29º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

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29º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXIII de la etapa web/02-11-2012

 

EDITORIAL LXXIII

Galardones y premios nacionales de Literatura: reconocimiento o intervención

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España concedió este pasado mes de Octubre el Premio Nacional Narrativo al escritor Javier Marías por su novela «Los Enamoramientos». Tal como había anunciado, el escritor rechazó el premio alegando su independencia respecto al Estado y sus instituciones. Su gesto, alegó el autor, no iba contra nadie, agradecía la intención del premio, pero ha pesado en él más ese deseo de independencia que perdería de aceptar galardones oficiales que la satisfacción de un reconocimiento público. Pone con ello sobre la mesa la relación entre cultura y política o, más bien, el peligro de subordinar la cultura a la política.

Desde que el Poder, y en general la política, descubrió los mecanismos de la propaganda masiva y casi industrial, ha buscado la legitimación por vía de la cultura para convertirla en difusión y correa de transmisión de valores y certezas oficiales. No es algo nuevo, pero la diferencia les marca ahora la rapidez y la capacidad de expansión. Los Estados imponen en la actualidad como antaño una cohorte de escritores y artistas, de cineastas e intelectuales que se convierten en herramientas de legitimación en el mejor de los casos, meros ornamentos que procuran una falsa armonía que esconde otros intereses. No es cuestión de calidad, sino de utilización. La cultura se subordina a lo político y se vuelve propaganda, muchas veces mala propaganda.

No obstante, no podemos obviar que, al contrario, muchos buenos escritores emplearon en ocasiones su capacidad de incidir en la opinión general para dar sus opiniones y prestar sus apoyos a determinadas políticas, en ocasiones de dudosa moralidad. ¿Deja de ser Ezra Pound un excelso poeta a pesar de su apoyo al fascismo italiano?¿Cambiará nuestro opinión sobre la poesía de Pablo Neruda si tenemos en cuenta su “Oda a Stalin”?¿Podemos dejar de considerar a escritores españoles que apoyaron a Franco por el hecho de dicho apoyo, sin reparar en su calidad literaria, como en el caso, por ejemplo, de Dionisio Ridruejo?¿Alguien duda de la calidad de escritores como Máximo Gorki o de Jack London a pesar de su compromiso político con la izquierda revolucionaria?  Resulta evidente que el buen novelista, el buen poeta, lo es por su obra, no por sus opiniones políticas o de otra índole, y ni siquiera ha de ser una buena persona, al mismo tiempo que cualquier tema puede ser materia para la creación. Pero no es de esto de lo que hablamos, sino del papel del Poder en el ámbito de la cultura y que puede acabar por transformar al creador en un mero bufón de la corte de nuestro tiempo, en el marco de una administración que ha creado no pocos departamentos de las “Industrias Culturales”, nombre este que chirría, dígase lo que se diga. El poder ha colocado departamentos de cultura para potenciarla, pero con ello ha creado servidores o funcionarios culturales, como esos autores de regímenes autoritarios cuya función era alabar a quien mandase, sea quien fuese.

La independencia del artista, que no neutralidad, es ahora mismo una necesidad, un requisito. Y mucho nos tememos que esta independencia se contradice con frecuencia con la acción de los poderes públicos.

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MALOS TIEMPOS PARA EL MAMBO

Por Cecilio Olivero Muñoz

 

TEORÍA DEL HUMOR

 

Comenzaste siendo el más gracioso de la clase.

Hasta los chicos mayores reían

con tus bromas macabras y chistes ingeniosos,

le pegabas a los empollones

y todo eso brincaba en un cielo de tremenda carcajada,

cuando te hiciste adolescente todo te aburría,

te aburría la vida,

que corre despacio y va a toda prisa,

tu primera actuación fue en fiestas,

en las fiestas de tu pueblo,

tu monólogo gustó y te gustó la picazón,

sarna de la que se goza

costra se vuelve en su regusto,

te metías con los calvos, los feos,

con las minorías y los inadaptados sociales,

hacías chiste del punto flaco de los débiles,

tu vida se ha convertido

en una locura mal digerida,

estás psicótico y tomas cocaína,

ahora el débil eres tú.

Ayer te invitaron a un programa de la tele,

quieren que opines acerca

del humor absurdo de los directores de cine,

de cine español, con dos cojones,

ahora eres un teórico del humor,

eres toda una cátedra andante del humor irreverente

y del entretenimiento más cruel y pendenciero.

Te pones solemne, estás nervioso,

dices cualquier inoportuna tontería,

y te conviertes en el vídeo más solicitado en RTVE

por más de cinco generaciones de televidentes,

macho, eres un genio

y te enteras justamente ahora.

Ahora que no cobras por eso ni un tanto por ciento.

 

***

 

AFRODITA MON AMOUR

 

Los niños impíos de tanta sonrisa astuta

tienen lluvia fresca en el pelo

y llevan la reputación tan sucia

de arañar en ristre su pleno flagelo,

y en la simiente que escupe la oruga

y en el pájaro que remonta su vuelo,

un edén anfibio a pesar de todo les ayuda

a soportar este trayecto de tedio y recelo,

tienen tanta rutina sudada que les ocupa

un gemido en el escalón del desvelo,

sustraen migajas de la noche que cura,

se empalagan de caliente caramelo,

y un Monte de Venus cautelo anuncia

su sanidad sexual que redunda de serlo,

sueñan que ya tiene ritmo la rumba

y compota harían del dulce ciruelo,

no firmarían de su amor renuncia,

paso a paso dan de Paco a Frascuelo.

Los niños de la migada diurna

hacen canción nueva de alegrísimo chelo,

con cuestión que se pone chunga

buscando camellos en el Paralelo,

en Can Tunis y en la calle Bolivia,

en Els Merinals y el barrio Carmelo.

Se caen, se caen ante su día a día,

se migan la risa y relamen canguelo,

de esa pared que tanto les enfría,

les subraya la sombra bajo el subsuelo,

pauta de psiquiatría en que incuba

un gusano cachuelo sin su resuello,

un caracol fosilizado en su pulpa

y dos pensamientos que repiten muelo,

buscan lo que no se busca,

desnudez para su azul consuelo,

pretenden lo que no se inculca,

se engarzan como pesca con señuelo,

en casa, en la fábrica, o en la trifulca,

en calles donde se besan tirados al suelo.

Chupetones púrpuras que jamás nunca

ensayaron que les invadieran el cuello,

ensayaron a cruzar brazos en la nuca

pensando en la claridad que luego

les harían cosquilla en la risa oculta,

les haría el roce paladar de seda y pañuelo,

aprendieron que la mitad los desnuda

ya que son dos que se nutren de fornelo.

Los niños que no piden disculpa

sospechan de su fachada sosteniendo velo,

tienen fragancia total para que infunda

y huela por donde empieza su anhelo,

de cobre sus caras ardientes y absolutas

rezumándose en el corazón del hielo,

su adolescente matinal se pregunta:

¿por qué sustraen de Afrodita su celo?

Mojan la lívido en sus dientes con fruta

y a contrapelo el escalofrío es puro vuelo,

tienen bien olvidada a su asco de tumba

que los hará polvo esparciéndose en el cielo,

y follan por que follar es la justa

manzana que los expulsa de su triste duelo.

 

***

 

NIDO DE PARADOS

 

Los gitanos del barrio de Torre-Romeu

en octubre escarban en susurro el verano

por que les parece que dura muy poco

y de noche lo cruzan siseando en vano,

por los parques buscan agua de coco

y se encuentran con Dios-digamos,

que los mira haciéndose el loco

y con sus miradas le besan las manos.

Dios, Dios negado de los gitanos,

se gasta el dinero en una gran fiesta

y al otro día no le encontramos.

Después de almorzar su siesta,

no se la quitan ni ocho celestes milagros

que con cuatro negros castigos se pelean

y dan el cante todas en el mismo canto,

descanso y momentos gratos,

entre trámite, antigüedad de paro y tarea

aquí en el barrio nos conformamos.

Por la calle Sau un mercado despierta,

se venden delantares, bragas y medias,

zapatos para mudar a diario,

y otras cosas para tener en cuenta,

chándales, pantalones, y otros artefactos,

se venden también chaquetas

ahora que ha terminado el verano,

se venden flores para las alcahuetas

y otros artículos de gusto un tanto variado.

En la calle Sau de nuevo empieza

un paseo por todo este raro itinerario,

en la calle Sau vemos que comienza

un nido de gente sin su salario,

demos un No a la desesperación abierta,

este nido es un nido de parados,

tienen el trasero duro y nadie se queja

de sentarse en poyetes, escalones y bancos,

¡Dime chaval! Si tú ya no peleas

en Barcelona con los asalariados,

-Me dice: yo de la cama jamás me salgo,

que los Mossos cabrones me apalean,

¡Dime chico! ¿Y por qué estos te apalean?

-Chacho, por que yo siñelo gitano.

 

***

 

EL PASAJERO

 

Cuando de noche vuelvo a casa después de nadar

y veo la traslúcida brillantez

de las casas encendidas, tras esos cristales,

imagino horrores, calamidades, necesidades,

peores, mucho peores que lo/as mías.

Imagino podredumbre en un hule perpetuo,

imagino escarcha negra invadir la escena,

intento comprender al polvo compactado,

veo las sombras adentro sin sombras,

veo la monotonía rendirse como perro viejo.

Yo, en mi vida prosaica, mi vida rutinera,

tengo la paz de los cobardes,

de los precavidos, de los que nada arriesgan.

Voy sentado en el autobús de mi vida con suerte

y me dirijo a mi hogar, al calor vacío en los rincones

de mi hogar, de mi hogar vacío, no sé si dulce aún.

Oigo a los vecinos lamentarse en su desgana,

oigo las discusiones que germinan como moho,

a mujeres corroídas por su angustia asediada.

La soledad de las mujeres que soñaron,

mujeres que caminan solas, asidas del brazo

por un hombre, pero caminan solas,

se les va la esperanza como un globo caduco.

En mi vida de pasajero curioso y expectante

he podido ver hombres que fuman solos

en un balcón que da la cara hacia un abismo,

a señoras de roto maquillaje abandonadas al alcohol,

a adolescentes confusos sintiéndose miserables,

todos dando cara a su abismo personal.

La traslúcida ventana que encarna el misterio,

el misterio eterno de los que se pierden,

de los que pierden su autobús hacia la vida,

la vida, esa cosa que nos late adentro,

ese tiempo lento y constante,

ese tiempo de simulacro y sala de espera,

esta vida absurda pero maravillosa,

es asunto serio vivir esta broma pesada.

Las parejas son afortunadas si encajan como zapatos,

es mejor no desesperarse por estar solo.

Si estás solo y te emparejas con cualquiera,

por soledad, por la desesperación de estar solo,

es muy probable que acabes mirando cara al abismo,

a un abismo de discusión, de riesgo y pesadilla,

a un abismo en el que caes con el silencio,

ese silencio que tenías y te acompañará de por vida.

Ese silencio que tenemos dentro

y solamente lo rompemos al corromper la calma

con cosas que no sabíamos que callábamos.

 

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Las sendas de Caín

 

Cómo no sentirse herido, se preguntó, herido y rechazado. Me repudian, tuvo para sí y anduvo convencido de que todos le repudiaban profundamente. Trabajaba de sol a sol, con voluntad y destreza, demarcaba la tierra, la deslindaba, luego la mezclaba y la abonaba, colocaba surcos y cauces por donde avanzaba el agua, analizaba cada zona de terreno para cosechar aquello que mejor convenía y para saberlo experimentaba una y otra vez, observaba la reacción de la tierra, el color de las plantas, el olor de los frutos, y esa labor le llevaba horas, días, semanas enteras. Un sinfín de fracasos le reportó un sinfín de aprendizajes, de saberes de la tierra. Le daba una y mil vueltas a todo lo que emprendía, analizaba los detalles e inventaba instrumentos que le ayudaran a avanzar en ese camino de expandir y mejorar la tierra y la cosecha. Pero todo eso, al parecer, carecía de importancia, su esfuerzo no tenía valor. Brindaba los mejores frutos, aquellos que le habían costado enormes esfuerzos obtener, pero apenas eran observados, sus mejores frutos eran ignorados como si fueran obra baladí, anodina consecuencia del esfuerzo de sus manos, de su cabeza, de su observación permanente, anodina para los demás, pensó, para todos, no para sí mismo, que él sabía bastante bien lo que le había costado llegar hasta allí. Cada fruto había supuesto un enorme trabajo, al parecer nadie lo sabía menos él. Pero no es cierto, se dijo de pronto, no es cierto que sólo lo sepa yo: me han visto trabajar. De sol a sol, repitió una y otra vez, trabajo de sol a sol, lo dijo con rabia, consciente de lo injusto de la situación, y en efecto era así como trabajaba. Ponía todo su esfuerzo, todo su corazón, toda su mente en cada uno de los detalles, y desde luego eran muchos, en todos y en cada uno de los detalles de su faena diaria. Pero no veía ninguna gratitud, ni siquiera la gratitud de una sonrisa o de un gracias acompañado de un gesto de ánimo, nada en absoluto.

A él, a su hermano, por el contrario todo parecía sonreírle. Abel se estiraba bajo un árbol, a su sombra, cualquier árbol le servía. Dormía mientras las ovejas comían a su alrededor. Comed, hermosas, les decía y se estiraba y soñaba y se reía feliz porque todo le sonreía, en efecto. Había buena yerba y las ovejas crecían fuertes y sanas. Daban buena lana, sabrosa carne, corderos que crecían con premura. Abel observaba a su hermano y se reía. Por qué trabajas tanto, le preguntó una vez. Caín, al principio, no le respondió. Calló porque no pudo entender esa actitud suya de ver pasar la vida a la sombra de un árbol. Estírate conmigo, le conminó Abel, las plantas crecerán por sí mismas, le indicó. No, contestó él no sin reproches hacia aquellas palabras que ignoraban y despreciaban el esfuerzo del trabajo, con una pizca de rabia ante esa actitud que le acusaba de perder el tiempo de un modo indolente cuando era él, su hermano Abel, y sólo él quien perdía el tiempo, así se lo dijo, recriminatorio, hay que saber, continuó como si cupiera posibilidad de enmienda y necesitara explicarle la vida entera, si poseen la cantidad suficiente de agua, si la tierra se encuentra bien nutrida, hay que evitar las alimañas y las malas yerbas. Abel se rio. A mis ovejas les gustan las malas yerbas, dijo, y los perros ahuyentan las alimañas, ves cómo todo sale adelante por sí mismo. Caín calló y continuó su diaria y rutinaria faena, poco importaba que lloviera o luciera el sol, que el frío le entumeciera o el calor le sofocara, debía estar allí, en los campos, en los cultivos, en las campas, en las arboledas, debía cultivar cuando tocaba, justo en ese instante, ni un día antes ni un día después, y cosechar cuando correspondía, en el momento en que los frutos estuvieran maduros.

Abel, como acción de gracias, sacrificaba un cordero, aquel que entre el rebaño veía como el más propicio, el de carnes más rollizas y aspecto saludable. Lo llevaba a hombros hasta el altar y contemplaba, tras la rápida incisión en el cuello que producía la muerte por desangre, la lenta cocción del animal para gloria de la primavera entrante. Caín, por su parte, pasaba días y más días a la búsqueda de las frutas más relucientes y aspecto más pulido, de los cereales más nutritivos, de las hortalizas más sabrosas, colocaba varias cestas con los diferentes alimentos, los hervía, los cocía o los tostaba, llenaba el aire con los intensos olores de los aliñes y condimentos, esta era su ofrenda, su manera de dar gracias.

Pero no parecía haber, pese a todo, agradecimiento a su ofrenda. Por mucho que se esforzara y sazonara sus alimentos, por mucho que hubiera trabajado, nunca había sonrisas ni palabras elogiosas hacia él, todos los reconocimientos se dirigían hacia Abel, y sólo hubo reproches a su esfuerzo que él no entendía. ¿Acaso no se esforzaba?¿Acaso no trabajaba sin descanso para cultivar y producir más y mejores frutos?¿Acaso no creaba instrumentos que mejoraban la cosecha?¿Por qué entonces nunca gustaba lo que ofrecía?

Se sumergió en el silencio amargo de una frustración que le corroía por dentro. A veces, perdía el gusto del trabajo, lo llevaba a cabo, sí, más por rutina que por convicción, qué sentido tiene todo, se preguntaba, no podía evitar el desánimo, no podía mirar la vida cara a cara. Le tentó la indolencia, pero cuando dejaba de trabajar y se estiraba en cualquier lado, a la fresca, como su hermano, si a él le va bien, se planteaba entonces,  por qué no a mí, entonces la sensación de vacío aumentaba hasta el dolor y tenía que volver al campo, al trabajo, aunque ya no era lo mismo, nada era ya lo mismo. Algo le quemaba por dentro, algo que no comprendía. Una noche despertó empapado por el sudor y el corazón acelerado. Había soñado con Abel, el amado, el preferido, el elegido. Se levantó y contempló el campo que apenas distinguía por la débil luz mortecina de la luna. La luz de la luna, consideró entonces, es la luz de la muerte. Lo pensó, en ese momento, en apenas un instante, una idea que cruzó como un rayo por su mente, un deseo que se volvió propósito, una noción apenas que pasó o tal vez quedara fija en su cabeza.

No lo sabemos: fue un acto repentino, improvisado, o algo preparado durante horas después de aquel instante anterior, en la noche. Nunca lo sabremos. Lo cierto fue la reacción inminente al contemplar el cuerpo de su hermano en el suelo, ensangrentado, inmóvil. El odio desapareció de repente, sí, pero brotó la angustia de una culpa sin duda tan hiriente como aquel. Escondió su cuerpo. No soy tu guardián, murmuró. No soy su guardián, repitió en alto. Enseguida comprendió lo absurdo de sus palabras. Pero soy su asesino, dijo.

Comenzó a vagar por el mundo, no pudo ser otro el castigo, tampoco peor: ni siquiera la muerte hubiera sido más atroz. Él estaba ligado a la tierra, a su tierra, vinculado a los cultivos, a las plantas y a los árboles que eran sus cultivos, sus plantas y sus árboles. Cuidaba cada rincón de sus campos con sumo cuidado y de pronto se vio forzado a abandonarlos, a recorrer otros prados y otras campas, a no estar fijo en ningún lugar, a no ver crecer nada. Tuvo miedo: se enfrentaba a peligros no conocidos, no sabía como afrontarlos. El mundo se volvió un lugar peligroso. Avanzaba por tierras nuevas y sobre todo pensaba en lo que había hecho y en cuál era la razón de su fracaso. Siempre he actuado bien, se repetía una y mil veces, siempre he intentado mejorarlo todo, y sin embargo sentía que había fracasado rotundamente.

Despertó muchas veces empapado de sudor y con el corazón acelerado, se levantaba y se quedaba sentado en el camino, tembloroso, asustado. Le daba vueltas una y otra vez al porqué de su vida. No encontraba respuestas. Una noche, a la luz mortecina de la luna, se preguntó de nuevo el porqué de todo si había dado lo mejor de sí mismo. Fue entonces cuando lo entendió, como si una chispa se hubiera encendido dentro de sí mismo, como si una voz quisiera sosegarle entonces y darle una explicación: podías dar más de ti, le dijo la voz, una voz interior que brotaba de lo más profundo y que le recriminaba no haberse dado cuenta, entonces, se esperaba más de ti, le decía una y otra vez. No, no era Abel el más amado, el preferido, el elegido, lo entendió de pronto en aquel instante, sino él, Caín. Abel había alcanzado lo poco que podía aportar, ya era bueno lo que ofrendaba porque no podía mejorar más, en cambio él, Caín, había nacido para realizar grandes cosas, había aprendido a esforzarse, a crear, a construir. Puedes dar más aún, puedes hacerlo mejor, puedes prosperar y abrir nuevos caminos, alcanzar otras metas. No lo había entendido. Se dejó envenenar, se lo reprochó con dureza y amargor, cuando la respuesta a tanto lamento, se dio cuenta al fin, resultaba tan evidente.

Lloró amargamente. Pero no se dejaría vencer. Esta vez, se dijo, no defraudaría sus propias expectativas.

Juan A. Herrero Díez

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BRINDIS

 

Yo también he brindado complaciente

en etapas gozosas de mi suerte,

he brindado contigo, cuando verte

era un rayo de amor adolescente;

 

y fue brindar, amiga,  en la rugiente,

la fiesta fraternal que era tenerte

y gozando tus besos, fue saberte,

abrazada a mi cuerpo efervescente;

 

Hoy no brindo por nada deferente,

otro labio feliz, más convincente

te sedujo la tarde de un invierno.

 

Contemplo en esta foto amarillenta

tu sonrisa hedónica de menta.

La dama que voló de mi cuaderno.

 

Construido a las 9,44 del

29 de setiembre de 2012-09-29

para mi Libro “Renglones desprolijos”

Rodolfo Leiro

 

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Gonzalo Salesky

 

 

MÁS ALLÁ

 

 

No hay nada más,

más allá de tu silencio.

Sólo palabras.

 

Más allá del cielo, del infierno,

la música y el tedio,

del tímpano aturdido,

de sinfonías vacuas,

del olfato y la sangre…

¿qué queda en este mundo tan vacío?

 

¿El proceso, la causa,

el hálito salvaje?

Ánforas y espíritus

osados, casi ciegos,

no quieren más crepúsculos en vela.

 

Banderas de vidrio

encierran la tristeza.

La suciedad mojada,

el espectro del fuego,

los temas recurrentes.

¿La pasión apagada?

 

Refugios en otoño,

príncipes despojados

opacan mi instinto

al verme en tu piel.

 

El tiempo me libera y, suavemente,

me entrego a tu recuerdo una vez más.

 

 

 

 

DESEO SIN TIEMPO

 

 

Deseo desearte siempre,

sos mi deseo sin tiempo.

Quisiera evitar la culpa

de cada abrazo furtivo,

de nuestro espectro vacío

en cada sueño encontrado.

De cada mañana turbia

entregada a tu sonrisa,

de aquellos miedos gigantes

a volver hacia el dolor.

 

Desearía que estuvieras aquí dentro

y, en mi boca, escucharas mis palabras.

Respirando el mismo aire,

alrededor de tu aliento,

y latieras con mi sangre en el alma.

 

BRISA, NOCHE, DÍA

 

 

Como un refugio dormido de mi culpa,

como una herida reabierta con el tiempo,

el viento no ha impedido que te vayas

tras él, como la primera vez.

 

Siento que mi vida se termina

y me desangro, creyendo en tu mirada.

Sólo queda la brisa,

la luna por la noche,

el infierno de día.

 

OTRA HOGUERA

 

 

Sé que perdimos sueños con el miedo

soplando detrás de nuestra espalda.

Mi refugio fue un cuarto sin ventanas;

tuve mi espacio, vacío, sin estrellas

y mi tiempo, sólo de madrugada.

 

No creo que el dolor sea para siempre,

el espejo pide a gritos otra hoguera.

 

SÓLO ES ESO

 

 

La vida ya no es nada, sólo es eso

que nos impide mirar hacia el costado.

Que nos arropa con el frío en la sangre,

que canta a pesar de mi silencio.

 

¿Para qué seguir luchando con el viento?

Nada nos queda, solamente el fracaso

muestra las grietas de nuestra soledad.

La vida ya no es nada… sólo es eso.

 

PLÁCIDO MISTERIO

 

 

Descubro que los años son suspiros,

que quizá otra piel no es suficiente

al pelear con tu fantasma.

Con mis sueños y tus miedos,

con tu amor,

con el fracaso.

 

Los ángeles sabrán que la mentira

es ajena. La muerte no me espera,

nada nunca será lo que parece.

La soledad, mi plácido misterio,

no despierta sospechas al ocaso.

 

EN CADA AGONÍA

 

 

Dosis eternas de sangre corrompida.

Ejércitos ciegos, sedientos de venganza.

Las siete trompetas presagian el final

y en cada agonía, disciplino el vértigo.

 

Allí, encontraré la sombra

que no habla y escucha, que se aferra

al espurio fantasma del pasado.

El orden –en la muerte– está naciendo.

 

 

DESPEDIDAS

 

 

En mi diamante descubriré el dolor

de mantenerme vivo a cualquier precio.

No habrá miradas, tampoco despedidas,

y encontraré el alivio en cada lágrima.

 

Ojalá el fuego apague este dilema.

El crepúsculo desgarrará la tarde

poco a poco, como tu piel sedienta,

y no habrá lágrimas, tampoco despedidas.

 

ADÓNDE VOY

 

 

No quiero que me veas entre llagas,

nunca estaré a la altura de tus sueños.

Pasaré inadvertido el resto de mi vida,

no me preguntarás adónde voy.

 

Caminando, por la senda vacía,

pasando en limpio las hojas de mi alma.

A veces ya no sé qué es lo que viene

detrás del viento, detrás de su emboscada.

 

Costó tan poco dejar de imaginarte

en nuestro espejo vacío de colores…

Si mi cordura se despide del mundo,

no me preguntes más adónde voy.

 

SI TE PIERDO

 

 

Relojes de arena

marcaron mi destino.

Ayer fue poco,

hoy será más,

mañana o nunca

sabré que eternamente habrá consuelo

si te pierdo.

 

Si te pierdo…

la noche se abrirá

y no serás el viento en mi nostalgia.

No habrá más pétalos,

ni viento, ni marea.

Sólo espejismos fugaces,

sólo brisa.

 

PRIMERO

 

 

Primero quiero descubrir todos tus sueños,

tus cicatrices, tu herida, tu alma en paz.

Dejarte el cielo completo y en tus manos

dejar mis ganas y mi verdad en tu sangre.

 

Olvido mis fantasmas y el vacío

cada vez que veo el sol en tu sonrisa.

Iluminaste mi pasado en un segundo

y recobré mis sueños, mi ansiedad.

 

Primero intentaré alejar tus miedos,

sentir que a veces hace falta el dolor

y alguna vez, ser más que luna llena.

Las cadenas y el eco me persiguen

aunque tu vida me aleje del abismo.

Todo es mejor, a tu lado, aún si no pasa.

 

VESTIGIOS

 

 

Dentro del mar, vestigios de la culpa

y un par de pesadillas y recuerdos.

Nada más penetrará en la sangre.

 

Un bálsamo ante toda esta locura

me servirá para brillar en el ocaso.

Tú no lo harás, no será poco ni mucho

perderme y encontrar el universo.

 

 

SOLAMENTE

 

 

Sólo buscaré rozar tu alma.

Tu puño y mi letra,

tus heridas…

La victoria ajena.

 

Nada más tendré

que mi vida al aire

sin la realidad que descubre, a gritos,

solamente muecas.

 

Volviste una vez a mi cementerio

de esperanza y fuiste

lo poco que tengo para sonreír,

sólo tu belleza.

 

Traspaso los vidrios,

reaccionando al fuego,

sacando del fondo de mi corazón

otra gran quimera.

 

No me reconozco,

no vuelvo, te esquivo,

y en la habitación,

mi alma te recuerda.

 

Tu voz en la noche ya no suena exhausta;

me pide que calle, que grite y libera

tantas otras veces en que no hubo nada.

Sólo tu pasión y mi cuerpo en venta.

 

 

FRUTA MALDITA

 

 

Una fruta maldita y la oración

me alejan, me acercan,

tantas otras veces,

del cielo que busco.

 

Sombras y fortuna no van de la mano.

La mirada fluye,

y las botas de un ángel marcan el camino.

 

En mi oscuridad,

espera, dormida,

toda aquella angustia.

Desde allí, despierto.

Sin oír tu voz,

descubro que vivo latiendo sin alma.

 

Conmueve mi tiempo tu vacío,

me interroga a gritos tu silencio.

Me molesta tanto estar ausente…

 

Olvido mis fantasmas,

desaparece el miedo

pero el cielo no llega.

 

Escucho tu susurro,

sostengo la agonía

aunque la escarcha en tu voz sigue quemando.

 

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A MÍ NO

Por Marcelo Juan Valenti

 

No, a mi no me gusta el fútbol.

Raro.

Le gusta a todo el mundo.

Más que gustar, apasiona.

Como una pelota de cuero, vienen rebotando los recuerdos.: una constelación confusa de nombres. Malos y buenos jugadores, ascenso y descenso de equipos. La palabra foul, que los periodistas pronuncian faul, debería ser fault  y yo siempre entendí faun. La inquietud previa a los clásicos, las tablas, los mundiales.

Todo, todo, todo ese mundo cubierto por el color rojo de la pasión. De la pasión de los otros.

 

 

¿Qué es eso que no me hace “clic” cuando de fútbol se trata?

 

 

Mi padre….es presidente de un club de fútbol. A él le gusta. Como a mis dos hermanos mayores, como al menor. Incluso a mi madre le gusta el fútbol. Es hincha de los eternos contrincantes del club de mi padre. Las discusiones entre ellos, a veces, eran acaloradas, discutían por el fútbol, en lo demás se entendían.

 

 

¿Será una falla en la transmisión genética?¿O uno de mis progenitores esconde el alevoso secreto familiar de un tío abuelo al que no le gustaba?

Que no le gustaba el fútbol, claro.

Como a mi.

Como a mi no.

 

 

En mi memoria con forma de fútbol, viene la primera vez que mi padre me llevó a la cancha. No era todavía presidente,  pero ese ya era SU CLUB. Porque…..la gente adopta desde y para siempre un club, ¿no? Estaba….él estaba, feliz. Un nuevo hijo al que le abría la puerta al mundo de los colores propios. Esperaba reeditar el éxito obtenido con los dos mayores.

La cancha me pareció inútilmente verde, la gente gritaba, tuve ganas de orinar cuatro veces. Esos muchachos corrían ahí abajo, atrás de la pelota. Me entusiasmado padre me preguntó no sé que cosa que no entendí y que debo haber contestado con un disparate porque, por una vez, salió de su atmósfera y me miró azorado. Mis hermanos también me miraron de reojo……Creo que todos los que estaban cerca miraron….pero puede que se tratara de una impresión.

Volvimos a casa.

-¿Te gustó?

-No.

 

 

Me llevó varias veces esa temporada. Luego repetía la misma pregunta. Recibió siempre un no. Desistió.

 

Algunos domingos después de la capitulación, cuando padre y hermanos se habían ido, mi madre,  me dijo, en el mayor tono posible de complicidad.

-Hoy te voy a llevar a un lindo lugar. Vas a ver que eso si te va a gustar. Pero….apurémonos.

Y me llevó……a un partido, pero en su club.

Con el transcurso de los años, no logro dilucidar a quien espanté más. Mi pobre madre querida…..ella también tuvo su no.

El problema no pasaba por la elección del cuadro. Era el fútbol. A mi no me gustaba. A mi no.

 

 

Aquel domingo perdieron ambos equipos. Sobre la cena campeaba la indignación. Solidarizados, los dos bandos, comentaban los mutuos malos desempeños.

En un momento en que se creyó resguardada de toda indiscreción, mi madre cuchicheó

:-Anselmo, tengamos otro hijo.

Los espié por el rabillo del ojo izquierdo. Ambos me miraron.

 

 

El horror no podía ocultarse para siempre. Un rumor, solapado, estremecedor, circuló en la familia.

-A lo mejor lo de este chico es el básquet- dijo tío Alfonso.

-¿No ves que no le da la altura?¿Probaron con el tenis?- contestó tío Ricardo.

-Hum, no, este tiene cara de que va a agarrar de esos deportes raros que tienen los yankees- terció tío Hipólito.

Fue mi abuelo Ignacio al que se lo ocurrió preguntar:-Pero nene, vení para acá y contale al nono, ¿qué deporte te gusta?

Me encogí de hombros. ¿Estaría esperando un deporte por nacer?

No, yo nací para ……una suerte de deporte milenario. Al año siguiente, en la escuela, aprendí a leer. Y no me detuve nunca.

 

 

 

Pronto aprendí que lectura y fútbol no casaban bien. O no casaban, directamente.

 

 

Ya sé cual va a ser la objeción a las dificultades del maridaje que acabo de enunciar. Decenas de autores han escrito centenas de cuentos sobre fútbol y otros deportes. Desde libros abiertos avanza una caravana de escritores que llevan en la mano  una  lapicera y una pelota en el pié (o la hacen rebotar con la mano libre). Fontanarrosa viene a la cabeza de esa procesión.

Le he contado esa imagen a mi analista. Me contestó.-Pero por favor. Eso es literatura.

 

 

La escuela trajo a la tierra el paraíso. Y también el infierno.

 

 

Porque si la inercia o la astucia me dictaron una respuesta a la infaltable pregunta de mis compañeros.-¿De qué cuadro sos?, a lo que invariablemente respondía con el nombre del equipo paterno, era claro que algo me pasaba. No comentaba los partidos, no sabía nada de los jugadores, no aceptaba ninguna invitación a jugar a la pelota.

Algo me pasaba, sí, era que a mi no me gustaba, nunca y bajo ningún concepto, el fútbol. No, no me gustaba. A mi no.

 

 

La adolescencia trajo algunos cambios. Mi madre nos dejó. En sus escapadas, siguiendo a su cuadro, conoció a un hincha de sus mismos colores. Creo que, a diferencia de con mi padre, con este nuevo compañero coincidía en tema fútbol y nada más.

Ángel, el hermano menor de mi padre, se casó con una psicóloga.

Una de las primeras cosas que le escuché decir fue:-Ese chico necesita terapia.- lo dijo cuando le contaron que no me gustaba el fútbol.

Mi padre decidió aceptar el consejo de su nueva cuñada. Yo iría para solucionar el problemita ese, de mi desinterés deportivo, pero también como portavoz familiar del fracaso de su matrimonio.

Así llegué al diván de mi analista.

 

 

Es probable que te preguntes que hacía yo en todo ese tiempo que los demás dedicaban al fútbol.

Debo confesarlo.

Yo….yo leía.

Bueno, ya está. Ya está dicho.

Yo leía con desesperación. Con hambre, con furia. Seguía la obra de un autor, me dejaba llevar por título que me tentara, me guiaba por criterios que me apresuraba a romper. Leía libros que me remitían a otros. Leía, leía, leía, hasta transformarme en un monstruo, en un ermitaño, en un cíclope. Leía de día, de noche, en los bares, en la cama, en el baño. Leía hasta que me retaban, me echaban, me despertaban del sueño resplandeciente de los libros.

 

 

Polaroids. Mi padre y mis hermanos se van, como todo domingo, a la cancha. Me quedo solo. Leo.//Salimos en familia. En todas partes , se abre un ojo malicioso. Es ese. Es al que no le gusta el fútbol. Otras gargantas ahogan exclamaciones.// Fui el primero en aceptar la invitación de mi madre para conocer a su novio. ¡Pobre tipo! Buscó la complicidad haciendo bromas sobre fútbol, que coronó con un:-Vos sos de la contra, ¿no? Vi el rostro desfigurado de mi madre, mientras yo contestaba:- No me gusta el fútbol. Ella murmuró:-Pero si te dije. Él:-Ah, ¿era este? Ambos me miraron desolados. Fue difícil remontar esa noche.

 

 

Cuando sobrevino la lógica separación de bienes, todos los varones nos mudamos a una casa cercana a la cancha.

Mis hermanos repetían:-Viejo, buscate una mina y dejate de joder.

Pero mi padre prefirió hacer carrera en el club, como vocal en la comisión directiva. Y no se detuvo hasta hoy, que ha llegado a la presidencia, aureoleado por una seguidilla de triunfos.

 

 

 

No, yo no me casé. Ocasionales candidatas me hablaban de…..fútbol. Así que, no, no me casé.

Tantas veces entré en el living de mi casa y encontré una apasionada discusión sobre fútbol. Yo, con un libro en las manos. No sé cual de las reacciones me ha lastimado más: la consuetudinaria indiferencia o las miradas recelosas, enmarcado todo en un silencio reprobador.

 

 

¿Cómo salgo de este gris laberinto, como los que les gustaban a Borges, aunque el adjetivo sea de Sabina parodiando a Almodóvar?

 

 

Con…la literatura, claro, que participa de la vida tanto como el fútbol.

Revisé mi biblioteca con método, con ansiedad.

Y encontré, en “Misteriosa Buenos Aires”, de Manuel Mujica Láinez, la vía de escape para esta historia. El ardid liberador está cifrado en el cuento “El ilustre amor”. Si se había animado Magdalena, la protagonista, con tan exitoso y elegante resultado, yo no me iba a quedar a la zaga.

 

 

Bajo la presidencia de mi padre, el club subió a primera y dos años después ganó el campeonato. Esta tarde celebran los triunfos con una gran marcha callejera, encabezada por jugadores y directivos.

Pasarán frente a mi casa.

Compré el equipo completo: camiseta verde, rojo y azul; pantaloncitos azules, medias verdes. Compré botines, negros. Una gorra, un redoblante.

Aguardo, así vestido y preparado, detrás de la puerta. Siento los cánticos, los gritos, los aplausos, los bocinazos. Ya están aquí. Salgo.

Al principio nadie advierte mi presencia. Comienzo a batir el redoblante y a cantar. Voy dejando de lado la timidez. Los primeros en verme son algunos hinchas, que entusiasmados me abren espacio en la marcha. Veo las espaldas de mi padre,  mis hermanos, los jugadores. Avanzo con el grupo y dentro de él. Logro adaptarme al cántico que entonan. Un pasillo se extiende en zigzag entre la gente. Paso junto a los primeros conocidos: unos ex vecinos que se codean con las bocas abiertas.

Mi gorra con los colores del equipo tiene cascabeles, sacudo la cabeza para hacerlos sonar, un extraño, incierto, incomprensible entusiasmo me va ganando. Cada vez que creo alcanzar el techo del volumen, me doy cuenta de que puedo subirlo otro poco. Nadie hace más ruido que yo. Cuando comprendo esto , he llegado a la primera línea de la marcha.

Mi padre me mira…..sé que no puede creerlo. Mis hermanos no entienden lo que pasa. Algún jugador, o miembros de la comisión, que me han visto fugazmente, pasa la información a los demás.

-Es ese, el otro hijo.

-¿Cuál?¡El que no?¿El que es famoso porque el fútbol no le interesa?

Llegamos a un cruce de avenidas, la marcha sufre una breve detención, un momento de fascinación ante sí misma. Aquí están los medios apostados. Doy un paso.

Cuando el movimiento se reinicia, yo voy encabezando. Las ventanas de los edificios se abren a nuestro paso. Llueven vítores y papel picado.

Cerca, cada vez más cerca, se recorta el estadio, nuestro destino

El ingreso semeja una interminable exclamación. Los jugadores van hacia el campo, los hinchas a las tribunas, mi familia hacia el palco oficial, al que se asoman como un grupo principesco. Yo no lo dudo, ocupo un lugar sobre el verde, junto a los deportistas.

En ningún momento dejo de agitar mi redoblante, de cantar, de agitar los cascabeles de mi gorro.

Pasan las horas, todo se atenúa, vuelve a sus formas, a sus colores habituales. A lo real.

Regresamos a casa en silencio, estoy agotado por el esfuerzo, la garganta rota insinúa que no hablaré más.

Llegamos.

Avanzo, como puedo, hasta un sofá del living.

Mi padre activa el contestador automático del teléfono. Hay incontables mensajes de mi madre, que lo ha visto todo por televisión.

No es la única.

Un semicírculo rodea a mi padre. Mi hermanos contestan sus celulares, son amigos y conocidos que no entienden qué me ha sucedido. Cuando se cansan, deciden apagarlos.

Más allá, la línea de cuñadas y sobrinos. Uno de esos niños amaga preguntar:-¿Pero no era que al tío……?

Una bofetada interrumpe la frase.

Todos esos ojos me observan, expectantes, como no han mirado ningún partido de fútbol.

Sé que no abandonaré más estas cuatro paredes.

Permaneceré aquí, ajeno, intocable,  incomprensible. Un objeto suntuoso, inasequible a la suspicacia, a la maledicencia. Atrapado, ante los demás,  por una pasión que jamás, jamás, jamás, he sentido.

 

 

-Pero dígame- la voz indignada de mi terapeuta me hace saltar del diván- ¿Qué pretende con esa descarada parodia de un cuento de Manuel Mujica Láinez?¿Superar sus traumas, sus conflictos? Pero…pero todo ese disparate, es literatura.

 

Y claro, si, es literatura. ¿Y por qué? Porque a mi no me gusta el fútbol. No. A mi no.

 

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ÁFRICA

 

¡África!

Los extranjeros te conocemos

tan solo de nombre y forma,

pues te hemos visto en los Átlas,

en la tele, o en alguna foto

de periódico o revista,

no sabiendo que en tus entrañas

tu volumen se oculta

siéndonos invisible a simple vista,

cual inmenso iceberg flotante

desprendido de un glaciar.

 

¡África!

Tu espíritu y tu esencia provienen

de los restos de grandes imperios,

Egipto, Cartago, Roma, el Islam,

Ghana, Malí, Songhay,

engullidos en las tinieblas,

perpetuados por unos pocos

que a pesar de los siglos

tu esplendor han sabido valorar.

 

El más conocido Egipto,

“Egipto, Don del Nilo”

dicho por Erodoto,

que nos estremece el oirlo nombrar,

pirámides, esfinges, dioses,

historias faraónicas y monumentos

que nos hacen vibrar,

a tal punto, que los codiciosos

han robado de tus entrañas

tesoros invaluables

que jamás podrás recuperar.

 

¡Oh África!

Sin inmutarnos hoy, observamos

la vasta extensión de tu desierto,

que milímetro a milímetro

te abraza sin cesar

y la tranquilidad del mismo,

que el extranjero expugna

con su gran Rally de Dakar.

 

La sequía de tu suelo es recurrente,

forzando comunidades a emigrar

en la lucha por buscar recursos,

provocando conflictos entre tribus

que de hambruna no quieren acabar.

 

Y… que decir  ¡Oh África!

de tu mayor flagelo, el “SIDA”

del cual sabes que es mejor callar,

aunque el terror esté en el ambiente

sembrando inquietud y soledad,

que ahora arrebata

la cuarta parte de tus vidas

y camino va a convertirse

¡en la mayor catástrofe

que vivido hayas jamás!.

 

¡África!

Siempre has sido blanco

de guerras que te abrazan

acabando con el acervo africano.

Niños soldados,

luchando y muriendo

en tus guerras olvidadas,

ésas que nisiquiera aparecen

en un pequeño breve

de una escondida página

de los occidentales diarios.

 

Inocentes, hechos un manojo de nervios,

con la mirada negra de angustia

bajo las bombas y proyectiles,

que con dura mano

causando espanto y terror,

empuña su propio hermano.

 

La catástrofe se abate sobre tí,

el mundo entero mira

cómo te desangras,

nuestras caras yacen inmóviles

aún viendo tus lamentaciones

que suben a lo alto de los cielos,

sin escuchar tu voz

ni volver nuestros ojos

hacia tí, para llorarte.

 

¡África!

La de los safaris,

la de exótica fauna,

la de grandes imperios

y monumentos históricos

tapizada por selvas,

sabanas y dunas doradas

que llegan hasta el mar.

¡Oh África!

¡Que olvidada del mundo estás!.

 

 

MARIA CLEMENCIA BOTERO YALI

Derechos de autor:  10-226-234

 

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POESIA Y E-VIDENCIA

 

En este rincón de alegría y humos de ensueño, dejados en la estacada por el amoroso Gustavo quien ha sentido la llamada del deseo de fornicar, marchando a Sicilia al encuentro de su amada, y creo que va  a pasar el mar Mediterráneo a nado o a pies juntillas, vamos a apretar el botón de arranque de la Poesía y E-Videncia, si se puede.

Es este un rincón cerca y lejos del circo político de los horrores y errores de nuestra vida. Pretendemos que este sea un remanso de poesía y de amor para realizar y contar nuestras historias mimadas, sensualizar nuestros sueños  de dulce hierba en interacción

con el contacto directo, sacando de nosotros lo pícaro que llevamos dentro.

Todas las cuartillas en sueños y tentaciones escritas y recitadas o leídas serán un día plasmadas en un libro.

 

Estamos cerca del Cementerio real y cementerio de la vida burgalesa donde esta semana han arrancado de su osario el cuerpo del Cid, montándole de nuevo en su “parda mula tan trotona como falsa”, que diría Eugenio Tapia, con una maleta en la mano, en cuyo interior se encuentran los huesos de Jimena robados al Monasterio de San Pedro de Cardeña. Hemos visto a la plebe que vitoreaba al Cid  con cara de sepulcro de los Escipiones encontrado en Tarragona, y con cara de sepulcros antropoides hallados en Cádiz  Por otra parte, oímos los aullidos de lobos gritando contra la Crisis de un gobierno que hiela la sangre, y a los representantes de Aborto Cero coreados por un ejército de fetos mirándose a los ojos de un psicótico. Llegando a la conclusión de que el gobierno ha llegado a un paroxismo demente, sin límites ni cordura alguna.

 

Mientras, en Roma, siempre al límite de la mística más turbadora, se santifica a un  tal Juan de Avila, mientras se escucha el lamento de un violón tocado por el papa en un intento de suicidio angelical como hacen los viejos en los geriátricos. Nuestro jefe de gobierno seduce con un sonámbulo caminar pues tiene la cabeza llena de pájaros El seduce hasta a la misma Merkel, enferma esquizofrénica, como él, amantes del futbol.

¡Qué triste vida para los sonámbulos del Euro¡.

 

Los presupuestos de 2013 están hechos de espasmo y convulsiones de degenerados que abrirán en canal al pueblo, que sufre en su rostro una cirugía facial abominable, producida por los lecheros que destrozan nervios, carnes, y astillan a los indignados los huesos. Estamos en las justas del Cid y del César Enano, en cirugía sádica de la religión y la impostura. El pueblo más decadente está adormilado y obligado al servicio de clérigos babosos, a quienes sólo les mola  los niños y las niñas, que les vuelven locos

 

Cuenta la leyenda que cuando un pueblo marcha hacia la miseria, aparecen blancos corceles y risueños jinetes entre la bruma a galope de falsos héroes de leyenda o de asesinos césares enanos, obligando a los silenciosos a besar el rostro de la muerte, que por eso callan y no se manifiestan estos muertos vivientes. Siendo la gran hazaña del  jefe, llevar al pueblo a engrosar las listas de Caridad. Cada cual arde en su propio infierno. No nos queda más que los pisos de citas y los confesionarios, fiados de monjes de hábitos prietos. No nos queda más que el hexasílabo de Iriarte, parafraseado:

“En una catedral

Una puta había

Que sólo follaba

En solemnes días”.

 

-Daniel de Cullá

 

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*Detrás de la ventana*

 

La vida está allí… detrás de la ventana.

Vuelan mariposas, hay perfume de lavandas.

El cerezo está cubierto, y florecen las retamas.

 

Que bello desafío me ofrece la mañana

Los pájaros que trinan, amaneciéndole al alba.

Y yo de este otro lado, apegada a mis sábanas.

 

Descorro las cortinas y se esfuman las nostalgias

los vidrios se traslucen, y los grillos que cantan,

la alondra se uno al coro, y la sinfonía se desata.

 

¡Cuántas veces quedamos! De este lado de la ventana

viendo pasar la vida, con una indiferencia que espanta

y el tiempo ¡TAN VELOZ! No perdona y nos mata.

 

Seamos protagonista de esta historia prestada

subamos al escenario a participar y ganarla

a esta loca carrera, de horas y de demandas.

 

La vida seguirá allí, pero desnudemos el alma

sobre la gramilla verde, asida de las nubes blancas

sintamos que vale la pena… vivirla con paz y en calma.

 

Aceptemos el desafío, y ganemos esta batalla

de no pensar en nosotros, cuando hay tantas desgracias

la sociedad necesita de seres “con almas blancas”.

 

(¿La vida? La vida es eso que dobla la esquina cuando suspiramos) Liby®

 

Libia Beatriz Carciofetti // Argentina

Derechos reservados Nº 452298

libypoesias@arnet.com.ar

 

 

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VI

TE QUIERO como la tierra al río

y a la noche innumerable de silencios

como los días de esperanza te quiero

aunque por ello sufra el dolor de este planeta

Te quiero en el canto profundo de todas las cosas

te quiero sin desnudos

y cuando estás desnuda mujer    lejana y sombría

con tu vientre de futuro    te quiero

Sé que he nacido para el instante en que el destino nos vuelve locos

sé que tu amor    no es la cópula y el beso de los cielos solamente

 

Es arder contigo sin que las manos y los cuerpos

y el alma tengan que urdir un secreto

una palabra    un gemido

 

El amor es arder en ti    en mí    en nosotros

es besar la urgencia amorosa de tus labios

y la redondez citadina de tus pechos

es despertar en la calle de tus muslos

que saben que te quiero

y de tanto quererte    te quieren mis manos y mi boca

y la piel entera de mi vida    que esperan habitar en ti

las rosas palpitantes de tu cuerpo

te quiero

 

León Hernán (México)

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Textos escritos por María Isabel Bugnon

(Argentina)

 

QUIERO

 

Quiero tenerte

 A mi lado,

Colibrí que vuelas

De flor en flor,

Dejando la marca

De tus besos

En cada una de ellas.

Quiero atraparte

 Entre mis brazos,

No dejarte escapar,

Hablarte de mi amor,

De  los  sentimientos

 Que habitan

En mi mente.

Este amor me llena de felicidad,

Disipa el dolor.

Mi corazón es un

 Vendaval de pasión.

A pesar de la distancia

 Mis versos

Y tus letras  caminan

De la mano,

Nos roza el alma,

Acarician la piel

Y arrullan  nuestros corazones..

 

PAZ

 

La poesía y la paz

Van de la mano

Elevando amor y sueños.

Si la mente  de los poetas

No seria caudal  de versos

La poesía no lograría

Ser amiga de la paz.

La paz nos abre un mundo

De hombres poetas,

Los cuales  dejan

Que la poesía  se suba

A las nubes, galope por el universo

Para unir nuestras palabras

En un abrazo sincero

Recordemos que somos todos hermanos

Sin distinción de credo

Raza  o color.

Escribamos poesía s para

Que la paz resurja airosa,

Abra nuestras mentes,

Se instale en nuestros corazones.

El cielo se cubra de palomas blancas

Símbolo de la paz en el mundo.

 

                          CARTA DE AMOR

 

Te pido perdón por este silencio, pero no dudes

Que mi amor por ti sigue vivo,

Aunque aparente la frialdad  de la roca  o una falsa despedida.-

Mi amor se mantendrá en el tiempo  siempre con la prudencia, el respeto, la cautela, en un mirar silencioso.

Este corazón travieso quizás pretenda  abrigarte en esos días que te sientas solo y triste.-

Confía en este amor transparente, aunque la rutina amenace con ahogarlo.

Los días son interminables esperándote  pero sigo acá como todos los días, alimentando este amor  que una fría mañana del mes de agosto llega a mi, cual niño que habré los ojos a la vida.

Despliego mi corazón como si fueran las velas  de tu velero, cuando las acaricia el viento.

Es la primera carta que te escribo llena de amor y esperanza.

Dios quiera  puedas leerla amor mío, a pesar de la distancia que no me deja llegar a ti, yo te amo igual, nada ni nadie lograra cambiar  mis sentimientos, tu te mereces mas que una simple carta de amor.-

Por ahora te dejo mi humilde  pero inmenso y sincero amor, las ilusiones, anhelos  de un mañana juntos.

Recuerda que en esta tierra lejana siempre estaré esperando por tu amor.-

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Marcelo Juan Valenti

 

Inmediatez.

El horizonte al alcance

de la mano.

Plumas levísimas

del instante  necesario

para recorrer

la distancia

que casi no existe.

 

***

 

En sueños

se combinan cielos claros

con casas a oscuras,

como los pintó Magritte.

Un

paisaje

paradojal.

La contradicción se suspende,

al peregrinar

por la finura cromática

de la realización

del deseo.

 

***

 

 

Clásico el vacío,

clásico el silencio,

de esta tarde

en la ciudad.

El paisaje

es una voz

sorda,

que hipnotizó a los habitantes.

Cruzo,

con mutua sorpresa,

a los otros no convocados

por la pasión.

 

***

 

Bosque

de rectángulos iluminados,

que avanza

hacia

mi.

Soy aldeano

de una comarca

fugaz.

 

***

 

No te acerques.

El viento

sacude

las murallas,

habrá desmoronamientos.

A lo lejos

la planicie

se alborota,

interrogándome.

Si desconozco la respuesta

me devorará,

con glotonería de esfinge.

 

***

 

 

Ojos color sepia:

un paisaje de naranjos

se ausenta.

en el tiempo.

La exageración

de las pupilas

intenta el rescate.

Cuatro generaciones después

continúa

el extravío.

 

***

 

Está

en las nervaduras

de una hoja dorada,

en el pétalo de una flor

de interregno,

en el ojo nacarado

de un mosca, en los círculos concéntricos

que trizan al lago.

Cada detalle

alberga

intimidad de mapa.

 

***

 

Gritos

de protesta

en el jardín de los faisanes.

Me pierdo

en encrucijadas,

bajo árboles aromáticos.

Tu rayo

será la llave

de la plazoleta.

Todo me cubre

con ropaje de asombrado terciopelo.

 

***

 

Soy un vagabundo

escondido

en el territorio casual

de mis ojos

cerrados.

Oscuridad

es la palabra que me guía.

El panorama

concluye

en el párpado.

 

***

 

Vienen

de un mundo ajeno.

Para afianzar

su ser

han usurpado un vasto

espacio verde a los paseantes.

Observo,

mudo,

la mímica del juego.

 

***

 

Abandonado

en este punto geográfico

y a la espera.

El paisaje

son los otros,

las carcajadas y los gestos,

alguna canina perplejidad.

Cada parpadeo es una tijera

oxidada,

parcial

inútil.

La mirada

deviene

playa desolada y perpetua.

 

***

 

 

No alcanzo el horizonte,

tampoco el cielo.

Las islas están lejos,

nada detiene al río ni a las estaciones.

Es casi irreal

el cincel

de las hojas,

la demarcación cromática de las temporadas,

la incursión

indefinida

del viento.

 

***

 

Panorama

en el lenguaje,

en el trauma.

Cada complejo un risco,

una selva, un mar,

significantes.

Le temo al camino.

Muere

el paisaje

tras el vallado

del discurso en el diván

 

 

***

 

Salta

en su única pierna,

me conduce por los senderos umbrosos.

Mi secreto ha sido descubierto.

Las mariposas azules

crecen

conforme nos acercamos

a lo más profundo

del bosque,

no se arriesgan

a revolotear

sobre los acantilados.

Allí

reinan los lagartos.

El  recuerdo de nuestro paso

se perderá,

pronto,

en la memoria de una cascada.

 

***

 

Presencia

constante

del islote

frente a la felicidad.

¿Quién se atreve a nadar con tiburones?

Al cálido manto del agua

sucede

la frialdad de la tierra.

El paisaje

que otros ven,

me incorpora.

 

***

 

 

Archipiélago supérstite.

La ola

alegórica

se sacia

con la policromía

sinfín

de la materia.

Somos sutiles caramelos

que acicatean

a una gula

prepotente.

 

***

 

 

Asfixia nacida

en una casa sin ventanas a la calle.

Hacia el dibujo psicomágico

me llevó

la intuición.

Fallé.

Ningún alivio trajeron

los vitrales que horadaban

mansiones imaginarias.

El aire se precipitaba al cielo

desde el patio amurallado.

Así,

el país de la infancia no se abandona jamás,

cerrada la frontera

por la certeza de que para algunos

el  paisaje es imposible.

 

 

 

 

***************************************************

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“CARTA A UNA

AMIGA”

Mi querida Etelvina:

 

Luego del mal trance

por el que he pasado,

hoy puedo decirte

que me siento mejor,

el transplante ha sido

de lo más exitoso,

salvo algún detalle

me lo dijo…el doctor.

 

Vos me preguntabas

en que consistían,

los elementos puestos

en la intervención,

glándula de mono

y ovario de yegua,

que salvaron mi vida

me embarga…la emoción.

 

Después de operarme

no se que me hicieron,

ya no soy el de antes

que era propio, un rey,

los veo y me trepo

a algún que otro árbol,

y por culpa del ovario

me siento…un poco gay.

 

también te confieso

que tengo problemas,

al zoo no puedo

a mi nieta llevar,

el mono excitado

me tira besitos,

y la mona enojada

me quiere…pegar.

 

Hoy tengo otros gustos

como diez bananas,

me constipo todo

que le voy a hacer,

entre sueños veo

venir a mi encuentro,

a la mona chita

y a…Tarzán también.

 

Estoy en el trance

de ver lo que hago,

me crece el pelo

que es un horror,

me hice mil brushing

claritos y rulos,

la vieja me huye

y ya no hago…el amor.

 

Yo por este medio

les agradezco a todos,

los buenos deseos

y la preocupación,

Espero el alta

Y que me la firmen,

Para que no crean

Que perdí…la razón.

 

Sin más que contarte

te dejo Etelvina,

verás  que lo mío

no es fácil de llevar,

a veces por culpa

de la yegua que llevo,

me vienen los calores

y no me puedo…aguantar.

 

(un desvarío de) Boris Gold

 

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COLOFÓN

 

 

Por Viktor Gómez Valentinos

 

 

Dos piernas, dos rodillas, dos tobillos,
los dedos diminutos de los pies
que son tan parecidos unos a otros
y suman sus falanges en parejas,
los huesos semejantes, sucedidos
y su contaduría vertebral
para escribir el peso o el fulgor
son nómina y carbón en papel copia,
perfecta simetría con que el cuerpo
busca no estar tan solo y se consuela
del lunes y su abrazo envenenado.
Por eso se acompasa en paridad,
escruta sus meninges, sus alardes,
su tiempo entristecido y concluyente
y cuenta sus costillas mientras gime,
porque es inmensa la llanura sola
y el sol está tan lejos como el mar.
El día en que nos faltan los afectos,
palabras olvidadas como trébede,
justicia, lapicera o resplandor,
cuando estalla la flor de la torpeza
y aroma los manzanos al troncharse,
el cuerpo se conforma como puede,
busca su concordancia, su acomodo
para la ley de las compensaciones
y balancea su peso duplicado
por el estrecho beso de lo dual.
Tan sólo los impares desiguales
-el sexo, el corazón o la cabeza-
revientan en su plomo solitario,
reclaman con ardor para la sed
y exigen de algún modo compañía,
un canto en que se enreden otras voces
haciendo más liviano el universo.

(de La ausente, Cáceres, Diputación/ Institución Cultural “El Brocense”, 2004).

 

 

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