16º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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16º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

LXº de la 2ª etapa/01-10-2011

 

Editorial LX

Cine, cine, cine … más cine, por favor

El mes de septiembre es un mes especialmente dedicado al cine. El mundo del celuloide se da cita en Venecia y San Sebastián, se acude con bambalinas a las muestras y se compite por los premios correspondientes, en una concurrencia a veces feroz. Además, el espectáculo siempre está servido, ruedas de prensa, polémicas en la concesión de premios, comentarios, prensa acreditada, una rueda de molinos que se repite año tras año. En Septiembre, además, se elige la película española que debe acudir al certamen de los certámenes, el Oscar de Hollywood, como candidata a la mejor película de lengua no inglesa.

El mundo de la competencia entra de esta manera en el mundo de la cultura y los festivales devienen, de este modo, en un espectáculo más en un mundo mercantilizado donde todo se vende y todo se compra. Evidentemente, rechazamos la idea de esta competición como medio de darse a conocer y de propagar la cultura. No creemos que el arte sea cosa de mostrar músculo y acreditarse como el mejor, al fin y al cabo cualquier concurso no deja de ser un tribunal al que le gusta una determinada película -o un determinado libro-, no porque sea el mejor, el único merecedor de la gloria, sino por la sencilla razón de que le gusta al tribunal correspondiente. Es verdad que buenas películas han sido galardonadas en los muchos festivales que en el mundo hay, igual que buenísimos escritores han recibido premios, pero también es verdad que cientos de películas buenas que nos hacen soñar, sentir y gozar no han obtenido ni siquiera una mención en los múltiples festivales, del mismo modo que Borges nunca recibió el Nobel de Literatura. Ni falta que le hizo.

Soñamos con un mundo en el que las películas o los libros no compitan por un premio arbitrario, sino que aspiramos a muestras donde se hable del arte de contar, nada más, sin necesidad de todas esas histriónicas (en el peor sentido) escenas de guapos y guapas loados por desconocidos convertidos en meros espectadores de la función.

Convierten al arte en mera exhibición de variedades. Nada más odioso, creemos, que los festivales y los museos, donde se guarda, como verdaderas reservas indias, las esencias del arte que ya nadie entiende. Lo han mercantilizado todo en nuestras vidas, incluido la capacidad de soñar, de contar, de escuchar historias, de verlas. Lo vemos en la literatura, donde las ferias le quitan protagonismo a las charlas amigables de café, a las tertulias, al aprendizaje, pero sobre todo lo vemos en el cine, gran espectáculo del mundo, no en vano nacido en la cuna del capitalismo tardío.

Ya es malo la mercantilización del mundo, pero todavía más lo es cuando se trata de este ámbito que nos resulta importante, íntimo, fundamental. Abogamos por muestras de cine, sí, pero sin premios, sin bambalinas, sin estrellas paseándose a la vera del mar, muestras que se vuelvan charlas donde actores y espectadores se reúnen para hablar de las películas, del mismo modo que nos interesan más los intercambios de libros, las tertulias amigables de café que las grandes escenificaciones casi teatrales, tan en boga hoy en día.

En medio de esta vorágine festivalera, un pequeño dato positiva: la película elegida por España ha sido una cinta hablada en catalán. Por una vez se muestra sensibilidad por la variedad cultural de nuestros países. Creemos que lo importante no es tanto la lengua en que se hable, sino la riqueza y variedad de un mundo donde todas las expresiones son bienvenidas. Pero para reconocer y elogiar esto no necesitamos el Óscar ni ningún otro premio.

 

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AYUNO Y MITOMANÍA

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

ODA A DANIEL JOHNSTON

 

Daniel canta, desafina, expláyate,

canta y escápate del McDonalds,

visita el McDonalds solo para engullir,

desátate y escapa de los mediocres,

de los seudo-filántropos y del estereotipo,

de los amantes de lo convencional,

de los clichés y las normas establecidas.

Canta porque el que canta

se hace ligero y se acerca a Dios,

desafina y crea tu nuevo lenguaje,

   no desayunarás en Tiffanys

pero eructarás junto a la cloaca

del mundo, eructarás con ganas.

Serás parte de los otros, los excluidos,

serás parte de nada para ser un todo,

eres un ser maravilloso, soltero,

enfermo y gordo, pero maravilloso,

pocos pueden decir lo mismo.

Tú y tu diablo sois uno solo,

si crees en ti también creerás en tu diablo.

No dejes de ser tú mismo.

***

IPSE DIXIT

(LA ETERNA SEMILLA)

 

Se quedó asombrado, sorprendido,

al ver lo que sentenciaba con acierto.

Era tan certera la predicción en la canción,

era tan aguda la visión que leía de él

en esos poemas que su asombro

le evocaba cierta sensación de misterio,

que su sorpresa inusitada

le creaba quizá alguna leve inseguridad,

¿era inseguridad? ¿Era la sensación

de sentirse marioneta manipulable?

Era la sensación de verse

destinado hacia un final que los demás

intuían, sospechaban,

se atrevió a preguntar: ¿sabes mi futuro?

¿Mi destino está escrito?

A lo que él poeta le respondió:

No es tu futuro el que conozco,

solamente conozco tu pasado.

Nadie predice el futuro.

El destino no está escrito.

Sentenció este poeta amante de las hogueras.

Este poeta se llamaba Joe Strummer.

***

 

JAULA DE GRILLOS

 

Si yo fuese todo aquello

que dejé en el camino para no ser nada,

si yo fuese todo aquello

que dejé en el camino para no ser nadie,

para ser mucha nada y mucho nadie,

para ser un don nadie entre doña nada,

seguramente ahora sería feliz,

Manrique Jorge tenía toda la Razón

cuando dijo aquello de:

cualquier tiempo pasado

siempre fue mejor, mucha Razón,

si yo amontonara todo aquello

que despojé de mi persona

para ser fracaso antes que victoria,

otro gallo me hubiera cantado

en lugar de sonar esta jaula de grillos.

Y ese montón pesaría en las gentes

antes de ser liviano todo lo que dejé atrás.

***

 

AVISO PARA INCAUTOS

Y PARA LOS NO-NORMALES

 

Un día como tantos días, un día

casi igual o igual que todos los días,

pararás a compararte, pararás

a definirte, un día en el que todo parecerá

seguir su curso, la pubertad quizá,

o quizá siga su curso la rutina diaria,

un día algo dejará de funcionar,

verás que aquellas cosas que antes

te conmovían hoy no lo hacen tanto.

Sentirás que ya no conspira el mundo

para que conquistes la cima,

sentirás que en la casa de tus padres

han cambiado los muebles de sitio,

sentirás que respiras distinto,

sentirás que ya no tienes

lo que antes se te daba sin esfuerzo.

Verás al ciudadano-medio insertado

en la gran autopista colectiva,

te sentirás extraño en los espacios

públicos y allí en las zonas comunes,

comprenderás con el tiempo

que tu tiempo ya concluyó,

te encerrarás para sobrevivir

a la ley de los mediocres.

Un día como casi todos los días

verás a tu sueño doblar la esquina,

tu vida de rutina y monotonía

pasará de página sin previo aviso,

un día llegarás a la conclusión

que no hay conclusión que valga

y que todo ya ha concluido,

un día se vaciará tu vaso de juventud,

se consumirá tu último cigarrillo,

y buscarás sin éxito asociación

de víctimas y de mutilados,

buscarás que te den un consejo

en los momentos aquellos de crisis.

No sabrás, quizá, si estás muerto o vivo,

verás que el reloj ya no es reloj,

y que la muerte ha metido su hocico

en las habitaciones de la soledad,

verás que la vida guarda mentiras

y que una gran verdad para todos

no es tu misma verdad,

la verdad de que caducan los postres

y las pasiones se hacen despojo,

primero serán las pasiones,

después los recuerdos serán luz de gas,

querrás luchar contra el mundo,

pero imposible será evitarlo.

***

 

UN DECÁLOGO

EN UNA SALA DE ESPERA

 

La primera vez que leí el decálogo

me sentí salvado entre tanta responsabilidad,

entre tanta protección legal,

después, cuando conocí al gañán,

cuando conocí al inepto, al papanatas,

cada vez que esperaba en esa sala de espera

se oían mis carcajadas por el pasillo,

cada precepto que leía en ese decálogo

era pura diversión por lo inverosímil que era,

el abogado era todo lo contrario

de lo que aquel decálogo propugnaba,

cada precepto era un chiste malo

que causa risa no por ingenioso,

sino por lo absurdo y contradictorio.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por *Rafael Hilario Medina

(*Publicada una entrevista de este autor en la revista)

 

el alba precedida por el rastro nocturno de los astros enarbolaba el pálido fulgor de sus labios      el día    roto su negro caparazón de brumas   se apresuraba a ser alimentado      a ser vivido     pronto la corona azul del viento regiría sobre el oscuro mar de los presagios           te amo   susurraban las tijeras del humo al borde de las fuentes        te amo   clamaban soterradas las uñas de la noche a la vasta soledad de los caminos     te amo   repetía la sutil libertad de mi deseo unido al ligero temblor del tuyo      única      fugaz    desconocida   te amo    recuerda el incesante eco de mi sangre en tus venas

De Cifra del sueño (1993)

No las banderas blancas en el lugar del crimen, no el abrazo de las alambradas, no la vehemencia equinoccial del vino, no las resoluciones del círculo y sus feroces trampas aleatorias; Sombramientras un guante descolorido y olvidado trenzara los nudos corredizos del porvenir aceptaba la lógica de lo absurdo, esas terribles manifestaciones que obedecían al orden de una realidad estrictamente implacable.

«Escucho el profundo lamento de las almas de los condenados –afirmaba.

Y los cimientos del orbe súbitamente parecían resquebrajarse.

—«Oigo gemir las piedras bajo las negras aguas pantanosas decía.

    Y la luz atrapada en la circunferencia de sus límites empezaba a extinguirse.

—«Veo un penacho de humo ascender a los cielos a través de una ventana –precisaba.

Y el día ultrajado presentía su inminente derrota.

—«El hálito del viento atiza las fauces del fuego –sostenía.         

   Y el aire entumecido jadeaba desgarrado.

 —«La torre arde sumisa, distante, silenciosa         

subrayaba.

Y el tiempo sucumbía, cómplice del exterminio de las llamas.

«Un montón de nubes negras y aullidos es todo cuanto en la oscuridad percibo –advertía.

Y las confusas voces se expandían insepultas.

—«En el fondo hay una hoguera y cuerpos calcinados y despojos— aseguraba.

Y el mundo era pasto del fuego.

—«Más allá, en la otra orilla, las almas descarnadas aguardan el último suplicio concluía

Ahora, empero, en el preciso instante en que únicamente su voz es capaz de redimirme, aquella cuyo nombre es un arco luminoso, duerme; y su sueño, del que un ángel sin rostro entra y sale a voluntad, es mi eterna vigilia. ¡Oh tú que me escuchas sollozar confundida entre la estación de la nada y el olvido, viajera solitaria que cada noche te tiendes desnuda en las aguas de mi corazón silencioso, es hora ya de que rompas tu mutismo!

Y ella, ahogado temblor de arpa perdida:

    —«En el fondo del pozo hay un espejo.

Y yo, árbol hendido de nocturno acento:

«Tocar el fondo es convertirse en polvo.

Y ella, campanario de ojos sumergidos:

«La luna del espejo es como un río.

Y yo, orfebre desterrado de sus ojos:

«Aprender a ser nadie entre los otros.

    Y ella, onda herida en la orilla:

«La corriente del río es una espada”

Y yo, presidiario del tiempo fugitivo:         

    —«Enfrentarse sin fin contra la muerte.

Y ella, oscura raíz del grito:

—«La espada como el fuego nos redime.

Y yo, ancla en la arena abandonada:

—«Retornar a la nada del principio.

Y ella, torre bermeja de los plenilunios:

—«Cómo liberarme de la nada de la angustia?

Y yo, voz doliente clamando en el vacío:

—«¡Desúncete, Sombra, del abrazo de la noche!

 

  

 

Confundidos bajo los pétalos de la más bella flor del estío atravesamos el jardín. La luna adormecida parecía flotar desnuda sobre las aguas del estanque. Contra los oscuros designios  de las olas la codicia del sueño nos arrastraba. El viento iba de uno a otro costado de la tierra. En las inmediaciones del puente de la bruma, justo en el lugar donde a menudo deliraba el ferviente seno de la viña, el pálido fantasma del porvenir nos sorprendió: «¡Oh Fugitiva! –aulló al pie de los trémulos peldaños de la llama– ¡Si la luz de súbito invadió el espacio que en el aire ocupaba la furia de tu corazón devastado, fue para impedir que el dolor asumiera la total posesión de tus dominios! ¡Oh Fugitiva! ¿Qué añoranza alienta la soledad de tus deseos contra el reflejo de la duda semejante?» Fiel, empero, al resplandor que sustentaba la línea de nuestro destino, la balanza del tiempo nos precedía. A esas alturas  del camino, en cambio, traspuesto ya el pórtico de los corceles, ni la furtiva rueda del Azar ni la descarnada rosa de la Vigilia conseguirían separarnos. «¡Oh  Fugitiva!—susurró perdido un eco mientras ganábamos la firme claridad de otra orilla—Sobre el arco luminoso de tu frente combatían  el trébol, los labios de la tormenta «¡Oh Fugitiva!». El piar de los pájaros de la cima eclipsaba la lira del  cielo.

De Sombra de Alondra (2002)

 

 

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El patio

Me quedo ensimismado en el lavabo mientras contemplo desde la ventana el improvisado parking que hay detrás del edificio. Son varios los coches aparcados, todos ellos de buena gama, muy en la línea del barrio. Aun cuando el patio está algo abandonado, se mantiene cierto rigor, como un orden establecido y controlado, el de un descuido predispuesto y no sin poco acicalamiento: hay algunos hierbajos aquí y allá, un recipiente viejo que debió de servir para almacenar grano o tal vez líquidos y una pared completamente desconchada enfrente al bar en el que estoy. No parece en absoluto uno de esos rincones desamparados que suele haber en las partes pobres de la ciudad. Da la impresión que cada cosa está en su lugar. Los coches, supongo, ayudan a que el rincón parezca lo que es, al igual que la otra fachada del edificio que veo de lado, pero en la que distingo sus grandes ventanales abiertos y que dan también un toque de eso que llaman distinción pero que no es otra cosa que la simple y llana posesión de dinero, algo que a mí, sin blanca, me anda angustiando últimamente.

No es que me obsesione, pero ando un tanto preocupado. Me agobia la falta de perspectivas, sin embargo, ese día decido no pensar mucho en ello, no angustiarme más, mientras contemplo al hombre acercarse al que debe de ser su vehículo, un audi, creo, que yo de coches no entiendo mucho, y de color oscuro. Va trajeado y lleva una cartera marrón de piel. Abogado tal vez, me digo, porque viste en la forma que yo imagino que visten los abogados, al menos los que yo he visto, que no son muchos, la verdad, pero los suficientes como para hacerme una idea. Se acerca a la puerta, lado conductor, y se queda un instante pensativo, como si tuviera que reflexionar lo que ha de hacer. Abre al fin la portezuela y entra en el vehículo. En ese momento me fijo en el chico que aparece desde el otro lado del patio, de entre los coches aparcados. Se acerca con lentitud, como si nada tuviera que ver con el espacio en el que está ni con el primer hombre. Lo observo acercarse. Se queda a pocos metros de la ventanilla del conductor y no logro distinguir si hablan o si simplemente el chico se queda mirándolo, tal vez provocador, tal vez curioso. No me parece que intercambien palabra alguna, al menos no habla el chico, le tengo enfrente, a algunos metros, y puedo distinguir perfectamente que su boca no se abre, su rostro permanece impávido, sus maneras son quietas, pasivas. Pero de pronto realiza un rápido gesto con su mano derecha y saca de debajo de su chaqueta un objeto que en ese instante no distingo pero que con el rápido movimiento hacia atrás y el ruido que le acompaña sé que es una pistola. Sale corriendo un segundo después.

Nunca he visto matar a nadie. En la realidad, digo, en la calle, a pocos metros delante de mí. Me quedo quieto, no sé si sorprendido. Ni me pongo nervioso ni me tiemblan las piernas.

Se asoman algunos rostros por las ventanas abiertas del edificio de la derecha. Tres hombres entran en el patio desde la calle y se acercan al coche. Uno de ellos llama desde un teléfono móvil. No se acercan al vehículo, hay un gesto de otro de los hombres que indica, más bien lo ordena, que no se aproximen. Debe de estar muerto claramente, me digo, de lo contrario le ayudarían. No tardo en escuchar una sirena y un coche de policía entra por el pasaje que une el patio con la calle. Después entran otros agentes a pie. Se oyen más sirenas y entra en el patio una ambulancia. Los sanitarios se acercan al coche mientras se ponen unos guantes. Abren la puerta del lado conductor y uno de los sanitarios introduce medio cuerpo en el coche mientras su compañero apunta en un papel. Hay más rostros asomados a las ventanas. Llegan cuatro hombres vestidos de paisano pero que claramente son policías. Miran hacia los cuatro lados del patio y cuando miran hacia aquí me echo para atrás. Salgo del lavabo. En la sala, en ese momento, hay otros policías de uniforme que hablan con los pocos clientes. Será un instante, va diciendo uno de los agentes cuando aparezco, les tomaremos la filiación y sólo queremos saber si han visto algo. No se fijan en mí. Uno de los policías de paisano que acabo de ver en el patio entra en el bar. Hace una rápida ojeada de quienes estamos dentro. Va pidiendo la documentación uno a uno. Hay un breve intercambio de palabras con los otros clientes y que yo no oigo porque hablan bajo o porque tal vez estoy aún aturdido y a cierta distancia del resto. Cuando se me acerca le entrego mi carné de identidad.

– Ha visto usted algo. -Me pregunta.

Lo contemplo y tardo unos segundos en contestar.

– No. Estaba en el lavabo.

– Me puede dar un teléfono de contacto. Por si acaso nos tenemos que poner en contacto, nada más.

Se lo doy.

– Gracias. -Me devuelve mi carné.

Me quedo quieto, sin saber muy bien qué hacer. Dos policías hablan con dos de los clientes que han debido de ver algo. El policía de paisano nos dice al resto que nos podemos marchar si queremos, que intentarán molestarnos lo menos posible.

Salgo a la calle y veo grupos de personas agrupadas a lo largo de la cera. Apenas se habla, se escuchan algunos murmullos, nada más. La noticia del crimen ha corrido como la pólvora, no sólo en la zona, también en otras áreas de la ciudad, sin duda. Distingo a algunos periodistas entre la gente, los distingo por las cámaras de fotos o de televisión. Debe de ser alguien importante, me digo. Luego, en las noticias, me enteraré de los detalles.

Mientras viajo en el bus intento no pensar mucho en lo sucedido, pero se me aparece una y otra vez lo que vi desde la ventana, en el patio, y por momentos me hago a la idea de que tal vez no ha sido real, que todo fue una escena, algo fingida, absolutamente quimérica. El rostro del muchacho brota entonces con fuerza. Me pregunto entonces si la policía volverá a contactarme, si sospecharán algo, que he contemplado lo que ha ocurrido o que pudiera aportar alguna información que, intuyan tal vez, he ocultado. Siento algo de zozobra, pero me tranquilizo de inmediato, si me hubieran visto en la ventanilla, me lo hubieran dicho.

En casa enciendo la radio. Hablan del suceso, el asesinado es un político, miembro de no sé que junta de asesores. Se reproducen las condenas, las declaraciones habituales, son una banda de asesinos, matan por matar. Como con el runrún de la radio y luego intento leer, pero la inquietud no me deja concentrarme.

A media tarde salgo de casa y me dirijo al centro. Es viernes y la cercanía del descano se respira ya en el ambiente. Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza lo ocurrido por la mañana. Me voy encontrando con conocidos, nos saludamos, sólo dos comentan lo del atentado, lo susurran apenas, como si temieran que se les escuchara hablar de ello. Me encuentro con Susana en el bar de siempre. Nos instalamos en la barra. ¿Cine?, le pregunto. Tiene elegida la película. La sesión empieza en una hora, tenemos tiempo, pero optamos por salir ya, acercarnos a la sala a pie, no estamos muy lejos, nos apetece un paseo. Cuando salimos, me lo encuentro. Nos miramos. Me sonríe.

– Cómo te va. -me pregunta.

– Bien, y a ti.

– Como siempre.

Callamos un momento y nos miramos. No sé si él sabe que yo sé. No sé si debiera decirle algo. Tampoco soy amigo suyo, me digo, nadie de confianza. Tampoco tengo claro nada de lo que ocurre aquí. Pero no puedo juzgar, o tal vez no quiero juzgar nada, por temor quizá o por cansancio o por cobardía, no lo sé, o tal vez aún quede algo de la rabia, de la frustración, este país está hecho jirones, soy consciente, o porque al final nada vale la pena y nos hemos acostumbrado a vivir en el infierno.

– Bueno, hasta luego.

– Hasta luego.

Susana me espera fuera.

– Quién era. -Me pregunta.

– Trabajamos juntos hace tiempo.

Nos damos la mano. Nos espera una velada de cine, le digo con forzada voz de galán. Lo demás, a esa hora, me da un poco igual.

Juan A. Herrero Díez

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Rubén Vedovaldi (Argentina)

 

CABO

 

Una familia de mandriles

devora huevos de tiburón a orillas del mar;

por los ojos de esparto del más viejo

cruzan rojos bisontes.

¿Hay un brote en la grieta?

El sol naciente expulsa huestes de sombra.

Musgos, algas, cangrejos y escorpiones

entre helechos silvestres;

ínfima pedrería la fina arena al sol.

Dos océanos se abrazan

al cabo del continente sin inviernos.

Sobre roca verdeada ¿esa anémona

es animal que mimetiza flor

o es una flor que se quiere animal?

¿Brota un grito en la grieta del alma?

El aire me despierta;

el mar tiene sed de amar

Rubén Vedovaldi

***

RES / VERBA

                             Níor bhris focal maith fiacail riamh.

(Literalmente: Una buena palabra nunca romperá los dientes de nadie.)

Proverbio irlandés

“¿Deseaba la palabra sujetarse al rigor de un verso?”

                                                                       Arnaldo Calaveyra

palabra como agujero negro

palabra cuerpo celeste en el ojo del astrólogo

aurora austral

alfileres de gancho anzuelos

anclas del alma

palabra boleadora que tumba la danza

palabras como flechas o látigos

palabra boomerang

hacha de piedra que vuelve desde la prehistoria

a partir los frontales del futuro

verborragia sin alma

palabras que chorrean fuera de lugar como viejo prostático

palabra en cuatro patas

palabras sobre la piedra mayor del sacrificio

palabra que sube del fondo del volcán apagado y

lo enciende todo

palabra que vomita esqueletos anónimos

y les devuelve el nombre

palabras que caminan por la cara como arañas hambrientas

palabras

que quedaron servidas en la mesa

por si alguien quería pellizcar a los postres

y se las llevó el perro

Rubén Vedovaldi

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POEMA

Por Boris Gold

 

“LA GRAN CRUZADA”

A veces la vida

Me hace jugadas,

Algunas muy bellas

Y otras de sufrir,

Más sigo apostando

A lo que me ofrece,

Gritando con fuerza

Que bello…es vivir.

Llegando ya casi

Al fin de mi historia,

Y recreando cosas

De mi deambular,

He sacado en limpio

Que hay hechos valiosos,

Si apostamos todos

Al verbo…amar.

Yo creo en la gente

Y espero que un día.

La legión de justos

Saldrán a pelear,

A la droga artera

Ya la guerra maldita.

Será ardua la lucha

Pero podemos…ganar.

Pero habrá reglas

Que serán sagradas,

Deberes y derechos

Y respeto a los demás.

Honrar al abuelo

La vejez no es descarte,

Y padres presentes

Sin borrarse…jamás.

La meta primera

Combatir la hambruna,

Y que esto sea

Nuestra gran misión,

Que los niños vivan

A pleno su infancia,

Pintemos al planeta

De color…ilusión.

Los jóvenes sin duda

Apostarán sus ganas,

A dibujar un mundo,

Mejor al de hoy,

Donde vean solo

Ejemplos que sumen.

No es una utopía

Hacia allí…yo voy.

Boris Gold

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MALESTAR EN EL PARAÍSO

Por José Icaria

 

Ausente perforado

 

Ausente perforado

en tantos y tantos lugares

mudo

recorrido

por sombras de antiguos pesares

Callada la noche

viene y gobierna

la vastedad de una sombra sin tregua

Cano el día

restalla

y rasga

las telas sucesivas

(burdo escenario en la cruel tragicomedia)

donde pululan espectrales formas vivas

Cómo puede la ausencia

volverse espacio,

volverse materia?

Yo camino y paso

a través de calles, a través de humanos

cuando mis miembros (insoportable lepra)

se separan y alzan y estallan

unos metros más arriba

hasta volverme puramente nada.

Pero, al día siguiente, despierto en mi cama

intacto,

y con el alma vacía.

***

El beso de la Muerte

 

Un estremecimiento de gozo

-en el dolor-

sacude entero mi cuerpo,

como un campo de trigo

mecido por el viento.

Es el beso de la Muerte.

***

Mi cuerpo, como un inmenso continente

 

Mi cuerpo,

como un inmenso continente

donde se libran

todas las tensiones del Mundo.

Volcanes.

Temblores.

Sequías.

Monzones.

Mi cuerpo, mi cuerpo, mi cuerpo,

como una llama inextinguible

que arde siempre

en algún punto,

como una llaga aborrecible

sin pudor abierta al mundo,

como un oído inmenso

abraza el llanto, el sufrimiento.

Mi cuerpo,

osario de fosas comunes

y campos de concentración,

vertedero,

donde los hombres sepultan sus fétidos escombros,

cultivo de virus,

olla a presión,

donde gritos y gestos de horror

son entrevistos,

a través de cortinas de humo y destellos de neón.

Mi cuerpo,

como un juguete viejo y olvidado,

las tripas

del cerdo que fue

-y yace, degollado-

secándose al sol,

para preparar embutidos

que alimenten

a cada día más y más cerdos.

 

 

***

 

Mi vida, un pasadizo angosto y frío

 

Mi vida, un pasadizo

angosto y frío,

crudamente iluminado,

que no lleva a parte alguna.

Galerías y corredores

-laberínticos y circulares-

excavados en la roca,

donde sólo transitan

fugaces, tenues fantasmas,

y sonidos subacuáticos

de inframundo:

cañerías,

muebles,

que crujen en la noche.

Recuerdo tu rostro

-lo he visto en algún frasco-:

el verde, el amarillo cadavérico,

y las facciones abotargadas,

apelmazadas contra el cristal.

Estalactitas y estalagmitas de dolor,

paredes que rezuman sangre,

insectos, parásitos,

caen de todas partes,

y a nuestros pies,

un denso río de vómito

y aguas fecales.

…ya pasé por aquí, en otra circunvolución:

está mi graffiti -grabado en piedra-

y el de alguien, que me precedió…

***

Deja este mundo como te hubiera gustado encontrarlo

 

Me veo a mí mismo, de cuerpo presente

(tú también puedes, no es difícil),

sumido en tinieblas, en la húmeda

y angosta oquedad donde fui enterrado.

Siento el cosquilleo de los voraces gusanos,

frenéticamente ocupados en su monomaníaca labor,

desgarrando irregulares porciones de carne,

para librarme de toda esa carga inútil e inerte.

Vélos: chapaleando entre vísceras pestilentes,

devorando el hígado, el escroto, el corazón, los ojos:

nada escapa a su voraz apetito, salvo

-eso sí- la pálida osamenta, que ya emerge.

Ah, los nichos adosados

donde nuestros cadáveres se pudren decentemente,

y las lívidas esquelas, donde, nuestros allegados,

lamentan tan repentina muerte.

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Daniel Requelme

 

MANO DE OBRA DESOCUPADA


¿A quién vende la suerte
un dormir tranquilo?

La destrucción
que promulga el odio
como todas las cosas, lleva final o pausa.
La lanza,
un badajo que irrita al campanario
y la muerte hace poesía.

Ahora
que el miedo duerme el sueño de los muertos.
Se entiende
cuanto de leve tiene la vida.

Ajena la fiesta,
de otros el botín,
la sangre escurrida
se ha transformado en un musgo agrio
y el dolor
comienza a quererlos.

Sin más tiempo
para otra sabiduría.
Sin otra bulla que el luto
de permanecer mirando de reojo desnudos,
la soledad.

Nadie
que venga y diga cuál sombra les pertenece.

Eternizándose
indigno el silencio
que al duelo otorga muda la boca, su fracaso.
Pervertida ausencia de funerales.

Ya no más fotos de padres con manija
huérfanos
de mando apestan la ciudad.
Los condena la adjudicación de la victoria.

¿Acaso,
quién peinó la pólvora del estallido
llegó a santo o a labrador?.

¿Que hay entonces
del agobio de esta paz sin remordimientos?
Pregón de verdad y justicia
desfilan
pañuelos blancos
salpicados por la sangre derramada

¿Cual distancia entre mi voz
y el lugar que achica las sombras?

***

LA BREVE HISTORIA DEL PRIMO JULIO

Logra
cortar los alambres
y eludir la crueldad de guardias
que arrojaban colillas a las fosas.

Inscribirse
en aduanas europeas
con la libertad de no tener que tasar su decisión.

Sin entender demasiado el habla en Barcelona
sin premura por marcharse,
solo el instante de respirar.

En cartas
como gaviotas
que nunca terminaban de decir:
Extrañó Córdoba, desde Madrid, Roma, Berlín.

A la edad que aún le nacían hijos,
secreta,
silenciosamente,
su entraña urdía el principio del fin.

Como un ojo bobo
que no mide
cuanto de valioso arrebata el buitre,
estremecidos
asistimos a la cancelación del aterrizaje.

Cierre de oficinas sin abrir.
Negro cielo de Abril.

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TEXTOS RESCATADOS

Por Mabel Alicia Yones

 

Niños de antes

Niños de antes. Quisiera hacerte una pregunta. Tu de pequeño has vivido a finales de los años 60, en el trayecto de los 70, a inicios de los años 80 o tal vez de antes?…me puedes decir ¿Cómo has hecho para sobrevivir?

Te puedo contar que de pequeños transitábamos en coches que no poseían los cinturones de seguridad, ni tampoco los famosos airbag. Podíamos viajar en la parte trasera de una camioneta y ese paseo era algo muy especial y diferente.

Además, las cunas donde dormíamos estaban coloreadas con todas pinturas fabricadas con plomo. No existían tapas aseguradas contra niños en las botellitas de remedios, como así tampoco seguros en puertas, gabinetes. Niños de antes

Nunca usábamos casco cuando andábamos en bicicleta. En el jardín agarrábamos la manguera y de ahí bebíamos el agua, ni pensar de tomar agua embotellada.

Trabajábamos muchas horas armando nuestros carritos y todos aquellos que tenían la suerte de que en su barrio hubiese calles con pendientes, se tiraban hacia abajo y jamás acordarse de que no teníamos manera de frenar.

Luego de muchos choques contra las malezas fuimos aprendiendo a resolver tal inconveniente. Lo más importante es que nuestros choques eran contra la maleza y no con vehículos.

Jugar era nuestra gran alegría diaria, solo que cuando anochecía pronto debíamos regresar. Niños de antes

Asistíamos a clase hasta las doce y volvíamos a casa para almorzar.

No había manera que nos pudiesen localizar, puesto que no existía el celular.

Solíamos tener cortaduras, se nos aflojaba un diente, nos quebrábamos un hueso, pero no hubo nunca un juicio por estos percances. No había culpables y así de esa manera fuimos aprendiendo qué era la responsabilidad de cada uno.

Devorábamos el pan con manteca, los bizcochos, tomábamos gaseosas con contenido de azúcar y nunca engordábamos porque de una manera u otra estábamos siempre jugando afuera.

Cuando tomábamos una bebida lo hacíamos entre varios, tomando del pico de la misma botella y ninguno contraía enfermedad alguna y ni menos iba a morirse. Niños de antes

No existían los videos juegos, ni canales de televisión, ni video caseteras, ni computadoras, ni chats por Internet. La única manera de divertirnos eran nuestros amigos con los cuales salíamos a compartir el momento.

Caminábamos o íbamos en bicicleta hasta la casa de nuestro amigo, golpeábamos o tocábamos el timbre, o bien entrábamos sin golpear. Ahí los encontrábamos y nos íbamos afuera a jugar. Sí, afuera, en el mundo cruel, sin alguien que nos cuidase. No me explico como lo lográbamos. Niños de antes

Nuestros juegos eran palitos o pelotitas de medias y algún partido que se armaba no todos eran elegidos para participar y no sucedía nada extraño que llevara a traumarse.

No eran tan brillantes algunos estudiantes como sucedía con otros y cuando perdían un año, solo lo volvían a hacer. Nadie asistía al psicopedagogo, ni al psicólogo, solamente repetía el curso y obtenía otra posibilidad.

Poseíamos éxitos, fracasos, responsabilidades, libertad… y así fuimos aprendiendo a que todo es manejable. ¿En esa generación te has encontrado tú?

Niños de antes – anónimo

***

Siempre esperando


Desde aquella muerte temprana
cuando aún estaban mis hojas tan verdes.
Qué esperanzada pisaba los campos.
Qué generosa y colmada mi mano.
Qué afanada tras la cosecha.

Noches interminables vigilaban
al viento por si traía un mensaje.
Esperas bajo el sol. Diálogos
con la luna tristísima de invierno.
Y qué dolor bajo el cielo que cubre
tanto silencio,
tanta pregunta sin respuesta.

Van pasando los años.
Nada sobre la tierra.
Ninguna posible esperanza.
Ninguna verdad madurando.
Sólo silencio

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por María Isabel Bugnon (Argentina)

 

Sueñas

Si en las noches sueñas
con un río de espuma,
son mis versos que
quieren atraparte en
ese laberinto mágico.
Si en las noches sueñas
con un monte de plumas,
son mis poemas formando
un sutil abanico de amor.
Si en las noches sueñas
con el verde claro
y una braza encendida,
es mi corazón que como
una mariposa  busca amparo
en la pradera.

***

Nace y muere el amor

            

El jazmín nace de la raíz,

la flor de las ramas,

y dime tu que todo lo sabes

¿Como nace el amor?

El amor nace de una mirada cómplice,

se afianza con una sonrisa,

da sus primeros pasos con la ilusión

desanda caminos con los sueños

se marchita con la mentira

y muere con el engaño.

 

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