nunca te hubiese conocido
te habría amado siempre
y siempre te amaré
pase lo que pase
por que mi amor por ti
es eterno.

 

Sal del Sol


Sal del Sol,
la sal salió,
llevabas la llave de la lluvia
y llovió,
palpa la pulpa del papel,
clávame el clavel,
baja ya abajo,
yo bajé tan bajo…
bajo el debajo,
calma mi culpa,
calma mi alma,
palpa mi alma,
yo ahora lloro.
Te amo mi ama,
ámame a mí ya mismo,
ámame aquí,
ámame más,
mímame más,
mírame más,
te amo mi llama,
llámame más,
lléname más,
lámeme sin lema,
rémame sin remos,
te amo alma mía.

 

Por Juan Fran Núñez Parreño

 

 

 

UN BOLSILLO EN CRISIS

ES UNA BREVE CRISIS DEL CORAZÓN

 

Te llaman porvenir

porque no vienes nunca…

 

Ángel González

 

Y te llaman crisis porque eres una puta

sin rostro,

un personaje de lupanar clandestino,

un montón de mierda

que quiere ser Dios.

Un bolsillo en crisis

es una breve crisis del corazón,

porque las putas van al mercado,

porque el mercado

es un bullicio de total prostitución,

donde se vende y se compra

la vida,

se sustituye oropel por gramos de ceguera,

porque la mezquindad es un kilo

de noses rotundos,

porque se disfrazan las voluntades blancas,

porque los voceros gritan

como perros de rabia,

porque los ceros son noventa y nueves

hipócritas,

porque el redondeo es la boca del lobo,

porque la trampa está oculta

en el aire que se respira,

porque la codicia se sobreentiende,

porque sin bolsillo pleno

no hay corazón que te responda,

porque los mercados son murallas

para algunos,

porque se tira lo que no se quiere

y se desprecia al que pide fiado,

porque los minutos son Euros

que respiran ante el tedio del mundo,

porque las sogas y el patíbulo

son una vereda abierta para el pobre

que de forma gratuita su opinión le niegan.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

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