40º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

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40º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXL    27-01-2.010

 

EDITORIAL XL

El Siglo de las Luces

 

Fue Alejo Carpentier quien nos trasladó en su novela «El Siglo de las Luces» a la época de la Revolución Francesa y a sus efectos en una de las colonias de Francia, Haití. Segundo país en independizarse, después de los Estados Unidos, en América fue también el primer país de población negra que accedió al estatus de Estado soberano. No era sin embargo el único: Etiopía, en África, nunca perdió su independencia, salvo en los siniestros años de ocupación fascista italiana. Pero el que fuera la primera población negra en América en asumir su destino convierte a este trozo de la antigua isla de La Española, así bautizada por Colón, en un caso único. Antes había habido la experiencia de los cimarrones, el propio Alejo Carpentier escribió un relato sobre uno, que en los rincones recónditos del continente, sobre todo en Brasil, Colombia y Venezuela, organizaban sus propias comunidades, los conocidos como palenques en la América de habla española o quilombos en Brasil. 

Hoy vuelve a estar Haití en el primer plano de la información. El terrible terremoto sufrido en aquella tierra ha afectado a una población empobrecida, martirizada por tiranos como la compuesta por la saga de los Duvalier, expoliada por intereses económicos, expulsada a la periferia de un mundo que algunos nos lo han dividido en primero, segundo, tercer o cuarto, como si el mundo fueran cuatro y no uno solo. Ya se ha repetido en más de una ocasión hasta convertirse en un tópico: Haití está hoy en boca de todos, pero pronto volverá al lugar en donde estuvo, el olvido, y esos niños rescatados estos días de las ruinas de los edificios regresarán a la miseria y dejarán de ser el centro de los focos. Como siempre ha sido, por otro lado.

Que la experiencia haitiana, producto de aquel maravilloso y esperanzador siglo de las luces, haya acabado convertido en uno de los países más pobres del mundo dice muy poco de la capacidad del ser humano en mejorar su mundo. La humanidad, es la lección que parece deducirse de todo esto, es incapaz de organizarse para que los individuos puedan mejorar su vida como personas y como sociedad. La razón engendra monstruos, decía Goya, y la utopía ha levantado edificios angustiosos, represivos, criminales. A veces no es imposible sucumbir al desánimo.

No obstante, nos llama la atención un dato que se conoce poco y que suele silenciarse en los medios de comunicación. Ante nuestros ojos se nos pasan imágenes de una población que se agita entre la sumisión tópica de una población que espera la ayuda externa como única salvación y unas revueltas fruto de la desesperación y de la marginalidad. Pero existe otra realidad que mantiene la esperanza de aquella independencia ahora lejana, la de ese millón largo de emigrantes haitianos que viven en los Estados Unidos y que se han autoorganizado para garantizar la ayuda a las comunidades y canalizar la crítica al (des)orden del mundo. En Estados Unidos existen grupos haitianos críticos con el sistema y que luchan por un país distinto al que tienen, que critican en el corazón del imperio las políticas hacia el Patio trasero y que no se dejan engatusar porque la piel del ocupante de la Casa Blanca se parezca algo a la suya, porque al fin y al cabo tampoco es esta la cuestión importante, porque a la gente, al fin y al cabo, se le debe juzgar por sus acciones y no por el color de su piel.

La cuestión es cómo organizamos los países, como montamos sociedades libres para seres humanos libres, como establecemos nuevos valores para mejorar las relaciones entre las personas. Tiene mucho que ver con lo más directo a nuestras vidas, a nuestras individualidades, pero en esa dimensión que vincula lo personal y lo colectivo. Creemos que la cultura tiene mucho que decir sobre esto.

No tenemos, como en tantas cosas, la fórmula secreta para cambiar el mundo, pero creemos que el camino correcto no es el oficial, sino el subterráneo, ese magma de solidaridad y de ayuda mutua que brota por debajo del ruido convencional. El terremoto de Haití nos muestra una realidad ingrata, aterradora. Oficialmente, se han repetido las mismas palabras de siempre, los discursos habituales, los que buscan complacer las conciencias, eso sólo nos añade mayor insatisfacción. Seguir cuestionando el mundo y sus representaciones se convierte en algo imprescindible y urgente.

PUENTE AÉREO: BARCELONA-MADRID

 

Un viaje en avión resulta para mí

un miedo, (un pánico), que me acompaña en todo el trayecto.

Pero esta vez no fue así, esta vez,

en mi vuelo Barcelona-Madrid me acompañaban

unas cuantas personas famosas, unas personas pensé,

que si yo iba a morir en un accidente aéreo

ellas también morirían. Uno de los famosos era Garbajosa,

y todo el equipo de básquet del Real Madrid.

Ya imaginaba el gran sepelio o funeral de estado

por la muerte de doscientos pasajeros,

y entre ellos, los jugadores del Real Madrid.

Me imaginaba a Florentino poniendo una corona,

me imaginaba también a Di Estefano con su bastón,

a Fernando Romay (con su enorme presencia)

asistiendo a la capilla ardiente con los 200 ataúdes,

(unos más grandes que otros),

me imaginaba las declaraciones de gente del deporte,

me imaginaba todo ese valle de lágrimas

representado por toda una nación en sus tres días de luto oficial,

 todos los jugadores de la ACB,

entre ellos los hermanos Gasol, ya que,

el que se estrellaran los jugadores del Madrid

era algo inusitado, era una mala suerte tan jodidamente

peculiar, que eso hacía que yo estuviera tranquilo.

Volar me proporcionaba una seguridad, una calma,

que lo podía hacer, siempre y cuando, estuvieran también ellos.

A ellos me refiero a los jugadores del Real Madrid.     

   Me imaginaba a toda la afición llorando y lamentando

la pérdida mía y la de los jugadores de básquet.

Porque al lamentar la de los jugadores

también lamentarían la mía, porque yo también soy persona

y sería frívolo lamentar la pérdida de los jugadores

y no la mía, también sería una víctima, pensé.

Por suerte el avión no se estrelló, los pasajeros

aplaudieron al aterrizar, incluido los jugadores del Madrid.

Por suerte teníamos buenos pilotos

y a todo el equipo de básquet del Real Madrid.

Los jugadores venían contentos, habían ganado

al Manresa. Y eso se respiraba en el ambiente.

Por Cecilio Olivero Muñoz

Penumbra

         Fue durante el primer curso de la carrera. Por aquella época mi vida era muy solitaria. Dos años antes, en el Instituto, había decidido no tener amigos. Ahora no sé muy bien por qué lo decidí. En parte por timidez, imagino, pero también había un planteamiento filosófico, de vida. Por suerte, la gente tampoco se fijaba mucho en mí. Pasé desapercibido. Eso me evitó acosos o sentirme acomplejado. Cuando comencé la universidad ya me había habituado a esa soledad, al contacto mínimo con los demás. Iba a clases y algunas tardes me las pasaba en la biblioteca, leyendo, a veces escribiendo. Llegaba a casa y cenaba. Me refugiaba en mi cuarto, de nuevo con mis libros o a veces me acostaba y escuchaba la radio, las noticias de la noche o algún programa de literatura. Mi madre no me decía nada, apenas lo básico, que era la hora de la cena, que comprase algo al día siguiente cuando volviera, qué tal las clases. Los viernes me solía dejar un par de billetes en la mesa de la cocina. Tengo la impresión de que siempre había sido así nuestra vida. Yo apenas gastaba, algún café en el bar de la facultad o en el Café Atlántico. Cuando lograba reunir algún dinero me compraba libros. A ello contribuyó que encontrara un pequeño trabajo para una editorial, como lector. No era gran cosa, me pasaban manuscritos y yo debía preparar un informe sobre la idoneidad del texto. A veces me hacían caso, las más. Pagaban poco, siempre por informe, aunque aquello me permitía leer y era algo que iba ingresando. Resultaba además mejor que trabajar de camarero o cualquier otra cosa. Los fines de semana paseaba por la tarde, si hacía bueno leía en algún parque o me pasaba un rato más largo en el Café. A las ocho volvía a casa. 

         Mi madre por su parte tampoco hacía mucha vida social. Trabajaba por las mañanas en una oficina. Por la tarde leía, escuchaba música clásica o veía televisión. Nunca venían visitas. Tal vez mi decisión de aislarme estaba en mis genes, una herencia genética, algo así, y que formaba parte de mi clan pasando de generación en generación. De mi padre no se hablaba nunca y apenas era para mí un recuerdo vago. Mi hermano hacía tiempo que se había marchado al extranjero y jamás supe a qué se dedicaba. De vez en cuando llamaba por teléfono. Hablaba con mi madre cuando era ella quien respondía o conmigo cuando respondía yo. Comentaba que estaba bien, que no había problemas. Yo a veces sospechaba que llevaba mala vida. Pero no lo sabía con certeza, era más bien una intuición sin base alguna. Tampoco me interesaba mucho. No habíamos sido de niños ese tipo de hermano que estuvieran todo el rato juntos. No es que nos lleváramos mal. Simplemente, nos ignorábamos. 

         En febrero estaba en la biblioteca y al levantar la vista observé que me miraba. Enrojecí un poco. Ella volvió a su libro. Yo, al mío. Cuando salí de la sala ella me estaba esperando.

– Sueles venir mucho por aquí. -me dijo. No había tono de pregunta en su voz. Se trataba mas bien de una afirmación.

– Sí -referí-, estudio aquí. -mi comentario, sin quererlo, resultó arisco, pensé, me sentí obligado a dar más explicaciones- Me gusta además esta biblioteca.

– A mí también. -comentó.

         Anduvimos hacia el metro. Me explicó que ella cursaba tercero de letras. Yo estoy en primero, comenté. Me preguntó por los profesores. Me dio algunos consejos. Ya en el vagón se interesó por los autores que leía y que me gustaban. Coincidimos en la opinión sobre algunos. Se bajó unas paradas antes que la mía, creo que para seguir con una conexión. Me sentí algo extraño por aquel repentino contacto. No estaba acostumbrado a charlar con la gente más allá de las conversaciones rutinarias. De repente alguien, una chica, mostraba interés por mí y no podía menos que sentirme no poco turbado. Quise quitarle importancia cuando salí del metro.

         Volvimos a coincidir. No me disgustaban esos encuentros. No obstante, creo que tampoco me sentía en exceso a gusto. En todo caso, me dejaba llevar, como me ocurría por lo demás con todos los aspectos de mi vida. Era algo a lo que no me ocupaba mucho tiempo, reflexionar sobre mi vida, no me planteaba si era bueno o malo, aquel encuentro como cualquier otro asunto, o si resultaba oportuno o inadecuado mantener una relación con aquella compañera de estudios que, por otro lado, tampoco iba mucho más allá de una mera relación superficial.

         O al menos eso es lo que yo creía. Una tarde, ya cerca de la estación de metro, me besó. Para un momento, me ordenó y me besó entonces. No es que me escandalizara, ni mucho menos, no soy un mojigato, aunque claro que me extrañó, no creí que hubiera dado yo motivo para que mostrara ese afecto.

– Y esto por qué -pregunté.

– Es un modo de darte las gracias. -me dijo.

– Por qué tienes que darme las gracias.

– No te has dado cuenta de que eres la única persona con quien hablo. -no podría decir si me lo preguntó o lo afirmaba.

         Tampoco me había dado cuenta, la verdad, aunque no quise decírselo, por no herirla y porque descubría de repente que teníamos algo en común. Hasta ese momento no me había planteado que alguien pudiera llevar una vida como la mía. No es que renegara de la misma, simplemente era consciente de que no era muy habitual, Al fin y al cabo observaba a los demás y veía ese mapa de relaciones que se daban a mi alrededor. No es que me interesara mucho las vidas ajenas, pero era inevitable apreciar los cambios que se iban produciendo. Al fin y al cabo pasaba muchas horas en la universidad y no era tampoco raro que me preguntase si yo sería capaz de vivir como los demás.

         Pese a todo, aquel beso no significó un cambio. Seguimos yendo juntos al metro, viajábamos hasta la estación concreta en que ella se bajaba y desaparecía, a veces coincidíamos en el bar de la facultad, tomábamos un café, charlábamos de libros. Casi nunca entrábamos en temas personales, casi siempre charlábamos, cuando no de libros, de lo referente al ambiente, a la tensión, a lo más cotidiano.

         Un día la noté distinta. No sé si triste o contenta. Ella misma me respondió sin formularle ninguna pregunta.

– Hoy es mi cumpleaños. -me dijo.

– Felicidades.

– Gracias.

         Cuando salió del metro me dio un beso breve y húmedo. Al día siguiente le regalé un libro. Sus ojos enrojecieron.

         El curso iba acabando y nos veíamos con más frecuencia en la biblioteca. Sin planteárnoslo, comenzamos a ponernos en la misma mesa. El primero en llegar le guardaba al otro el sitio. Deben de pensar que somos novios, tuve para mí que pensarían los demás. Me importaba poco, pero me hizo gracia la idea. No hacía caso a murmuraciones y comentarios, algunos sin duda malintencionados o estúpidos. Por otro lado, hacía días una prima de mi madre había llamado a casa, era una de las pocas parientes con quien mi madre tenía contacto. Respondí yo al teléfono. Pareció alegrarse de hablar conmigo. Tendrás novia, me preguntó. Pensé en ella. Respondí que no. Claro que no era una idea que me asaltara con frecuencia, a veces se me ocurría pensar en ello, nada más.  

         El último día de clase me dio un papel con su número de teléfono. Llámame un día, sugirió. La telefoneé a mediados de Julio. Quedamos en el Café Atlántico. Cuando la vi, la encontré especialmente bonita. Sin duda influía que lleváramos dos semanas sin vernos. Lógicamente, hablamos de los libros que habíamos leído esos días, que no eran pocos. Qué más has hecho, me preguntó de pronto. Poco más, le respondí, y era verdad, mi vida seguía igual, aunque sin clases, por lo que leía un poco más, la editorial me había dado algunos manuscritos para todo el verano. No tenía más perspectivas.

– ¿Y tú? -pregunté.

         No me respondió en concreto. Se quedaba en la ciudad, eso sí, me dijo, todo el verano. Eso nos permitió seguir viéndonos una o dos veces por semana, siempre por las tardes, en el café Atlántico. Éramos dos conocidos que charlábamos de libros pero que no sabíamos mucho más uno del otro, nada íntimo, privado.

         En agosto le dije de venir a casa. No lo hice de un modo preparado, se me ocurrió de pronto mientras charlábamos. Mi madre se había marchado unos días, estaba solo en la casa. Me prestarás ese libro, me dijo. Era, supuse, su forma de aceptar. Tomamos el metro como siempre, pero esa vez ella no se bajó en su parada. Subimos al tercero. La casa estaba en penumbra y no hacía calor dentro. Fue viendo los libros que se amontonaban en mi cuarto y en las estanterías del pasillo. Hojeó algunos. Esa tarde me di cuenta de que era realmente bonita. Pero no me lo pareció como en aquel primer encuentro de verano. Me atraía su belleza de un modo nuevo, agudo.

– ¿Quieres cenar algo? -pregunté.

         Se acercó a mí y me besó. Fue un beso largo, intenso. Fuimos a mi cuarto y nos estiramos en la cama. No decíamos nada. Nos besábamos y acariciábamos como si siempre lo hubiésemos hecho así. Luego permanecimos quietos, abrazados, en silencio, inmersos en la oscuridad de la noche. Cuando acaricié sus mejillas, noté la humedad de sus lágrimas.

– ¿Lloras?¿Por qué?

         Me explicó entonces su vida. Me habló de su niñez, de su juventud. Muchas cosas las podía entender, nadie mejor que yo para podérselas entender. A veces me sorprendía las coincidencias de los sentimientos y veía ahora que no era sólo cosas de los libros. Noté que a medida que su relato se acercaba en el tiempo, le costaba más hablar. Se pensaba más las palabras.

– Soy puta. -Me dijo tras un breve silencio- Lo habrás oído.

– Sí.

– ¿No te importa?

– No lo sé. -respondí.

         Se abrazó más a mí. Pensé en preguntarle si a ella le importaba. Pero no lo hice. Tal vez era un juicio de valor lo que le pedía con ello, un gesto paternalista, y no era eso lo que quería. Ni yo ni ella seguramente. Se quedó a dormir conmigo. A la mañana se marchó. Volvimos a encontrarnos unos días después en el Café Atlántico. De nuevo regresamos a nuestros libros, a nuestras charlas. Nos sosegaba, qué duda cabe, aquella rutina.

Juan A. Herrero Díez

LIMA: CIUDAD DE VELOCIDAD

 

El indio sigue siendo indio aunque lo persiga

la raza de los saciados vestidos con terno de corte italiano,

los niños exigen el capricho americano

a padres trabajadores esclavizados a una tarjeta de crédito

con la astucia negra del pájaro cuco,

las mujeres gimen por los chupatintas que presumen,

presumen de una dádiva chica y sin herencia

que sus hijos pretenderán tener

en pos de la plegaria de brea que dan al viejo-lobo de la patria.

Los negros bailan moviendo su cucu,

pues lo aprendieron en Chincha y allí baila hasta el gato,

y desafían a la promesa hueca del caballo sin dientes

pues siempre una mentira es menos que una canción,

las rosas buscan su espina en el escaparate eléctrico

porque allí se miente con descaro y es siempre

una mentira dulce, que da placer creerla.

La misa se ha vuelto dieta ciega para el que necesita

saber, saber cuál es la razón y el porqué

de cuando se pudre por desgana hasta el llanto,

el horizonte debe ser tan mentira

como que los pelícanos se disfrazan de pollo,

los senderos deben ser tan verdad

como que los sueños se esfuman en el aire,

será verdad el origen de la patata,

aunque una mentira es la gracia que viste al santo.

Los poetas huyen de su canción porque temen la risa

de un pueblo sin justicia,

aunque la justicia no exista ni para ellos ni para nadie,

la brújula se seca ante el viento

y el plomo está sediento de sangre ajena,

porque el paraíso es un huerto sin fruto

y la flor florece en el azar de una naturaleza distraída.

La perdiz discrepa con el cuy sobre la proteína seca,

los desmayos son cosa de maricones

cuando el empleado de banca discrepa sobre el logaritmo resentido que acoge al yermo erial que fue trinchera,

la burla es tan inmediata como el gas que se respira

cuando se esnifa la oportunidad en pequeños pedazos de Biblia.

Me he vengado de la blanca estirpe de matarifes

que en el barrio de San Isidro custodiaban el olor a sombra,

he sacrificado mi sacrificio de silencio y luna

para que en Miraflores no mientan a la llaga de mi frente,

he traicionado a los fantasmas del Real Felipe

para que la cáscara de mi lamento no sea de luz,

prefiero ser odiado a que me odien

cuando sea un niño puro y tonto,

 y me ejecuten los borrachos de paz,

porque hasta la paz cansa, y se aburre la misma paloma del cielo.

Los autos, las combis, y los micro-buses

siguen un río tan sucio y profundo

que las huellas de los conquistadores se apagaron de agua,

es frenética esta ciudad gris, es horrible esta anarquía,

esta anarquía pequeña que el cholo soporta en sus venas

y cuando besa a la calavera muere un suspiro de amor

estremecido por un amor imposible,

la noche de Lima es una noche cascabelera,

noche de cascabeles y de magia con sabor a todo,

es noche sensual y obscena

que coquetea lasciva y racial bajo un cielo sin estrellas,

coquetea asombrosa y esbelta

ante la caricia de una noche austral,

coquetea sencilla y hermosa bajo un cielo

que le exige prostituirse y ella olvida, y sigue siendo.

Por Cecilio Olivero Muñoz

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR FRANCISCO JESÚS MUÑOZ SOLER

 

ABSORBER LA PERMANENTE VITALIDAD

 

Absorber la permanente vitalidad

de la trascendencia de lo cotidiano,

del día a día pausado

vivo, armonioso, pero callado

que pasa sin hacer ruido

pero va llenando los posos

de nuestros adentros

de las esencias que nos hacen ser

y sentirnos persona.

LA DENSA CORPOREIDAD DE MI MEMORIA

 

La densa corporeidad de mi memoria

bulle en el hermoso caldero

donde se cuecen los olores

de mis realidades y sueños,

es tanto su bagaje y la fina línea

entre verdad y ensoñación

es tan imperceptible

que se han mezclado

formando un magma

tan verdadero y lúcido

que no se podrían rescatar

sus sabores y texturas originales.

ESTE LUGAR CONFORMADO POR UN ENTRAMADO

Ese lugar conformado por un entramado

de realidades y ensoñaciones,

aromatizado por vibrantes olores

y sustantivas emociones

llena los espacios de mi amada vida.

QUE SERÁ DE LA RICA

 

Que será de la rica

y sustantiva esencia

de mi acaudalada memoria,

donde hallará cobijo

sus magníficos nutrientes

cuando la vasija

que los contiene

deje de vibrar y se reseque.

COMO DENOMINAR EL INTANGIBLE

Como denominar el intangible

espacio donde mis emociones

hallarán descanso

cuando mi lugar desaparezca.

RARA ES LA VEZ

 

Rara es la vez

que no me arranca

una sonrisa

el ilustre poeta

de mi amada tierra

con su deje

de irónica ocurrencia.

Disfruto leyendo

sus breves crónicas

que se desgranan cayendo

hasta formar columnas

que se adosan

en los pilares

que sujetan mis alforjas.

Empiezo de buena mañana

con refrescantes sonrisas

rellenas de mermelada

del nutritivo sabor

de la realidad cachorreña

que solo da la cosecha

de Don Manuel de Alcántara.

RECONOZCO EL BULLICIO

Reconozco el bullicio

que burbujea en mis entrañas

activado por la ilusión

que me ha generado

el hecho trascendente

de que estoy siendo examinado

por una preeminente

agencia literaria,

ojalá encuentre en ella

el reconocimiento de la valía

de mi ya abultada obra

y esta pueda acceder

a intelectos ansiosos e interesados

en poesía sensible y comprometida.

Reconozco que me gustaría

ser reconocido como poeta

porque así me siento

y sin desmerecer

la vanidad de mi ego

humano al fin

lo que realmente me sacude

es la esperanza de que mis inquietudes

trascienda a personas

y sentirme útil.

Pero seguiré escribiendo

porque sale de mí

como necesidad vital

y regeneradora de mi mismo

sea cual sea

la realidad de los hechos

en mi espera de primavera,

al menos hasta que la curiosidad

siga alimentando mis sueños.

SI LOS SONIDOS DE LAS PALABRAS

 

Si los sonidos de las palabras

sus ecos, entonaciones y matices,

se hubiesen podido mantener en el tiempo

suspendidos, levitando en un espacio

intemporal, anaeróbico y modélico,

entonces podríamos rescatar

originales versos en su contexto,

de sus encapsulados descansos,

con toda la riqueza de sus léxicos

en su punto, con su acento

de la mismísima boca

que lo expulsó de sus adentros,

satisfacer nuestros tímpanos

con la orfebrería de Góngora

o la maravillosa ironía de Quevedo.

SIEMBRA CONTINUA SIN DESMAYO NI REMEDIO

 

Siembra continua sin desmayo ni remedio

en las voluntades de los intelectos

para que sigan surgiendo las emociones

de las múltiples y ricas variaciones

que ofrecen los fabulosos mundos

surgidos de las aristas de las palabras

de sus sonidos, de sus silencios,

pulirlas hasta dotarlas del armamento preciso

áspides inyectoras del veneno mortífero

que aniquile el empobrecimiento del léxico,

de sus contenidos, sus emociones y su limo.

CUANTAS LÚCIDAS Y EMOTIVAS HISTORIAS

 

Cuantas lúcidas y emotivas historias

enriquecerán mis días

cuando alcance el júbilo,

seguramente un mínimo número

de las que aparentemente sestean

en los cuidados estantes

donde las fui acunando

con riguroso y esmerado mimo,

serán legión las que exhalaran

desde sus bellos y cuidados lomos

miradas denodadamente suplicantes

quedaran sepultadas por lágrimas

de sus inconsolables lloros,

con sus anegadas aguas

transportaran mis básales hilos

convertidos en calcinadas exequias

o en fugaces haces luminosos

hacia el concentrado hueco

donde abonaré con mis esencias

el agujero negro de los sentidos.

COMO LUCES DE MI CIUDAD CAMINO

Como luces de mi ciudad camino,

nunca a habido más centrifugas

y a la vez formaron un centro

más integrado en la armonía de sí mismo,

los extravíos emocionales

que dominan la cósmica de mi tiempo

me hacen sentir el absurdo del exilio

en mis propios pasos, en mis inicios

negándome mi historia, carácter y designio,

ser arrabal en mi sombra

en las esquinas que doblan las luces

que traspasan mis córneas

y sostiene el centro de mi mismo;

no lloraran mis esencias,

consolaran mis vástagos, añoraran mis vestigios,

ser extranjero en las normas

de quienes fugazmente tropiezan

con mis contemporáneas luces

no perturba mi sentido intimo,

el dominio del compartido espacio

no da derecho ni poder

para descomponer ni magnífico crisol

que conforme se aleja reverbera sobre si mismo

formando haces de maravillosos sueños

esos que instalan el territorio de mi vida.

ONDULÁNDOSE SOBRE SI MISMA

 

Ondulándose sobre si misma

envuelve su cercano espacio

con el atrayente sabor

de su perfumada estética,

desprendiendo aromas

por los perfiles de sus rasgos

retenida estática

de intima percepción.

EN UNA MARÍTIMA PALMERA

 

En una marítima palmera

y por una esquina fijada

una foto con la cabeza volteada

mira al mar desde los tiempos

en que una desgarrada doliente

mantenía el ánimo de la búsqueda,

con la derrota anunciada

por la iniquidad conclusa

aguarda a sucumbir

ante la gravedad de la certeza,

aún traslada

traspasadoras luces de auroras

hacía el término de la raya

para superar el vértigo

de una luz sin mañanas,

y mientras impulsado por ella escribo

ahíta de sostener miradas

se deja descender

y enfrentándose al cielo

concluye su obra malograda

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR  LUIS CHINCHILLA ELIZONDO

 

PIEL DEL NEÓFITO POETA

 

¿ Porqué será que no escribe el poeta?

Acaso la noche helada no le ha vuelto a ver.

Dime niño,

¿Dónde esta el poeta?

Dicen que se fue, para no volver,

Ya no quiso soñar…

Sus manos estaban frías,

Porque las nubes no se juntaban a conversar,

¡ Sí !,

Los sueños están en el aire,

Sólo hay que mirarlos sin molestar.

¿ Pero dime niño?

Si las palabras se escondieron,

Para no sentir el frío de sus manos

¡ No ¡

Ellas se embriagaron por su partida,

Y se fueron, para el mundo recorrer.

¿ Dime?, si es que no escribirá el poeta,

Porque alguien lastimo sus letras.

¡ Sí ¡

Parece que un Amado y experimentado poeta,

menosprecio los sueños y la letra del

Neófito poeta.

¡ Niño ¡

La poesía no ha muerto,

Seguirá siempre viva

Respetando los sueños

De quien escriba.

Ven niño poeta,

Sigue escribiendo a la luna,

Aunque sus versos sean amargos

No desprecies a ninguna.

¿ Dime niño,

Quien es el dueño de la poesía y la letra?

Sin el sueño de los amantes,

La poesía  no existiera.

Para que las noches no sean eternas,

Debo escribir lo que el alma ordena.

Creyendo que la poesía descansa en los sueños

De las personas nobles y buenas.

Luis Chinchilla Elizondo  08/09/2009

Grecia, Alajuela, Costa Rica

NATURALEZA

 

 

 

Te invito a pasear

Por este viejo camino

Donde la maldad del ser humano

Aún no ha llegado.

Empapados de tiempos de bondad,

La sombra nos refresca

Y la tierra parece suplicar.

Con el paso del viento

Los  bambúes parecen hablar,

Al caer la lluvia,

La sedienta tierra

Vuelve a suspirar.

El Cielo lleno de paz,

La quietud une nuestras miradas

Llenas de sinceridad.

Con un puñado de sentimientos

Al lado del camino, dices,

¡ las flores son páginas

Que reflejan la verdad!.

Pétalos de rosa nos miran

Como a niños,

Que vienen y van.

La  ciencia y la prisa

Ya no están más,

Sólo las piedras del río

Bajo el agua cristalina,

Con los rayos del sol

Parecen brillar.

Sigamos luchando naturaleza

Para seguir cultivando vuestra belleza

Que los años no apaguen el H2O.

Las nacientes no desaparezcan,

La lluvia quede impresa,

En las generaciones

Que están por llegar.

Luis Alberto Chinchilla Elizondo  16/08/2009

Grecia, Alajuela, Costa Rica, correo electrónico: luischin_63@hotmail.com

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR MARIO MELÉNDEZ

(Linares, CHILE, 1971)

 

SEÑORES DEL SUR

 

Señores del sur

he comprometido mis raíces con ustedes

mi palabra llegará como un río

a recoger la tierra y su origen

Llámenme agricultor

cuando el trigo se despierte

cuando cruja la semilla

y el invierno se levante en una mano

Llámenme soldado

cuando el agua y la piedra se reúnan

entonces seré el puñal

que desgarre ceniza y envoltura

No digan al Maule como me llamo

me reconocerá por la voz

por los susurros que mis labios

llevarán hasta su lecho

No digan nada en Constitución

o en Pelluhue o en Chanco o en Curanipe

mi nombre fue encontrado en una ola

no es necesario que digan nada

Señores del sur

mi casa es mi mejor emblema

Pueden ver a través de las ventanas

o a través de mis ojos

lo que les tengo preparado

Abriré de una en una mis heridas

y escupiré poemas en vez de sangre

y a todos les diré mi nombre

Porque no quiero ver a Pedro

arrinconado en un museo

o a Manuel Francisco

retenido en una boca

Ellos sabían cantar

eran dos vientos de distinto oficio

dos gotas que el Maule

sacudió con violencia

Y yo ¿quién soy?

algo tengo de todos

cara de pan o de hormiga

muslos comprometidos

con el sabor de la tierra

hombros de padre

dientes de inquilino o de patrón

Soy una flor con espinas

y pétalos de mármol

un poema preparado

con la lluvia de cada día

VINCENT 1993

 

a Vicente Huidobro

El gran poeta de las vanidades

se mira al espejo y dice

no hay otro mejor que yo

no hay otro más hermoso y delicado

más burlón, paradojal e irresistible

Y cuando voy por las calles

me persiguen y me piden autógrafos

se aglutinan en torno mío o se desmayan

porque soy más inmortal que las agujas

y en mi boca suspiran las estrellas

Así, cada montaña es un pelo en mi oreja

y cada nube una escalera de emergencia

donde subo y bajo como un mago

persiguiendo su conejo sin darle jamás alcance

No obstante los helicópteros me adoran

me adoran también las escolares que diviso de reojo

me adora el trapecista de un circo desahuciado

me adora la azafata de un vuelo imaginario

me adoran los enanos, los duendes, los fantasmas

y todos gritan “Ahí va Vicente, ahí va

con su cara encerrada en un sombrero

ahí va, el que se orina en los astros

el que respira copihues

y cambia de color hasta volverse inaguantable”

Y yo me río como un Buda chocho

cuando arrojan flores a mis pies

y me lleno de números telefónicos

y de mujeres que darían sus propios pechos

por rozar mi frente de amante multitudinario

o por mirar mis cabellos salidos de un arcoiris de fruta

Tengo unos cuantos lunares en francés

y un gato que me habla en un idioma póstumo

y un perro que me muerde y me lame las antenas

y un cilantro preguntando quién soy

y yo le digo “No me busques

no hagas caso de la rosa deshojada

tú tienes tu propia sabiduría

tu propio olor

tu apellido en la cazuela del domingo

y no necesitas ser tan hermoso

para que ellos te respeten

cuando con sólo probarte

tienes ganado el cielo

y un espacio en mi garganta”

Ahora me marcho en mi paracaídas

me marcho en mi aeronave de plumas anónimas

me marcho a pellizcarle las nalgas a un piano

a dormir una siesta en un ataúd de huevo

QUE SALGA EL INDIO ENTRE LAS PIEDRAS

 

Que salga el Guayasamín que cada uno tenemos

que salga el indio entre las piedras, médula a médula

el gran precipicio que somos, la gran llaga ecuatoriana

y lo que cae del ojo al cielo, y lo que arruga el aire

y lo que sale de nosotros mismos como una rosa deforme

y lo que araña más adentro que salga

que salga el trueno, la bocanada, el relámpago

la hebra furiosa y tuerta que mira sangrar el alma

y aquí, en esta jaula ardiente que es América de luto

están pendientes los nombres de aquellas manos clavadas

de aquellos pies desahuciados, de aquellos huesos de humo

de aquel sueño arrojado al gran ataúd del miedo

o simplemente del árbol con sus ramas infinitamente secas

Porque no estamos muertos, no estamos

y hay uno que ahora brinca por encima de los sables

y hay uno que bebe fuego y lleva alas de ceniza

y hay uno que agrieta el río con su cráneo universal

y hay uno que dice yo, yo soy el indio entre las piedras

y todo el horror humano se me apaga en el cuerpo

y tengo lágrimas y penas

y el corazón como una luna borracha

y el esqueleto dormido, y la mandíbula tiesa

y a mi oído brama el perro de las noches podridas

y a mi boca rueda el beso de la angustia que mata

Y yo pinto, yo pinto con mi voz y con mis uñas repletas

yo pinto con mi oxígeno la cicatriz del viento

raspo la puñalada maldita de los siglos

me sumerjo en el ácido mortal de las pupilas andinas

desnudo el recuerdo de la calavera sombría

y en mí sobreviven las tripas cortadas de cuajo

y cada grito soy yo, cada mejilla nacida del grito

cada suspiro fatal y su patria de aguja

cada mujer, cada hombre

cada animal volteado en la vértebra dramática

todos y cada uno de ellos

y en todas partes la vida como un sol amargo

y yo, hinchado de colores

cierro las alas y duermo sobre la tristeza

 

UN DÍA VOLVERÉ A TUS OJOS

 

Un día volveré a tus ojos

y comenzaré de nuevo

volveré con un sonido hueco de metal

y sol mojado

buscaré entre los papeles del tiempo

tu cuerpo verde y tus cabellos de uva

te coronaré en silencio con mi boca

y con mis manos que no terminan

Volveré por ti y por tu sangre estrellada

viendo pasar la tarde como una sombra antigua

algo se romperá allá arriba y no seremos nosotros

algo se quemará de pronto con el eco de tus sábanas

Y volveré más vivo, más puro, más hambriento

y volveré volando y desgarrando plumas

todo lo haré por ti, todo en silencio

que hasta los gallos prolongarán la noche

cuando te vean desnuda

LLÉVAME

Llévame hacia el sur
de tus caderas
donde la humedad
envuelve los árboles
que brotan de tu cuerpo
Llévame a la tierra profunda
que asoma entre tus piernas
a ese pequeño norte de tus senos
Llévame al desierto frío
que amenaza tu boca
al desterrado oasis de tu ombligo
Llévame al oeste de aquellos pies
que fueron míos
de aquellas manos que encerraron
el mar y las montañas
Llévame a otros pueblos
con el primer beso
a la región interminable
de lengua y flores
a ese camino genital
a ese río de ceniza que derramas
Llévame a todas partes, amor
y a todas partes conduce mis dedos
como si tú fueras la patria
y yo, tu único habitante

SI FUERAS CALVA TAMBIÉN TE AMARÍA

 

Si fueras calva también te amaría

me volvería loco besando tu cabeza

tu pequeña luna dorada

Si fueras calva, oh si fueras calva

te llevaría por el río de la memoria

me sentaría junto al fuego de tus ojos callados

derramaría un cisne en medio de tu frente

Pero la larga y ciega cabellera

el largo aliento de cristal

la larga hebra de ceniza y polen que tú eres

todo lo que la vida se guarda para sí en tus cabellos

lo que la noche te roba en suspiros

todo lo que el color del éxtasis te lame

como en un vuelo relámpago

como en un sol prolongado

como en un juego de luces apiladas en tu cuello

todo eso, amor, y más arriba esta ola

esta corriente, este aire

este racimo de algas enjuagadas al viento

este cordón humano amontonado a ti

esta marea, este soplo

este susurro que me ata hasta las últimas raíces

y lo que nace, y lo que acaba

y lo que cae al gran abismo de tu sangre

lo que no ha sido escrito, amor, todo el misterio

porque en la sombra de tu pelo

yo me ahogo para siempre

 

 

PARA MAYOR SEGURIDAD

Vengan a ver mi poesía
no está hecha de material ligero
aguantará perfectamente el invierno
y en verano refrescará
las mentes y los cuerpos
Hay poderosas vigas entre cada verso
hay listones apuntalando mis palabras
Y si la lluvia desea entrar
pondré mis sueños en el techo
y taparé las goteras
con mi propio dolor

LA OTRA

Caperucita nunca imaginó que El Lobo la dejaría por otra.
Nunca hizo caso de los consejos que en materia amorosa le daba
La Abuelita. Por lo que una mañana El Lobo le dijo: “Caperucita,
quiero terminar contigo. Ya no me excita perseguirte por el bosque;
ya no me agrada disfrazarme de abuelita para que tú me digas
tus tonterías de siempre, que si tengo las orejas grandes y esos
colmillos tan filudos, y yo, como un estúpido, responda que son
para oírte, olerte y verte mejor. No, Caperucita, lo nuestro ya
no tiene remedio”. Entonces Caperucita, desconcertada por aquella
confesión, se echó a correr tan lejos como pudo pensando en la
clase de mujer que había conquistado el corazón de su amante.
“Es ella, tiene que ser ella”, repetía la niña, mientras buscaba
desesperadamente la casa de la anciana. “Abuelita”, gritó al fin,
cuando hubo contemplado la figura que yacía en el lecho, “¿cómo
pudiste hacerme esto? tú, la amiga en quien yo más confiaba”.
“Lo siento”, dijo la otra, “nunca pensé quedar embarazada a mi edad,
y menos de alguien tan poco inteligente e imaginativo. No obstante,
él es un lobo responsable, que no dudó por un minuto en ofrecerme
matrimonio al conocer la noticia. Lo siento, Caperucita, tendrás
que buscarte otro. Después de todo, no es este el único lobo
en el mundo, ¿o no?”.

MI GATO QUIERE SER POETA

Mi gato quiere ser poeta
y para ello
revisa todos los días mis originales
y los libros que tengo en casa
Él cree que no me doy cuenta
es demasiado orgulloso
para dejar que le ayude
Lleva consigo unos borradores
en los que anota con cuidado
cada cosa que hago y que digo
Ayer no más, en uno de mis recitales
apareció de incógnito entre la gente
vestía camisa a cuadros
y mis viejos zapatos rojos
que no veía hace tiempo
Al terminar la función
se acercó con mi libro en la mano
quería que lo autografiara
y para ello me dio un nombre falso
un tal Silvestre Gatica
Yo le reconocí de inmediato
por sus grandes bigotes y su cola peluda
pero no dije nada
y preferí seguirle la corriente
Luego me deslizó bajo el brazo
uno de sus manuscritos
“Léalos cuando pueda, Maestro” me dijo
y se despidió entre elogios y parabienes
Y sucedió que anoche
y como no lograba dormir
levanté con desgano aquel obsequio
para darle una mirada
Era un poema de amor
un hermoso poema de amor
dedicado a Susana
la gatita siamés
que vivía a los pies del sitio
Parecía un texto perfecto
tenía fuerza y ritmo e imaginación
y todos los elementos necesarios
para decir que era un gran poema
y sin duda era un gran poema
un poema como pocas veces había leído
Entonces me entró la rabia
y la envidia y la cólera
y me pilló la madrugada
con el texto entre las manos
sin atreverme a romperlo
o hacerle correcciones
Que Dios me perdone por esto
pero no veo otra salida
mañana echaré mi gato a la calle
y publicaré el poema bajo mi nombre

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR OMAR SANTOS

(MÉXICO, 1975)

 

TERRITORIOS

 

El lugar donde prohíben los recovecos.

El lugar donde el verbo se hunde en la llamarada.

El lugar donde se olvida el castillo y las emociones.

El lugar donde se ignoran los muñones de la infancia.

El lugar donde octubre es inédita rabia del arcángel.

El lugar donde el espectro escondió el libro y las monedas.

El lugar donde el lunes es cuchilla del profeta.

El lugar donde exhibieron las entrañas del indoblegable.

El lugar donde la linterna es llanto y proferir de la muchacha.

El lugar donde los espejismos son alimento del poeta.

El lugar donde el sexo es un asunto de la sucia moral.

El lugar donde el corcel anunció la orgía de los dioses.

El lugar donde el terrorista pidió el verso antes de la inyección.

El lugar donde nos harán beber el cáliz de nuestra propia sangre.

El lugar donde el que escribe estas vicisitudes se queda quietecito,

en el lecho, negando la máscara más hermosa de la fatalidad.

EL LLAMADO

Ya ves, ya ves, que nos llaman,

que algo muriò en el camino,

unos ojos aterrados nos miran

desde los àrboles,

ya ves, han destrozado la casa

que hemos olvidado al càntaro

y a los niños

como espantapájaros

sin voluntad,

como cobardes indescifrables

que se conforman con la soledad.

Ya ves, ya ves, algo de tì se arrodilla

algo que se enrosca como

extenso alarido,

que nos venden la duda,

que tal vez el vacìo y las tenazas,

y esto que nos fractura la palabra,

y esta noche que no acaba

en la impiedad.

Ya lo ves, ya lo aceptas,

te despeñas, te acongojas

algo nos escupe

algo de nuestro propio origen

nos rechaza.

Ya ves que fácil es cagarse de miedo,

que grandilocuente el ser contemporàneo

acabando con los pèndulos de su razòn.

El TURNO DE USTEDES

Dispongan,

ya no hay confidencias

sobre el jazmìn,

que se diga claro,

pues ya qué,

una hambruna, un cadáver màs.

Ya se acaba la antorcha

de la tranquilidad,

bienvenidos,

pasen ustedes,

ya gozamos de la era

del vòmito,

eviten el bramido y la tardanza,

extiéndase en su desague de indiferencia;

aquì falta escarnio, aquì

un poco de horror familiar,

bienvenidos,

Oh, grandes seres,

esto es la gran opereta

de los insectos.

A su gusto, con cinismo

con tibieza, a sus anchas,

yo ya tuve mi salutación

mis días de cobardìa

y lamentación,

maté afectos,

ignoré con otros

el consejo de los buenos padres,

ahora el fingimiento.

Ahora recitemos esos versos de la partida;

pero amigos, ustedes tomen

su parte, yo paguè, ya decidì,

a lo sumo, ya esto lastima,

amigos, decidan,

esto abofetea, esto es el hartazgo…

 

LA DIFERENCIA 

 

La diferencia está

en los grilletes,

hombrecito de socavones,

hombrecito de cristal.

Ah, pero no es una alharaca,

es bueno saberlo,

si no hay largas dudas,

no existe otro canto para la soledad.

N o es sensato buscar en el olvido

de los otros,

aunque se cambie de paloma

o de sitio,

la desolación es contundente,

miras la libertad en el horizonte

e irremediablemente

te dan ganas de enloquecer.

La diferencia está

en los grilletes,

aceptarlo,

no excuses, no escapes,

hombrecito de las ciénagas,

si dudas mira esa multitud

que se resquebraja,

la luz del héroe mutilado

o la cárcel de esas miradas;

ah, pero no es una alharaca,

esto es la marca del siglo,

esto es la desventaja.

PERTURBADOR

 

Pues la noche

de estos maniquíes

es perturbadora,

pues qué grave, qué retroceso,

y es triste señores,

es humo de origen.

Extenso el escenario de latigazos.

El pánico procura más rehenes.

Qué desaliento en esta residencia,

en cada sitio,

señores,

nos han preparado la mortaja,

están preparando los tratados

crueles

señores, qué cicatriz,

calendario de atrocidades inventan,

y se ama el laberinto

como se ama al gusano del circo

o a la puta más feliz.

Claro señores, claro que no es gracioso,

no es un canto en el paraíso,

no tiene que ver con la mujer

que se goza mordiendo el limón.

Pues qué grave señores,

la linterna que se derrama

sobre la palabra tarde,

y qué gracia, con qué voluntad,

vamos todos elegantes,

mientras allá, ovillado entre navajas,

acaban con la ilusión.

 

MEDITACION DEL ESBIRRO

Me emocionan los árboles de la muchacha,

el globo alegre que cruza los azules,

el grito y el baile que despierta a los puertos

con niños. Me gustan los ancianos

que corrigen sus poemas.

Me gusta el olor de la tabernas

y el pandero de las zorras.

Pero me dieron órdenes,

es fácil el objetivo, es preciso,

tiraré mi piedad, y tendré que arrasar pronto,

ahora no tengo ni Dios ni moral,

y tendré que detonar,

es terrible y absurdo,

pero me dieron órdenes,

ahí está el blanco,

sólo apuntar…

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ENTREVISTA AL CRÍTICO LITERARIO Y POETA

VICENTE LUIS MORA

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

   Vicente Luis Mora es una de las mentes más brillantes de este país, no sólo por su faceta excelente como poeta, en la que destaca de entre sus contemporáneos, y no sólo por sus críticas tan sumamente acertadas y sin ningún alarde pretencioso, sino por su extrema erudición y su primoroso virtuosismo. Ha publicado varios libros, de los cuales destaco aquí los que he tenido el placer de degustar, que son: “Singularidades, Ética y Poética de la Literatura Española Actual” (Bartleby, 2.006), “Mester de Cibervía” (pre-textos, 2.000) ganador del premio “Arcipreste de Hita” 1.999, y “Tiempo” (pre-textos, 2.009). Tengo que decir que tanto el ensayo “Singularidades” y los dos poemarios son de una calidad abrumadora, ya que en el ensayo he notado mucho nivel crítico, un nivel crítico que no deja de ser sincero, perspicaz y no deja cabos sueltos, el lenguaje es cercano y habla con conocimiento; especialmente recomendable para poetas, para todo tipo de poetas. La poesía es innovadora, elocuente, y plagada de profunda semilla. En “Tiempo” he notado cierta simplicidad cargada de un profundo lenguaje que emana desde lo más sencillo hasta de lo más remoto; exalta el desierto como símbolo de nuestras vidas solitarias, y de “Mester de Cibervía” debo decir que me han impresionado su intuitiva relevancia, su innovadora temática, su musicalidad y originalidad; no me extraña que fuese premiado.

Hola Vicente, ¿Qué es para ti la poesía?

Respuesta: Caramba, es curioso que nadie me haya hecho hasta ahora esta pregunta prototípica. Siempre pensé cuál iba a ser mi respuesta el día que alguien me inquiriese al respecto, y nunca llegué a una conclusión interesante, porque es difícil resumir una actividad vital tan profunda y complicada con un par de frases. Digamos que la poesía es para mí la parte más nuclear de la literatura, aquella donde se conjugan una experiencia extrema de lenguaje con una experiencia profunda de conocimiento en aras de una comunicación literaria de la máxima tensión. Definir “lenguaje”, “conocimiento” y “tensión” nos llevaría semanas, pero creo que puede entenderse bien lo que quiero decir.

 

-Yo escuché hablar de ti por un libro que leí que te resultará familiar, el libro de Fernández Mallo “Postpoesía” y me dejó estupefacto tu acertada opinión sobre los concursos de poesía:

-¿Qué opinas de los concursos?

Respuesta: Opino que los concursos están bien o no son perniciosos única y exclusivamente cuando concurren estos presupuestos: 1) Los miembros del jurado de verdad no conocen de forma previa el nombre de los autores ni las obras presentadas. 2) El representante de la editorial tiene voz, pero no voto. 3) El editor de esa editorial no ha animado a presentarse al certamen, con garantías o promesas de por medio, a un poeta al que quiere “colocar” en su catálogo sin arriesgarse económicamente. 4) El representante de la institución convocante se limita a estar calladito y mirando. 5) El autor premiado no ha intentado ponerse en contacto con ninguno de los miembros del jurado ni con la institución. 6) El autor premiado no ha escrito el libro pensando en el premio, ni en los nombres que componen el jurado, ni en la dotación económica –si la tiene–, ni ha introducido citas, epígrafes o convenientes señales que puedan hacer pensar a los miembros del jurado que a él le molan los mismos autores que a los miembros del jurado le molan, ni tampoco ha incluido versos de poemarios escritos por miembros del jurado. 7) El premio no provoca ningún envío de jamones de bellota antes, durante o después de las deliberaciones del jurado.

Todo lo que se puedo decir sobre este tema lo dejó bien escrito Juan Bonilla en su memorable relato “Bases del Premio Mastodonte de Novela” en Veinticinco años de éxitos (La Carbonería, 1993; Pre-Textos, 1996).    

 

-¿Qué opinas de la nueva corriente que está creando Agustín Fernández Mallo?

Respuesta: No sé a qué corriente te refieres, puesto que Agustín es un escritor muy personal. Hay jóvenes imitadores de Agustín, de eso sí me he dado cuenta, pero en este caso hablaría más de epígonos o seguidores de él que de corriente como tal. De Agustín, como he apuntado en un artículo reciente sobre su “proyecto Nocilla”, sólo puede decirse lo que él señala de la Coca-Cola: no puede compararse con nadie.

 

–         En tu libro “Singularidades” citas varios nombres que dices que son el auténtico parnaso de oro de la poesía española actual, ¿Qué condiciones tiene que tener un poeta actual para estar en ese parnaso?

Respuesta: En la actualidad es fácil, sigue siendo suficiente hacer la pelota a una serie bastante larga de poetas y críticos –casi los mismos que citaba en el libro– y dejarse utilizar convenientemente y a discreción por ellos.

 

–         En este libro dices también que un poeta postmoderno tiene no sólo que haber leído a los clásicos, sino que tiene también que conocer temáticas de física, tecnología, ciencia, filosofía y muchas materias más: ¿Qué me puedes decir acerca de este tema?

Respuesta: No creo que dijera en ningún momento “poeta posmoderno” sino poeta a secas. Salvo rarísimas excepciones, los mejores poetas, artistas, narradores, ensayistas, críticos o dramaturgos de cualquier época y cultura podían contarse sistemáticamente entre las personas más cultas, estudiosas, inteligentes e inquietas de su tiempo.

 

–         También he leído de ti que la narrativa española actual está anclada en parámetros decimonónicos, ¿Cuáles son para ti los escritores de novela que quizá pueden salvarse de esta “regresión temporal”?

Respuesta: Uy, pregunta trampa. No malintencionada, claro, sino letal de responder, puesto que por buena memoria que tenga uno siempre se dejará alguien fuera. Prefiero remitirme a mi índice de críticas literarias publicadas durante los últimos 15 años.

 

–          ¿Qué opinas acerca del apropiacionismo del que nos habla Fernández Mallo en su ensayo? ¿Cómo debería enfocarse a tu parecer?

Respuesta: El apropiacionismo es una técnica artística, como el propio Mallo recordaba desde las primeras versiones de su Postpoética, cuya utilización se remonta a los años setenta del pasado siglo. Puede verse a este respecto el esclarecedor ensayo de Juan Martín Prada, La apropiación posmoderna. Arte, práctica apropiacionista y teoría de la posmodernidad (Fundamentos, 2001). Hay un recurrente ciclo tendencial, que paradójicamente engloba, cuando se da, desde ciertas vanguardias a ciertas variantes reaccionarias en lo literario, a considerar que todo está agotado como creación ex novo y que la aparición de algo nuevo sólo puede venir de copiar, plagiar, glosar o reorganizar elementos ya existentes. Cuando estas líneas estéticas, como la de Agustín, consisten en mirar con ojos nuevos lo ya hecho, me parecen de gran interés. Cuando suponen, y estoy harto de verlo en poesía, única y exclusivamente un refrito malo y plagiario de lo bueno (e incluso malo) ya existente, me producen un profundo sueño o una dolorosa ardentía, según la época del año.

 

–         He visto que vives en Estados Unidos, ¿Qué poetas estadounidenses nos invitarías a leer? ¿Crees que los poetas estadounidenses si que están a la altura del postmodernismo tardío?

Respuesta: Lamento decir que no he aprovechado mi estancia aquí para profundizar en poesía, tenía otras cosas que hacer y en mi escaso tiempo libre he preferido leer narrativa estadounidense. De cuando en cuando hojeo revistas poéticas locales, pero no tengo ninguna “atención” especial puesta; uno no puede estar pendiente de España, Latinoamérica y Estados Unidos al mismo tiempo y con cierta profundidad sin volverse loco o sin ser millonario o sin trabajar en una universidad que le pague a uno los libros. He descubierto algunos poetas chicanos muy interesantes, como Demetria Martínez o Levi Romero, aunque dudo que sean fáciles de leer desde España.

 

-En tu ensayo “Singularidades”,  nos dices que en España no hubo nunca modernismo, ¿Por qué lo crees?

Respuesta: Creo que mejor me remito al ensayo, porque es una de las líneas de fondo del libro y no puedo aquí resumirla sin superficializarla.

 

–         He escuchado decir que en España ha hecho mucho daño a la poesía la forma de trasmitirla, es decir, la manera oral de trasmitir la poesía, ¿qué opinas al respecto?

Respuesta: No puedo opinar, porque tendría que leer o escuchar el completo razonamiento que daba esa persona al respecto. En principio, un modo de transmisión no tendría por qué dañar nada; más peligrosos son los modos de interpretación, que sí que han hecho daño, y mucho, a la poesía española.

 

 

-¿Qué opinas del verso rimado como tal? ¿Por qué crees que ya no se usa y se usa más la poesía narrativa?

Respuesta: A mí el verso rimado no me parece mal, incluso lo he practicado a menudo y tengo un libro inédito –seguramente por fortuna para todos– de sonetos. Pero reconozco que hay que ser muy original y muy brillante para que un poema rimado no parezca anacrónico y desfasado en 2010.

 

-¿Qué opinas del éxito de la novela sobre televisión de Manuel Vilas “Aire Nuestro”?

Respuesta: No vivo en España y no conocía el éxito; Vilas me comentó hace poco que iba a salir una segunda edición, pero no tenía más noticias. Me alegro por él; para mi vergüenza, todavía no he podido leer el libro. En este momento tengo 221 libros, recién contados, recibidos y pendientes de lectura.

 

-Tú has usado una nueva tecnología como lo es Internet como tema literario o entorno para expresar tu poética, ¿crees que la poesía actual debe de seguir por esos cauces? ¿qué opinas de la poesía en generaciones anteriores a la nuestra?

Respuesta: Yo no me atrevería a decir qué “debe” o “tiene” que hacer la poesía actual (salvo tener calidad, eso sí se le debe exigir): no soy ningún pope y como detesto recibir órdenes evito darlas. Creo que los nuevos medios son interesantes, eso es todo, y que traen riqueza de posibilidades.

La pregunta sobre “generaciones anteriores” es difícil de responder; creo que me remito de nuevo a mi trayectoria crítica, que daría una luz aproximada a la respuesta.

 

-Y por último, ¿has dicho todo lo que había que decir sobre la poesía española actual?

Respuesta: Tengo la sensación de que todavía no he empezado a decir lo que tengo que decir sobre la poesía española, pero si todo va bien, quizá no haya que esperar mucho para romper a hablar. Para empezar, todavía no he publicado mi tesis doctoral, por ejemplo, así que imagínese lo que me queda –inédito o todavía no escrito–por decir.

 

Gracias por tus respuestas, tan acertadas como siempre, y quiero que sepas que esperamos con interés tus obras.

 

 

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SELECCIÓN DE POEMAS PERUCHOS

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ

 

CREENCIAS DEL PERÚ

 

Dicen los peruanos viejos, los venidos de todas partes,

los portadores de la sabiduría ancestral,

que proteger la casa con una calavera de ser humano

ahuyenta a los ladrones, y a los invasores del hogar.

Dicen las mujeres de la casa,

las mujeres vencidas por la cucaña y las mañanas repetidas,

que una escoba detrás de una puerta

hace que el que molesta se vaya con una prisa que asombra.

Dicen los que vieron a la muerte de cerca

que pasarle un huevo a un niño por todo su cuerpo

le cura de muchos miedos, y le saca el mal de ojo.

Dicen las matronas de los hospitales

que ponerle a los niños recién nacidos un lazo rojo

en la muñeca lo protege del mal de ojo

y de otras malas artes que es menester sacar.

Alguien dijo: a los remedios del pueblo los bendice Dios,

por eso el pueblo escucha y divulga

y la sabiduría popular es tan vieja como el polvo,

el polvo que somos y seremos, la tradición colectiva

es la herencia del antiguo hechicero,

ese que protegía a su tribu

y con su visión les enseñaba el camino a seguir

en la senda de la noche de los tiempos. 

LA TARDE

 

Canallas y mal nacidos

tejen la escoria del olvido,

la tarde oculta te llora

buscando lugar y hora,

la tarde siempre ahí,

la tarde es un maniquí.

Bastardos y conspiradores,

estraperlistas y detractores,

se ponen amarillos los ojos

y amarillos los antojos,

buscas religión sin dios,

matas al lecho donde dos

se amaron en tu desprecio

pues el sabor agrio tiene precio,

la tarde es buena contigo,

te busca en la tarde aquel amigo

que pretende hacer historia

en el día en que tu gloria

es maraña nada más,

es un pecado que detrás

de tu remedio de llaga ciega

porque la madrugada te siega

todo aquello que fue tuyo

ya que sientes frío murmullo,

ya que sientes la desgana

entre ti, la tila y el pijama.

Sólo te queda la tarde

porque a las tres aquel alarde

es fiesta sin gargantilla,

es temprana pesadilla,

donde se miran dos hermanos

quitándose padrastros de sus manos,

se retuercen los orgullos,

lo tuyo es mío, lo mío tuyo,

recordamos las canciones,

recordamos tentaciones,

nos ponen los sabañones

desde los dedos a los talones,

nos ponen las mentiras

en las caricias que tú me inspiras,

anuncian su otredad

vírgenes frígidas de la barbaridad,

se suman todas las tardes

entre te quieros y besos cobardes.

Llevas las esquirlas de un pasado

entre lo que más has amado,

la tarde siempre presente

en crepúsculos de aguardiente,

rumias quien te ha traicionado,

el débil nace que ni pintado,

los mundos de Yupi se fueron,

entre borlas nos impusieron

aquello que no queremos

entre pactos y patatas con huevo,

eres ajena, eres cercana,

como la tarde de tu desgana,

al final ella paga el pato

pero se ríe de tu desacato,

victoria estremecida,

baja la calle, a cada cual su herida,

los resplandores son de la noche

y para ella todo es derroche,

los niños van al colegio

y a las cinco el sacrilegio,

te desmayas de puntualidad

entre la esperanza y la orfandad.

VIVIR EL PERÚ

 

Vivir el Perú es ir a cualquier provincia peruana

e ir por una carretera de arena

 (lo que ellos llaman “trocha”).

Vivir el Perú es irte a un hospital de la seguridad social

y encontrarte allí con un inmenso dolor humano

y una larga espera que desemboca en la desesperanza,

donde nadie te atiende,

te dejan morirte, para luego, comprender que mejor sería

haberte ido a una clínica,

pero despiertas del sueño,

y te dices que qué chucha clínica si no tienes plata.

Vivir el Perú es ir en un taxi Tico por la Avenida de la Marina

y comprender que la muerte está cerca

y que sería muy poco digno

morir enlatado como una sardina en conserva.

Vivir el Perú es La Odisea terrible de agarrar una combi

y justo cuando la agarras te subes en ella

y el conductor da un acelerón y te sacas la chucha

y se ríen todos menos tú.

Vivir el Perú es agarrar (por no caminar) un Moto-Taxi

y ves que tu vida corre peligro,

aunque lo agarrarás otra vez, por que caminar cansa.

Vivir el Perú es sacarte un documento

y hacer una cola de dos horas, te piden plata,

soportas calor, soportas olores,

y cuando crees que ya has terminado,

te dicen que tienes que pagar una tasa de 45 soles.

Vivir el Perú es ducharte con agua fría,

es alquilar una lavadora para lavar tu ropa,

es comprarte la ropa en Gamarra,

es irte a Miraflores para hacer turismo

y luego encontrarte con que ningún taxi te lleva al Callao.

Vivir el Perú es cruzar una calle

y ver que tu vida te pasa como dicen que te pasa

un instante antes de morir.

Vivir el Perú es un miedo constante a que te asalten,

te arranchen la cámara, te pidan limosna,

(te pidan colaboración),

te intenten embaucar, te quiten la vida.

Vivir el Perú es que crean que por vivir en España

ya eres o deberías ser millonario;

vivir el Perú es vivir el sabor con extrema intensidad,

vivir el Perú es ver diariamente mujeres bellas,

vivir el Perú es vivir con gente cálida, sencilla y hospitalaria,

vivir el Perú es la alegría en un salsódromo, en una peña,

salir a comer y enamorarte de sus materias primas.

Vivir el Perú es montarte en un taxi que es una carcocha.

Vivir el Perú es enamorarte del Perú;

vivir el Perú es vivir todas las razas,

es sentirte (a veces) como en casa.

Vivir el Perú es comer marcianos, comer en carretilla,

disfrutar de unos anticuchos, después un moliente,

luego unos ricos picarones, tomar algarrobina,

tomar un pisco en Santiago Queirolo, vivir el Perú

es no saber ni que hora, ni que día, ni que tarde es.

Vivir el Perú es conocer un pueblo olvidado,

un pueblo entre muralla de cal y pasado de arena.

Vivir el Perú es encontrarte con que existen billetes falsos,

gaseosas “bambas”, y demasiada piratería.

Vivir el Perú es volverte loco para encontrar un taxi

que quiera ir al BARRIO CINCO.

Vivir el Perú es coimear a un policía porque vas borracho.

Coimear a una funcionaria para que te haga un documento,

vivir el Perú es vivir al límite,

aunque es hermoso estar tan vivo.

UN TAXI  DISTINTO

 

Entre la ciudad de Lima y el Callao debe haber miles de taxis.

Algunos legales y otros ilegales.

Cada mil taxistas encuentras uno que es una filosofía andante.

Se conocen la ciudad palmo a palmo,

te muestran el suburbio, el corazón de la ciudad,

los lugares de alterne, los mejores restaurantes,

y encima, te dan conversación.

Siempre que me subo a un taxi ocurre un sortilegio

de liberadas suertes amparadas todas en un azar selectivo.

Hay taxistas mal dormidos, otros con halitosis mañanera

en plena noche de viernes, los hay refugiados en la música,

los hay con miedo, los hay mujeriegos, moralistas,

los hay también vergonzosos, los hay dicharacheros,

los hay filósofos naturales, son los mejores.

Andan conociendo la ciudad, refugiándose en la carrocería,

divagando su palabra desde donde se nutre la mirada,

maravilla de las virtudes, ellos saben

que no existe nada nuevo bajo la luz del sol.

La noche los engulle como un montón de basura

que desea ser tragada, devorada, los hace añicos.

-Oiga señor: ¿conoce algún lugar donde tomar una copa?-

-Señor, ¿usted sabe un sitio donde haya buen ambiente?-

TAXISTA: Yo le llevaré al lugar apropiado que usted busca.

Y el TAXISTA hizo el milagro.

LA NOCHE Y EL GUACHIMÁN

 

Rompedor de silencios en la noche.

Busca el ladrón su breve ausencia,

busca el perro su noche callada.

Ramillete de silbidos, descuidos

australes hasta la aurora.

Música lánguida del guachimán,

teje un sueño tranquilo su vigilia.

Su vigilia es estrella solitaria,

la alondra lo conoce demasiado

y su silbo suena para la confianza.

GERUNDIO MOSTACERO

 

Andando, anda andando la silueta vencida,

floreciendo de entre negruras el rosado vientre,

se maquilla el apetito como un símil de aurora;

la noche, toda mujer, lo anda entendiendo

entre mitades de agua evaporada.

Mientras la hembra, le arranca la ilusión

de ser mujer como un gemido de yegua,

como un suspiro de parturienta que concluye.

Le arranca el derecho de su nombre insatisfecho,

le arrebata el derecho y el sueño de su naturaleza,

el magma equivocado, el acto estéril de no-crear,

la verdad de sombra yerma que abre las piernas;

recelosa de la culpa que la sostiene,

ella anuncia su auto-destrucción sucediendo,

podrás ser madre y tener la concha cruda

pero yo tengo el gas espirituoso del vino de Baco

y el hechizo salpicando de borrachos delirando.

LOS CAMINOS SE HICIERON

CON AGUA, VIENTO Y FRÍO

 

Comprendo que te sientas cansado de oír la misma canción,

pero el hombre  se cansa de ser hombre,

se cansa por tanto, de la nana que mecen los lamentos

que multiplican la fobia y el tedio y la hacen única derrota,

de la hogaza de pan que se le arranca,

del camino con desasosiego sufriente, de la realidad huérfana

que lo arrodilla, del callo y la llaga dolorosa de sus pies,

de la molesta mota de polvo en sus ojos lagrimosos,

del suspiro vacío que lo hace dudar, del paso que se da

en pos de nada, de los amigos que se cansan del trabajo,

del mar salvaje que se enajena,

de la mano amiga con intenciones deshonestas,

se cansa, amigo, el sol de ser sol, la tormenta de ser calma,

se cansa la verdad de estar desnuda,

pero el mundo rueda y rueda en su inercia natural,

el león no sabe por qué debe de comer,

el árbol no conoce el peso que sostiene,

la razón es una sola y es sencilla,

el azul del cielo es un camaleón hecho de galaxia,

los niños pueden ser verdugos de lo puro,

y un hombre puede ser su único enemigo.

La realidad se crea en nuestro interior

como una página en blanco en las manos de un niño,

pinta los garabatos que quiere, pero los pinta en su ilusión.

Quiero volver al azul infantil que ignora

y volver a pintar mi ilusión de virginal palabra

y asesinar la canción leguleya que aprendí mientras andaba.

LA VERDAD DEL PERÚ

 

Este rico y hermoso país es dos

en uno solo.

Es la opulenta y amurallada

raza de caucásicos,

que vive y anda a la suya.

También es la mayoría de nadies

mestizos, cholos, y morenos,

que están en la gastronomía, la música,

el baile, la cultura criolla.

Ellos son la verdadera cara del Perú.

Los demás, los blancos, andan alardeando

en su escaparate televisivo,

hablan de la cultura universal, o eso creo.

 

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1 comentario

  1. Muy interesante editorial. Creo importante mencionar otra gran obra de Alejo Carpentier: El reino de este mundo, también ambientada en Haití. Es increíble que en una nueva lectura del texto el lector sienta todavía su actualidad. Lo real maravilloso es inseparable de la vida latinoamericana, algo alejada del surrealismo europeo. Lamentablemente, ocasiones trágicas como las presentes que se viven en la isla, hacen rememorar, a la vez, la tortuosa historia de Haití, de ser una nación pionera en la lucha por la libertad, a su desarrollo extraño entre dictadores, zombies y vudú. A pesar de todo aquello, su gente jamás pierde esa calidez tan característica del caribeño. Excelente editorial. Mis saludos.


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