36º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

E-MAIL: nevandoenlaguinea@hotmail.com

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36º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

 

NºXXXVI      30-09-2.009

 

EDITORIAL XXXVI

La sociedad del espectáculo

 

Se dirime estos días la cuestión de la sede de los Juegos Olímpicos del 2016, que en España ha despertado un interés inmenso por ser Madrid candidata a albergar los mismos. Los Juegos Olímpicos son la expresión más clara y evidente de un modo de entender en general la actividad social más lúdica, el ocio, la cultura en su expresión más amplia. El deporte ha dejado de ser una actividad personal o social de práctica y goce para devenir un espectáculo y, en definitiva, un negocio en el que participan los grandes grupos especulativos a través de una promoción que va más allá de lo meramente publicitario para convertirse en una pura y dura inversión. Se trata de la sociedad del espectáculo.

 

Pero no es sólo el deporte el único ámbito en el que se da dicho fenómeno, se extrapola a toda la actividad social, se inmiscuye en el ocio que se ha convertido en las sociedades de capitalismo globalizado en un negocio más. El turismo de masas es otro ejemplo de ello, tal como lo expusimos en el editorial de hace dos meses. También afecta a ámbitos culturales como la literatura. El Hay Festival, que tiene como una de sus sedes la ciudad castellana de Segovia, posee no pocas de las característica que criticamos, la de ser un espectáculo más, aun cuando pueda haber el interés de escuchar a escritores celebrados.

 

Guy Debord comenzaba su ensayo «La Sociedad del Espectáculo» con la siguiente afirmación: «Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación». De este modo, lo que se convierte en espectáculo, sea el deporte, sea la literatura, sea cualquier otra actividad, deja de ser algo propio para convertirse en algo ajeno, deja de vivirse para contemplarse, dejamos de ser agentes activos de la vida para ser meros espectadores pasivos. Millones de personas en el mundo contemplan y admiran a deportistas sin que ni siquiera se planteen aquellos practicar el deporte por el se les conoce y admira. Los periódicos acogen las declaraciones de los escritores que participan en los grandes festivales literarios, convirtiéndoles a ellos, no a sus obras, en el eje principal de la literatura.

 

Nos preguntamos si este modelo es inevitable o si existe otras posibilidades de vivir sin ser espectadores pasivos, si realmente no cabe alternativa a esta sociedad del espectáculo y sólo existe un único modelo posible, tal como ocurre con el sistema ferroviario, donde se da prioridad de un modo, nos dicen, inevitable mediante una falaz idealización del progreso a los espectaculares trenes de alta velocidad y se cierran líneas de cercanías. Quizá la crisis generalizada que padecemos sea un buen momento para cuestionar un sinfín de pretendidas evidencias que nos parecen verdades absolutas y que no lo son tanto.

 

Rafael Cansinos Assens en «La Novela de un Literato» o Antonio Díaz-Cañabete en «Historia de una Tertulia» nos muestran que hay otro modo de vivir la literatura, el arte, lo lúdico, la vida en definitiva, que no es la mera participación como espectadores, sino como protagonistas. Cuando leemos un libro, vemos una película, contemplamos un cuadro, asistimos a un juego, escuchamos música no somos sólo agentes pasivos que recibimos un contenido, formamos parte de una red y participamos en una relación que ha de satisfacernos a todas las partes. 

 

Nos declaramos abiertamente en contra de una sociedad que nos quiere sujetos pasivos. Defendemos en todos los ámbitos de la vida, el político, el lúdico, el cultural, una participación activa del individuo para mayor satisfacción de su existencia individual y social. No nos importa tanto la velocidad del tren, es más, si su alta velocidad nos impide ver el paisaje, preferimos que vaya más lento y que nos permita además bajarnos en estaciones más humildes pero sin duda más interesantes.

 

 

CONSEJO PRÁCTICO

 

¿Qué tal? ¿y sí te olvidas de todo

y floreces de entre las magnolias?

Que los gladiolos se están durmiendo

perdidos entre salitre y el papel empapado.

Y si no te espantas ni te sorprendes

estarás huyendo cautiva de mi asesinato.

Vuela tal abeja… renace pulpa del vino.

No dividas lo uno solo, cuerno de caracol,

no asustes ni al abejorro ni al ruiseñor.

Regresa a tu gozosa y fría pared.

Encuentra aquello que es tuyo.

Desmadeja tu oportunidad.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

Nadie me espera los domingos

 

 

         Tengo que tomar una decisión, lo sé, una decisión firme. No puedo seguir así. Pero se me hace cuesta arriba en esta situación decidir nada. No me refiero sólo a las condiciones materiales, a mi salario que apenas me da para mucho, a la pobreza en la que vivo, sino a todo en general, a la vida, a mi cotidianidad, a lo que hago y no hago a lo largo del día, a la falta de expectativas. Siento sobre todo que no puedo contar con muchas posibilidades. Estoy fichado, en la lista negra, deportado a una ciudad hostil, sin recursos, no conozco a nadie y en nadie puedo tampoco confiar. La guerra ha terminado, al menos la guerra manifiesta, pero sigue un enfrentamiento impalpable pero real, una subordinación íntima y violenta que se te mete dentro de ti por todos los poros, hasta en el alma, y que duele como un mazazo. Formo parte de los vencidos, de los vencidos que se han quedado en un territorio adverso en el que el miedo se ha impuesto y se ha generalizado. Sé que podría estar peor, encarcelado, por ejemplo, o en un campo de prisioneros, como muchos de mis antiguos compañeros, pero no tienen nada contra mí, apenas fui un militante de segunda fila, y se han limitado a permitir que me quedara en una ciudad mediana y que trabajara en una fábrica, vigilado y con un sueldo que apenas me da para sobrevivir. Llevo aquí casi un año. No imaginé al principio que pudiera aguantar tanto. He aguantado. Sin duda aguantaré más tiempo. Aunque no estoy seguro de esto. A veces me acuesto desesperado, sólo el cansancio me permite caer profundamente dormido, a la mañana siguiente albergo al despertar algo de esperanza, como si el sueño me reparara mi interior y sacara toda la angustia de unas horas antes, pero cuando anochece vuelvo a desfallecer. Quisiera mantener la cordura, la esperanza. Pero no puedo. Físicamente no puedo. He asumido que soy un derrotado y lo he trasladado a todas las esferas de mi vida, a las más íntimas, a cada ámbito de mi propia realidad. El resultado es que se me cae el mundo encima. He aguantado un año así, día tras día, pero no estoy seguro de que pueda soportar así muchos más días. Contemplo el calendario colgado en la cocina de mi casa. Hoy es domingo. Febrero. Año mil novecientos cuarenta y uno. En Mayo hará un año que estoy en esta ciudad. Recuerdo que hablé con el funcionario de turno. Me miró un instante, hojeó el informe sobre mí. Que sepa, me dijo, que no le consideramos un enemigo, veo que no se le acusa de nada grave, sentí alivio, temía las torturas, el dolor de los golpes, la oscuridad de una mazmorra, la incertidumbre de si viviría o me matarían. El funcionario continuó hablándome, se dirigía a mí de un modo mecánico, frío. Me dejó ir. Una vez al mes he de presentarme en la comisaría. De tanto en tanto dos policías se me presentan en casa, siempre los mismos. No son desagradables, aunque tampoco amables. Hacen su trabajo. Miran lo que hay en casa. Al principio, el primer y el segundo mes, formularon preguntas, registraron los armarios, mis papeles, los libros. Al tercer mes relajaron su control. El cuarto mes no se presentaron. Volvieron el quinto y tardaron en regresar. Realmente no me consideran un peligro ni anidan, creo, un evidente deseo de venganza contra mí. Es un mero trámite su visita, aunque no quieren tampoco dejar cabos sueltos, han de hacernos saber que la victoria es suya y que nosotros, todos, somos los derrotados. Me preguntan si alguien me visita, alguien de fuera, entiendo. Les respondo que no. Tampoco me visita nadie de la ciudad. Apenas mantengo mucho contacto con la gente. Hablo con algunos compañeros de trabajo siempre en la fábrica, alguna conversación banal durante la media hora de descanso, por lo demás no quiero contarles muchas cosas de mi vida, sobre todo del pasado. Nunca los veo fuera del centro industrial. Desde hace cuatro meses frecuento la biblioteca. Saco libros a menudo, siempre me gustó leer, literatura, poesía, la ficción me ayuda además a huir de lo real, a refugiarme, y de tanto en tanto, cuando consigo ahorrar algo de dinero, no muchas veces, los compro en una librería cercana a mi casa. Hablo con la bibliotecaria y con el librero, siempre de libros. No se suele hablar mucho de literatura en estos tiempos, me dice el librero agradecido de mis escasas pero intensas visitas. Noto que se siente a gusto. Igual que la bibliotecaria. Me recibe siempre con una amplia sonrisa y se muestra atenta, resuelta a conversar. Es agradable. Me gusta. En otras circunstancias me hubiera atrevido a ir más allá, a flirtear, a lograr una cita fuera de la gélida biblioteca, pero dadas mis circunstancias prefiero que mis visitas se limiten a mi necesidad de proveerme de libros y a mantener una conversación que me ayude a sobreponer mi soledad. Claro que en ocasiones fantaseo, me imagino viviendo de un modo diferente. Me veo de otro modo, con una mujer, relacionado sin miedo con otras personas. Quizá algún día, no lo sé. De momento sólo pienso en marchar, huir de la ciudad y del país. No estoy tan lejos de la frontera. Si marchara un domingo, no levantaría sospechas. Nadie me espera los domingos, nadie me echaría en falta, dispondría de tiempo para escapar. Es cuestión de tomar la decisión. De tener valor para ello. Sé que no puedo seguir así. Sé que debo decidirme.

 

 

Juan A. Herrero Díez

 

EL ALMA DE TODOS LOS ALELUYAS

 

Porque debes desconfiar del optimista

hallarás la virtud del que no ve,

los burdeles están repletos de piedad

y en la alegría se esconde tu verdad más negra.

A veces te quieres comer el mundo

y no puedes ni con el primer bocado,

otras quieres conquistarlo

pero, ¿quién conquista a quién?

A veces te levantas sin ánimo

y al caminar resplandece una mañana,

 los colores son siete caminos,

la felicidad desemboca en ti.

A veces tú eres sonrisa, orgasmo de oruga,

plateado diente del misterio,

frecuencia de alfileres te invaden

con luz de carne y curiosa intriga.

Otras veces eres barranco ennegrecido,

tristeza y paludismo,

desacato medio ciego,

una rosa obscena, beso gris del desprecio,

recreo lluvioso, tarde redonda,

a veces lo entregas entre lo increíble,

y otras lo hieres entre la esperanza.

Otras lo recibes por sorpresa, sin anunciarlo

y otras lo despides antes de que diga Adiós.

Unas veces quisieras ser agua de pozo

y otras te cincelarías en los ojos

una verdad que levante el viento.

Mientras la playa solitaria

te recuerda toda su razón de piedra

 a ese amor de profecía sorda y ceguera finita;

mientras que el desmayo de una aurora

surge de entre los adoquines de esponja;

 como cuando la vida con sus torpes alarmas

 de fuego y de sangre 

finge descarada un siempre-nunca destilado saber

 entre aquellos nerviosos suspiros de barro

 sin un mañana pero con un rojizo ayer.

Lo que se ignora es un jamás-casi nada

 con un siempre-nunca con ojos de niño

y ser dos es el antídoto más asombroso

para tanto veneno tan sutilmente compartido.

 

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

 

 

ORIGINAL ESPEJO DE MIXTURA

 

Intrínsecos reflejos forjadores de la esencia

de la cubanía, de su ambarino perfume,

primigenios trazos de caudalosas vertientes

que han ido colmando de bellas metáforas

magníficos espejos de paciencia y grandeza,

desde aquel original e histórico entonces

hermoso natalicio de las letras por Silvestre

se inició la indeleble fascinación mágica

que ha ido enriqueciendo de fructíferas raíces

la tierra más fermosa de sabrosa mixtura

esencial germen de la nobleza de Cuba,

de cuatrocientos años de memorables voces.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

AMADO STORNI (Jaime Fernández)

 

 

AUN ESPERO TU LLAMADA

 

 

QUISE enviarte un mensaje de Amor

 

para ver si de Amor te conquistaba,

 

y mientras pensaba en ti te dejaba

 

mi voz grabada en el contestador.

 

 

“Deje, después de oir la melodía,

 

su nombre y el porqué de su llamada.

 

Si me interesa y estoy desocupada

 

le llamaré. Que usted pase un buen día”.

 

 

Y escuchando tu voz yo me creí

 

que el Amor no es un sueño inalcanzable,

 

que eres el don que mi Vida reclama.

 

 

Aún sigo esperando que en el cable

 

viaje tu voz y llegue hasta mí

 

aunque creas que es a otro a quién le llamas.

 

 

 

 

GRANADA

 

 

ESPERABA en el andén

 

a que el tren que se llevaba

 

nuestros sueños a Madrid

 

se pusiera al fin en marcha.

 

¡Que triste queda Granada!.

 

 

 

Puntual como la muerte,

 

madrugador como el alba,

 

a las mismas doce el tren

 

se despide de Granada.

 

¡Que sola queda Granada!.

 

 

 

Ecos de voces infectas

 

de nostálgica nostalgia

 

tantas bocas despidiéndose

 

a través de las ventanas.

 

¡Que muda queda Granada!.

 

 

 

Atrás quedaron senderos,

 

el rocío entre las ramas,

 

el almendro siempre en flor

 

y la luna sobre el agua.

 

¡Que lejos queda Granada!.

 
 
 
 
 
 
 
 

SE ME NUBLAN

 

 

¿QUIÉN me roba la ilusión?

 

La Pasión.

 

 

¿Quién me deja malherido?

 

El Olvido.

 

 

¿Quién me empuja a la locura?

 

La Hermosura.

 

 

Y es el Amor quien procura

 

enseñarme lo prohibido

 

y me nublan los sentidos

 

Pasión, Olvido, Hermosura.

 

Por AMADO STORNI (Jaime Fernández)

 

LIBERTAD PARA LA ESTRELLA DE CUBA

 

“Que si un pueblo su dura cadena

No se atreve a romper con sus manos,

Bien le es fácil mudar de tiranos,

Pero nunca ser libre podrá”

.

JOSÉ MARÍA HEREDIA

 

Libertad para la estrella de Cuba

manantial de fulgores del trópico

opacados por iberos y tiranos,

en azules de ceibas y palmas

surcos de insumisas ánimas

y errantes próceres desterrados

perversión de ilustrados hacendados,

edén de oprimida hermosura

donde florece infausta semilla

entre fragancias de cañas y cedros

hado de terrible desespero

del fulgente resplandor que ilumina

coronadas ondas que se esparcidas

mecen las arterias de la simiente

que romperá las cadenas silentes

y liberará la estrella de Cuba.

 

Por Francisco Jesús Muñoz Soler

 

 

Cecilio Olivero Muñoz

“Seis poemas nobles”

 

QUIERO

 

Quiero el primer rayo de luz

para la pena más negra y ahogada,

para estar bien cuando la alegría es ligera

como el pétalo redondo de una flor,

como cuando mis paquetes de tabaco

tienen una dulce barriga en opulencia,

como cuando los adverbios y los adjetivos

son como la arcilla y se unen al verbo.

 

 

EN LOS RECITALES

 

Huyo de la solemnidad cursi

de un recital entre la burguesía tonta,

que sueñan los provincianos de casa triste

buscando hembra de tenedor de plata.

Me mezclo entre la escoria y la sombra

de los cuerpos que huelen a sudor literario

y ellos se mezclan con la canción eterna

de los seres que persiguen la aventura.

La poesía es horrenda entre los ricos,

porque la poesía se masca

con los dientes podridos

y se reparten su pan divino los dueños

del sueño imposible.

 

 

SOBRE LA POESÍA

ENTRE LA PLEBE

 

¿Ves como se ríen

de la poesía más noble?

La toman muy poco en serio,

la deforman, la escupen,

la marginan, la hacen replicarles.

Debo ser guardián del mito.

¿Por qué la plebe respeta tanto

al necio, al zafio, al grosero?

Será que teme al golpe

más que al aliento que la sostiene.

Se ríen de la poesía

y yo de ellos lastima siento.

 

 

LA SOLEDAD DE CERCA

 

Ahora que todos ya se fueron,

ahora que no hay fantasmas

que me cuenten la única verdad.

Vivo tan solo como Juan Preciado

buscando un no sé qué

en la abandonada ciudad de Comala.

No hay nadie más solo que yo,

porque esa es la verdad auténtica

que andaba yo buscando. 

 

 

 

POR APARTARSE

QUE NO QUEDE

 

Me aparto del satén de las banderas,

de la pólvora negra del escándalo,

de la patraña necia de los cantineros

que merodean el nivel de los vasos,

de aquellos que hacen mucho ruido

dando portazos y golpeando mesas.

 

 

 

EL SUSPIRO

 

Dios otorgó al hombre

el remedio natural del suspiro

para ayudarlo a ser fuerte

y para evadirlo del plomizo

tedio.

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

“Seis poemas nobles”

 

 

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