5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

MENSUAL DIGITAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºXLIX de la 2ª etapa/ 01/11/2010

 

EDITORIAL XLIX

Pasión por la literatura y el cine

 

Este pasado mes de octubre ha sido el del premio Nobel de literatura, que ha recaído en Mario Vargas Llosa. También hemos asistido a la muerte de un actor español entusiasta de su trabajo, un actor de la vieja escuela, Manuel Alexandre. Si alguna cosa vincula a ambos hombres, es sin la menor duda la pasión, una pasión enorme por la literatura y por el cine.

Más allá del Premio Nobel, que es algo subjetivo y una mera referencia social, nadie puede negar que Mario Vargas Llosa es uno de los mejores escritores en lengua española. Esperamos que la polémica alrededor del personaje no enturbie más el reconocimiento que merece su obra. Con ello no mostramos conformidad con las posiciones políticas del autor, no creemos que para reconocer la obra, el estilo, la estructura e incluso los contenidos de sus novelas haya que comulgar con su ideario, nada más lejos de la línea de esta revista que las posiciones políticas del autor peruano. Pero mentiríamos si no dijéramos que «La Ciudad y los Perros», «Conversaciones en la Catedral», «Lituma en los Andes» o cualquiera otra de sus novelas nos han dado momentos esplendorosos como lectores, e incluso ha podido influir en nuestro estilo.

Mario Vargas Llosa ha defendido a ultranza la pasión por la escritura y la lectura, dos caras de la misma moneda. Ha hecho de la literatura el pilar de su vida, su manera de acercarse a la vida, estemos o no de acuerdo con alguna de sus manifestaciones, también el ejercicio de la escritura y la lectura es una manera de ser incluso feliz y también de probar, experimentar, que al fin y al cabo eso es la vida en cierto modo.

Manuel Alexandre, por su parte, es uno de esos actores presente en buena parte de la historia del cine español. Comenzó a actuar en los años cuarenta y no ha parado hasta su muerte, actuando siempre en papeles secundarios, pero bien presente en todo momento. Al igual que el escritor peruano, el actor español nos ha mostrado que la pasión es un factor crucial en el arte y en la vida, que no están tan separadas como pretenden. Sin pasión, no hay vida, ni arte, ni nada.

Huelga decir que el mejor homenaje es leer, ver cine, apasionarse con la buena literatura, con la buenas películas. Es lo que más nos interesa de traer aquí a Mario Vargas Llosa y a Manuel Alexandre, recordar que nuestra vida es más plena gracias a la pasión que nos aporta el arte y que nuestra vida, sin arte, no sería vida.

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CRAPULATORIO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

QUE VIENE EL GATO

 

Desde la Tierra de argenta

vino un tipo singular,

poeta de los de absenta

y güisqui añejo en el paladar,

en el barrio de Gracia

tomó las riendas del pedal,

rimó en el otoño la rumba

y ebrio, muy ebrio su soledad,

casi se lleva a su tumba

el don de la originalidad,

él era un poeta Pérez,

gato, con mucho granito de sal,

él era la canción alegre

entre ventilador y vendaval,

forzaba la maquina a drede,

era gato que viene y se va,

él era ojo de mujer celeste,

él era el niñito de Mamá,

 él era la lagartija verde,

era mitad de media mitad,

era juerga en un pesebre,

era Rey de su contrariedad,

era una balsa de aceite

y agua con radio actividad,

era su deuda pendiente,

era improvisada realidad,

era rima que pisa valiente,

era lo inusitado y lo inusual,

mezclaba literatura

con virus de toxicidad,

mezclaba rito en su frescura,

temperatura en la levedad,

era mentira sin las costuras,

parafraseo sin redundar,

era lo común sin ser corriente,

era gato pardo en la ciudad,

 anestesia de mini-bar, dry latente,

delincuente de la ociosidad,

el son efervescente,

sabio de güisqui-bar, amigo ausente,

crapulatorio de nocturnidad.

***

 

ALGO SERIO

 

No me gustan las comedias románticas

por que el amor es algo muy serio,

el amor es algo tan serio

que bostezan las parejas su torpe repetición

en un lánguido pasillo sin auroras,

el amor es algo tan severamente serio

que muchos se tragan su orgullo

entre el bochorno del primer frío de calles

que gelatinan la baba del asco,

ante la moral que supera lo insuperable

y se hace vieja, y se vuelve inútil,

más inútil que el polvo que se sacude,

frente al daño que pellizca nuestra sed

cuando la voluntad es prieta impotencia

que enjaula al libre pero fugitivo intento,

el amor es algo tan despreciativamente serio

que muchos dan bandazos en lo mismo,

redundan como neonatos que maman,

como veteranos crápulas

que retroalimentan su adolescencia,

como agua en movimiento

que persiste entre la senda vegetal de acequia

porteando objetos vacíos por dentro,

busco rastro del ámbito donde todo sea

tan suavemente fácil

que estoy decidido a seguir engañándome,

quiero lo que está negado

y niego lo que es posible,

cierro todo un campo abierto

y abro dudas que son una medio verdad,

¿me contradigo en el placer sencillo

o me hallo entre lo imposible?

Las semillas custodian otro misterio infinito

y los laberintos son caminos huérfanos de horizonte.

Parece sencilla la vida

mientras la ingenuidad nos ilusiona,

parece pan comido este juego

y está podrido el postre más allá del ayer,

todos empezamos por dónde más nos gusta,

mientras fermenta nuestra exquisitez.   

 

***

 

LA CASA APAGADA

 

A Z. R. V. O.; vivimos nuestro

día a día sin olvidarla.

 

Son las cuatro de la tarde

y todo un bostezo ocupa el lánguido tedio

de nuestra siesta matutina,

el perro duerme, la cucaracha duerme,

duerme la paloma, duerme la polilla,

y la basura ha dejado de ser el único sueño,

las señoritas duermen boquiabiertas

y roncan panza arriba,

los meandros han escapado de cuclillas

por la puerta principal,

el aburrimiento se extiende

como un ocaso que pretende estar erguido,

tres seres durmientes

y tres computadoras en vigilia,

son las cuatro y media de la tarde

y la casa parece inmaculada,

la televisión con su sobremesa encendida,

y el ayer deja un rastro en el silencio,

solamente nos queda el feliz aniversario

y es lo que más nos duele.

***

 

LIFE ON MARS

 

Tú tienes la televisión

encendida para ti sola,

alternas entre Netbook

y programas amarillos,

yo me conformo con Bowie,

con café, con cigarrillos;

Tú tienes Play Station, Prozac,

y las aplicaciones del Facebook,

yo me conformo con unir palabras,

con tu voz contra mi voz,

con resumir en una frase

todo un día insoportable;

Tú tienes todo un mundo

para mirar bajo sospecha,

yo no tengo sospecha,

y miro hacia la nada,

mi mundo ya ni mira;

Tú tienes la luz de las bombillas,

la sombra en los umbrales,

los reflejos en los quicios,

yo me conformo con tus sobras,

con tus destellos pacatos,

con la luz de tus sonrisas.

Vivimos lejos el uno del otro,

yo creo ser de Marte,

Tú en Plutón olvidaste el bolso.

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Fuga en Do Menor

 

         Amaneció y los vecinos, al despertar, nos encontramos las calles repletas de furgonetas y coches de la policía. Agentes uniformados y armados hasta los dientes se paseaban por las aceras, a la espera de algo, no sabíamos qué. Qué ha pasado, nos lo preguntábamos todos no sin sorpresa y no poco de aprensión. Algo grave debía de estar ocurriendo, terroristas, murmuraban algunos con más que evidente exageración, para que se montara semejante despliegue, el mundo estaba muy mal. Pero no, al final, al poco rato, circuló de boca en boca algo que ya todos sabíamos: era por los talleres, se trataba de los telares de los chinos, el barrio estaba repleto de ellos, clandestinos, secretos, apenas visibles aunque conocidos por todos. Si uno paseaba por aquellas calles, apenas veía a los propios chinos, de tanto en tanto te cruzabas con alguno, silencioso, discreto. Pero los había a mares, aunque no los viéramos.

         Fue en las antiguas fábricas donde colocaron sus telares. Compraron los solares y los adaptaron con suma discreción. Trabajaban todo el día, incluso por la noche, y a veces, cuando volvías tarde, escuchabas el bisbiseo de las máquinas. Trabajaban en ellos cientos de mujeres. No lo veíamos, pero se sabía. A veces llegaban hombres. Los dueños, los gestores, los veíamos entrar en los locales y se iban rápido. Apenas se relacionaban con el resto de los habitantes, eran comos dos mundos que existían juntos, pero separados, sin posibilidad de contacto. Tampoco molestaban y por ello no nos interesamos por lo que pasaba dentro de aquellos muros.

         Bajé a la calle, fui al bar, a tomarme el primer café y leer el periódico. Me crucé con varios policías que parecían indiferentes a nuestra cotidianidad. No leí el diario, la noticia estaba ahí fuera. Llevan desde antes de abrir, me dijo Juanma. Vaya susto, le dije. Pues sí, respondió, hacía años que no había barullo aquí, desde las huelgas. De aquello hacía más de veinte años.

         Vimos de pronto como salían de las antiguas fábricas los policías con las primeras mujeres a las que rodeaban y guiaban hacia los vehículos. No parecían, sin embargo, peligrosas, y no lo eran, sin duda alguna. Miraban al suelo, como indiferentes, como ajenas a lo que les estaba sucediendo, absortas en sus pensamientos y, en definitiva, como si todo aquel jaleo no fuera con ellas. Las distribuyeron en las furgonetas. Parece que dormían en los mismos talleres, dijo alguien detrás de mí. Vaya vida, exclamó un hombre a mi lado. Seguro que ellas son las que menos culpa tienen, comentó una mujer. Siempre son los pobres los que pagan el pato, añadió no sin poca rabia y una pizca de resignación. Algunas furgonetas arrancaron y desaparecieron tras la esquina. Los vecinos miraban desde las ventanas o algunos se paraban en la calle. Se hizo un silencio tremendo. No apetecía decir nada más, todo era demasiado triste. No los conocíamos, a los chinos, sobre todo a las chinas, vivían en su mundo, pero no era bonito contemplar todo aquello y qué menos que sentir no poca piedad.

         Pagué el café. Salí del bar e hice varias gestiones antes de volver a casa. Abrí la puerta del portal, tenía ganas de dejar atrás aquel espectáculo. Me acerqué a los buzones y fue entonces cuando la vi. Estaba debajo de la escalera, escondida en un hueco amplio donde algunos vecinos dejaban las bicicletas, los carritos de los niños. Estaba sentada en el suelo. Temblaba. Me miraba con pánico. Nos observamos durante algunos segundos. Hola, le dije, y de inmediato me sentí algo imbécil por no haber sabido decir otra cosa, haber reaccionado de otro modo. Se puso a llorar. Sin sollozos, sin aspavientos, sólo derramaba lágrimas. Me acerqué. Ella se puso más tensa si cabe. Se echó para atrás, como si pudiera atravesar la pared que estaba a su espalda. Estiré los brazos hacia ella, lentamente, no quería asustarla todavía más.

– Tranquila. -Le dije.

– Tú no darme ellos.

         Su voz era como la de una niña. No sabría decir qué edad tenía. Fuera sonaron sirenas de la policía. Eso le asustó todavía más. Sube conmigo, le dije, y apunté hacia arriba, hacia la escalera, a mi casa, añadí. Me miró extrañada. No supe si me había entendido. Ven, le dije. Hice un gesto con la mano. Se levantó. Le dejé pasar delante de mí y empezó a subir las escaleras.         

         Llegamos al segundo piso. Es aquí, le dije. Abrí la puerta y ella entró. Se quedó quieta en el recibidor. Pensé que tal vez no se fiaba mucho de mí, lo podía entender, pero no tenía muchas opciones, o era la policía o era yo, en cualquiera caso la incertidumbre. Pasa, le dije. No sabía muy bien qué hacer.

– ¿Lavabo? -me dijo-, yo sucia.

– Ven.

         Le abrí la puerta del lavabo. Ella entró, avergonzada, tímida, cerré la puerta y fui hasta la sala de estar. Salí al balcón. Había todavía movimiento. Se iban algunas furgonetas, llegaban otras nuevas y de una fábrica cercana salían de nuevo grupos de policías con mujeres chinas a las que introducían en los vehículos.

         Escuché que salía del lavabo. Entré y fui a la cocina. Saqué varias cosas para que comiera. Agarró con ansia algo de fruta, tenía hambre, y mucha además, no lo disimulaba. Me fijé más en ella. Era joven, pero seguía sin poder precisar una edad. Me pregunté qué íbamos a poder hacer. No podría salir de casa durante algunos días. La policía iba a merodear seguramente por la zona, sin duda no sería la única china que había escapado y buscarían a las fugadas. Eso me hizo pensar en mi papel. Estaba escondiendo a alguien. No sabía muy bien si las acusarían de algo, pero de momento yo estaba ayudando a alguien a fugarse de la policía y eso, supuse, debía de ser un delito. Claro que no era lo que más me preocupaba, por mucho que nunca hubiera tenido problemas con la ley y no me apetecía mucho tenerlos ahora. Pensaba sin embargo más en ella. Mientras comía, parecía reducir su temor hacia mí, pero no iba a ser fácil, estaba seguro, que confiara plenamente. Claro que yo no sabía muy bien qué hacer, como ayudarla. Me sentí perdido, desconcertado. Por ella, por mí. El mundo me pareció de pronto un lugar tremendamente incómodo.

Juan A. Herrero Díez

 

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La Leyenda del Puente de Piedra

 

Por Cristian Claudio Casadey Jarai

 

El clima del pueblo era realmente caliente. Ese día en especial había sido demasiado sofocante, tanto que no había agua alguna capaz de calmar la sed de Pedro, el jornalero.

El trabajo en el cafetal había sido especialmente duro esa vez. Las alimañas picaban sin cesar su sufrido cuerpo. Las gotas de sudor que se deslizaban por su frente nublaban su fatigada vista. Por suerte sus labores ya habían concluido. La noche se acercaba sigilosamente.

El patrón, satisfecho con las tareas realizadas por Pedro, resolvió obsequiarle un gallo muy obediente y fortachón. Pedro estaba muy feliz con semejante regalo, por lo que agradeció mucho a su jefe y emprendió su recorrido.

El camino hacia su hogar era largo y sinuoso. Las montañas parecían burlarse del hombre, quien en su pesar no hacía caso alguno de las bromas de la naturaleza indómita.

El manto oscuro y estrellado le jugó una mala pasada. La falta de luz hizo que pedro equivocara su trayecto, por lo que llegó hasta un río cuando se dio cuenta de su error.

–   ¡qué me lleve el diablo! ¡Maldita sea mi suerte! – Gritó lastimosamente Pedro.

Un repugnante olor a azufre impregnó todo el ambiente. El Demonio en persona había acudido ante el llamado de Pedro, quien transpiraba todavía mucho más que antes.

–   Ayúdame Satán – Dijo pedro.

– Aquí estoy a tu servicio – Contestó educadamente el Diablo. Pedro nunca imaginó que el famoso Príncipe de las Tinieblas era un tipo fino y educado, con buen porte y muy elegante.

– Conozco tu problema y sé que te has perdido. Puedo ayudarte a llegar a tu casa a cambio de un favorcito – Habló con cierta malicia el Maligno.

– ¿Y qué quieres de mí? Sólo soy un pobre jornalero que no tiene fortuna, mi único deseo es retornar a mi ranchito con mi esposa y mis queridos hijitos – Replicó con pesar Pedro.

– Construiré un puente de piedra sobre este río a cambio de tu primogénito.

Pedro lo pensó detenidamente. Necesitaba aquel servicio, pero el amor a su hijo no le permitía realizar semejante sacrificio cruel.

– Está Bien Satán, pero con una condición – Sentenció Pedro – Debes terminar el puente antes de que cante mi gallo al amanecer.

– Muy bien, que así sea entonces – Exclamó impaciente Lucifer.

Con todas sus fuerzas el demonio sacó y sacó piedras desde las profundidades de su Reino. La velocidad de Belcebú era verdaderamente escalofriante. Pedro estaba anonadado con el espectáculo infrahumano que transcurría ante su vista. El gallo se había despertado y miraba como el Diablo trabajaba sin cesar.

Ya casi estaba por amanecer. El Demonio sonreía placenteramente al instante en que sólo le faltaba colocar la última roca en el puente. Pedro, ni lento ni perezoso, hizo cantar de un puntapié al pobre gallo, quien lanzó su quiquiriquí como si fuera el último. Lucifer, engañado, se refugiaba en el abismo del Averno, mientras Pedro soltaba grandes carcajadas.

– No debí de ser tan confiado. Me has ganado en verdad, hay gente más deshonesta que yo – Pronunció Satán.

Y así fue como el famoso Puente de Piedra fue creado hace muchos, pero muchos años.

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Muerte por Amor

En una oscura y húmeda callejuela a altas horas de la ya entrada noche, una mujer muy bella  iba caminando sola, por esas calles empedradas en las que sumergía sus pensamientos y en las que quería ver su reflejo; iba ataviada con un gran vestido de gala, con bordados, y piedras preciosas que se cubrían por una capa negra, que ocultaba desde el color de  su cabello hasta la punta de sus pies.

No importaba si pisaba un charco y ese lodo la ensuciaba, no pretendía nada. Sólo caminaba y pensaba. El frío del otoño hacía que se perdiera entre la húmeda neblina que oscurecía más su cabello, como las lágrimas que iba derramando al hacerse presa de un pasado, de un dolor… su cara (ella pensaba) era cómo una máscara, un disfraz, como si en alguna ópera hubiera estado, enmarcando sus labios rojos y sus lágrimas negras causadas por su mismo maquillaje.

Lo único que se escuchaba esa noche era el eco de sus pasos… y en eso, dentro de un parque, voló un ave,  un ave de color negro y salvaje;  era un cuervo y su aleteo, despabiló su mirada y descubrió su faz, al quitarse la capucha de esa capa, dejando enmarcada su blanca y mortecina piel al reflejo de la luna…

El cuervo croaba, pero ella no sabía lo que decía, no le entendía, la veía con recelo, lujuria y pasión, como un ardor enfermizo… y ella hipnotizada por esa mirada encarnada en el propio fuego del averno lo miró y se enamoró de él, sin saber el cómo, ni el porqué.

Su  misma mirada brillante lo atrajo hacia ella y él se posó sobre su hombro izquierdo, ya no se escuchaba nada más que el silencio en esa noche oscura y fría de otoño.

En ese instante, el cuervo, con su afilado pico, le quitó la capa, haciéndola trizas y acabando en el suelo, vio sus lindos hombros desnudos, blancos como la leche y quiso darle un beso; más no pudo,  y así enterró su pico en su cuello, y  mientras la sangre salía a borbotones, el mismo cuervo se entusiasmó más y con su mismo instinto animal y sin piedad, clavó sus garras en ella, y su pico en una de sus clavículas, para así, alimentarse de la sangre de una mujer que lo amaba, penetró en su carne, y con tanto dolor, ella murió, sin decir una sola palabra…

Ya que el cuervo se alimentó con su sangre y se comió su corazón, lleno de amor por él… la dejó muerta y sola. Nadie supo que pasó con ella, pero si pasan por esa antigua avenida de Londres, todavía se escuchan los pasos de aquella dama que se conjugan con el aleteo de un ave nocturna, una que desapareció también, una que se fue a su mismo infierno, dónde se confundió con el fuego de sus ojos y la oscuridad de esa noche, en la que mató, a la única mujer que amó, por desesperación y ambición.

Aquella a la que se unió y con la misma que en un charco de sangre desapareció.

Barbara Wall

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POEMAS DE NETBOOK EN EL BALCÓN

 

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

A LA GENERACIÓN DEL 50

 

Os veo juntos fotografiados y parece

que estáis delante de un fondo arrasado

que sabe a tapia de cementerio,

a nicho y sepultura verticalizada,

que sabe a gris fermentado en lo demás,

que sabe a madera podrida hace años,

Miro vuestras fotografías y veo

el añil sediento de ansiedad a bocanadas

y de coñac sombrío y enmohecido,

a todo vuestro repetido Padre Nuestro

como un cuajo negro de silencioso humo,

a la sábana oscura que os enseña

la efigie inocente de otro orbe perdido en este.

Os veo en la foto y os echo de menos,

recreo mi libre pensar pisoteando

[el no-vuestro, pisoteando la fruta prohibida,

siento pena por vuestro tiempo

y por los demonios de vuestro día a día

siento repugnancia completa. 

***

 

EL NIÑO DE ABAJO

EL LOCO DE ARRIBA

 

El niño que vive abajo

le pregunta a su mamá:

Mamá, ¿el vecino de arriba

está loco?

Su madre dice que sí,

con las mismas le pregunta:

¿Por qué, mamá?

¿Por qué se vuelve

la gente loca?

Entonces,

solamente entonces

su madre le dice: No seas curioso,

hijo, no lo quieras saber todo,

ya lo sabrás cuando seas mayor.

Ya mayor

 la pregunta es otra.

***

FACEBOOK

 

A veces hay alguien en Facebook

que quiere ser tu amigo,

solamente porque ha visto

tu triste fotografía,

no te ha visto en la vida,

pero quiere conocerte.

A veces hay alguien en El Bús

que rechaza ser tu amigo,

solamente porque ha visto

tu triste día a día,

 cruce de miradas en la vida,

 nadie quiere conocerte.

¿La timidez es cobardía?

¿Para conocer basta con verte?

***

LINUX, I LOVE YOU

 

Pensamiento libre,

Libertad de expresión,

Software libre,

Cibernética Anarquía,

Libre caminar,

Cultura Gratuita,

Download Free,

Información Gratis,

Socialismo Global,

Outsider on New York,

Insider on My Home,

Freedom on Silicon Valley,

Freedom for Tibet,

Libertad Sexual,

Poder elegir Adónde,

Nombre común a todas las cosas,

Deshazte del nombre propio,

Infancia Respetada,

Hambre zero,

Jubílate pronto,

Calidad de vida,

Ciencia gratuita,

Inversión en desarrollo,

Mundo Sostenible,

Energía Ecológica,

Primeras necesidades cubiertas,

Educación liberal,

Sentimental Educación,

Drogas Legalizadas,

Todos Somos Lo Mismo,

La Misma Cosa es El Mundo,

Abrid las ventanas Ya,

Que corra el aire Libre,

Hacedle que pase,

Decidle aquello de

COMO SI ESTUVIERAS

EN TU CASA.

¿Por qué no queréis cabrones?

Todo sería más fácil.

***

 

BLOGGER-NADIE

 

No tengo cuatrocientos seguidores,

Ya no reseño ningún libro,

por que la admiración está lejos

de la gratuita gratitud,

Enlaces: los justos,

Banners: solamente amigos,

Escribo lo que me da la gana,

algunas veces hablo de la tele,

otras de mi pasado reciente,

otras, no sé ni lo que digo,

tengo cátedra en tele-basura,

tengo menos visitas que un spam,

mi alma es correo no deseado,

me perjudico el nombre

con tanta redundancia,

ganas de repetir esa cacofonía,

me quedo solo

por que se cansa el lector

de la rutina,

escapo de misantropías

para lindar en la miopía.

Sin embargo, no pienso cambiar,

no venderé esta chupa

por más que pique,

me gusta la franela dura,

que abrigue, que proteja,

que dure, odio el poliéster.

Ignórame si quieres,

Despréciame si gustas,

Hackéame mis audios,

Saquéame las fotos,

Te doy mis poemas gratis,

No me dejes comentario.

Disfrázate de nylon.

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VERSOS SIN BAUTIZAR

Por Cristian Claudio Casadey Jarai

 

Cofre de tu vientre

Cárcel profunda

Portas un bosque

A toda la humanidad

Hemisferio casi perfecto

Círculo místico

Llevas en tus entrañas

La salvación del mundo

No permitas que te separen

No permitas que te humille

Sigue hacia adelante

Deja atrás el orgullo

Vida innoble y tirana

Que se desquita con los débiles

Llevarás tu propia cruz

Tan pronto hables sobre la verdad

Pero eso no te importa

Amas la justicia por sobre todo

Y no la de los hombres

Sino la verdadera

La que proviene del Altísimo

Sabiduría en tus venas.

***

Con su roldana de acero

El carcelero va borrando los años

Trozos de carne en el metal

Pedazos de alma en sus llaves

La puerta siempre permanece cerrada

Ya no hay visitas ni visitantes

Soledad inmensa

Que abraza inmisericorde

La oscuridad que rodea el claustro

Silencio embriagador

Que destiñe locura y ansiedad

A cada instante

A cada momento

En cada rincón

Pues nunca pasa nada

Nunca se mueve nada

Solo la espera

De quien no tiene salvación.

***

Cuchillo de pedernal

Que se levanta ante la fatalidad

Del incendio de tus sentimientos

De la frustración acumulada

Décadas de lluvias

Que desgastaron tu corazón

Que malograron tu existencia

Que arrebataron tu amor

Ruinas y desventuras

Lugares apartados

Buscas en vano tu lugar

Buscas en vano tu destino

No sabes que ya se ha ido

Y no ha dejado señales

Para que lo puedas encontrar.

***

Mudanza en el firmamento

Los dioses no desean más

Que nadie se entrometa

Que nadie ore

Que nadie suplique

Que nadie los ame

Que nadie los perturbe

Que cada uno viva su vida

Sin importar nada más

Pues nunca bajarán del Olimpo

Ni volverán del Valhalla

No descenderán al Averno

No intervendrán más

Solo ha quedado el hombre

Merced a su elección

No hay dioses que prohíban nada

Nada hay ni nada habrá

Solo ha quedado el hombre

Desprotegido ante la vida

Desnudo ante el destino

Desbaratado en su interior.

 

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POEMAS DESDE EL SOFÁ

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

NECESITO

 

Necesito escribir ahora este texto.

Quizá, por la soledad inmensa que supone

subir por la cuesta vertical del día a día.

Hoy, han venido todas las facturas a la vez.

Los vecinos me miran mal, ven a un moroso,

los bancos son sanguijuelas insaciables

y han perdido el corazón,

los políticos dicen que hacen cosas

para el ciudadano,

y lo que hacen es un obstáculo constante

que a ellos les favorece.

Necesito escribir ahora este texto.

No voy a pensar en métrica alguna,

no voy a utilizar aliteraciones,

no voy a explicarme con aforismos,

solamente quisiera

escapar de este triste mundo.

Quisiera ser lo más salvaje posible,

que las cifras no sean mis carceleras,

si tengo hambre salir de cacería,

si tengo sed tratar de consolarla,

si tengo sueño dormir en lugar seguro,

soy totalmente analfabeto

en el tema del cómputo, también en las rutinas,

solamente quiero entender

por que hemos hecho de esta vida

 un negocio, negocio rentable para algunos,

un negocio que incremente,

un negocio para y por todos, por y para nadie,

un negocio que es un yugo,

hemos dejado todos la sensibilidad

en los trasteros y en los sótanos,

el humano es deshumano,

no existe la conmiseración,

todo tiene su precio,

nadie da nada sin recibir algo a cambio,

tengo la necesidad de escribir esto,

tengo la necesidad de anestesiarme,

dirán que soy borracho, que digan lo que quieran,

por todo han de criticarme,

yo no diré nada, para que no me encierren,

que digan lo que quieran,

a esto llaman calidad de vida o superávit,

a esto llaman sociedad del bienestar,

a esto llaman primer mundo,

a esto llaman sociedad liberal,

yo quiero vivir en otro mundo, un mundo

donde la humanidad fuera posible,

quisiera escapar de esta mentira

y de esta superficial mojigatería que me sigue

los pasos a un medio metro de distancia.

***

 AMOR: QUIEN LO PROBÓ

LO SABE

 

En el amor

se mezclan las mugres con las tiñas,

lociones de afeitar con crecepelos,

misántropos con antropófilos,

el gentío de las riñas con los trasiegos,

se mezclan el sí de las niñas

con el no de los niñitos buenos,

el olor de las maduras piñas

con insípidas peras que saben menos,

se mezclan el álgebra y el logaritmo

 con la verbigracia del alfabeto,

se mezclan la poesía de las posologías

con la prosodia de los prospectos,

se mezclan la geometría del poliedro

con la química del ibuprofeno,

se mezclan las metáforas y las paradojas

con la metafísica del parafraseo.

(continuidad achicando sílabas)

 

 Blanquean su maña

los negros garbanzos,

se oportuna la muerte

en pos del oportunismo,

se vive y se desvive

en la cama o al raso,

y en camastro o en claustro,

se aprovechan litigios

entre pitanzas calientes,

entre ardientes molientes,

entre verdades sin dientes;

 el bitute, el lonche o el piscolabis

se lo guardan para mañana,

para cuando no hay.

No es ya convenido el amor

desde la cuna hacia el lecho,

para la entrepierna y el pecho,

entre el suelo y el techo.

Es conveniente ahora casarse

con trecho y sin pertrecho,

sin dicho y con hecho,

el divorciado aprende derecho.

Se apropian los amantes

de lo suyo y lo ajeno,

de lo impropio y lo apropiado,

del improperio y lo enajenado.

Se saca y se mete

según se pise,

bosteza la siembra

por simiente ya yerma,

por simiente fértil

la siembra siempre florece.

Igual es amor conuco que truco de cuco,

se suplanta el tuco caduco

por pañal, sonajero y patuco.

De fiesta a festín,

quien ahorra en pacata verbena

la goza en batín.

De lumbrera a tarugo,

si la dicha es bella madrugo,

si la casadera es verdulera

lamentan su yugo,

si la soltera es fea de veras

la catan solo en primavera,

como quien pica mendrugo.

 

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