39º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea

NELG niños y palomas

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39º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL TRIMESTRAL

NEVANDO EN LA GUINEA

NºLXXXIII/05-02-2014

 

EDITORIAL LXXXIII

Sobre Cumbres y poetas

El pasado mes de Noviembre tuvo lugar en Panamá la XXIII Cumbre Iberoamericana. Hemos sido críticos con estos encuentros, entre otras cosas porque creemos que los representantes que acuden, Presidentes de Estado o de Gobierno y otros altos dignatarios, no reflejan en realidad a los pueblos en cuyo nombre asisten. Fuera queda la riqueza cultural y social de unas sociedades que, por fortuna, son muchos más ricas y plurales de lo que creen quienes dicen dirigirlas. Y no hablamos sólo de dinero. Antonio Machado escribió que el necio confunde valor y precio, lo que es una gran verdad, y en estas cumbres se habla sobre todo de precio, no de valor, ni valores, más allá de pomposas declaraciones extemporáneas.

Esta última Cumbre, además, tuvo más deficiencias que encuentros. Faltaron algunos países, entre ellos los que aglutinan el ALBA. Por faltar faltó el Rey de España, recién operado. Además, se decidió que las Cumbres se celebraran cada dos años. Y si todo esto no fuera ya un cambio profundo, resulta también evidente que el escenario se ha modificado mucho. La crisis aqueja sobre todo a España, que de repente parece haber sido despojada de su posición dirigente frente a una América Latina que sigue emergiendo no sólo económicamente –pretendemos no ser necios y fijarnos sólo en lo económico-, sino también en lo cultural, si es que en algún momento la cultura en los países latinoamericanos ha dejado de ser central. Muchos ciudadanos americanos que emigraron en su momento a España o en general a Europa regresan ahora a sus países de origen con mayor o menor fortuna, pero con una experiencia que seguramente les ha enriquecido y tal vez se refleje en su aporte a las sociedades de origen. Muchos españoles, por su parte, se ven ahora obligados a emigrar, y muchos eligen América Latina como destino, como pasó en otros momentos de la historia reciente.

Las migraciones son fruto de situaciones complicadas, no deseadas a menudo. Pero se vuelven con frecuencia en oportunidades económicas, sociales y culturales. Más en un momento como el nuestro en que las nuevas tecnologías permiten un intercambio más rápido y fluido. Este es el intercambio que a nosotros nos interesa, mucho más que el de las Cumbres formales y estáticas porque supone un encuentro de verdad entre las dos orillas.

De todo esto sabe muy bien América en general, esa Nuestra América del que hablara el político libertador, pero sobre todo poeta, que fue José Martí. Sabemos que el mestizaje americano, tan manido en discursos oficiales sin sentido, es fruto en muchos casos del dolor. No podemos olvidar la persecución de los pueblos indígenas, no sólo física, más cruenta, también cultural, no menos cruel, ni la esclavitud de los negros que fueron llevados a regiones latinoamericanas y cuya presencia perdura hoy a través de sus descendientes, tampoco de las migraciones antes referidas –de asiáticos, europeos y árabes o turcos-, todo inmerso en un profundo dolor, pero también origen de una nueva sociedad dinámica y creativa, incluso en su conflictividad. España y Portugal, más provincianas en el siglo XX, han podido vivir esa mescolanza de acentos y lenguas en épocas más recientes, esperamos que de forma ya irremediable lo asuman en sus culturas y concepciones sociales.

Aquí está la verdadera Cumbre por la que nosotros abogamos.

***

El año ha comenzado con tres noticias tristes para los amantes de la poesía. En Enero murieron el argentino Juan Gelman, el mexicano José Emilio Pacheco y el español Félix Grande. Es un tópico al uso en estos casos: el mejor homenaje a los escritores que mueren es leerlos. Será un tópico, pero resulta una gran verdad, sobre todo cuando se trata de poetas como ellos. Tal como escribía José Emilio Pacheco en «Elogio de la fugacidad»:

Triste que todo pase…

Pero también qué dicha este gran cambio perpetuo.

Si pudiéramos

Detener el instante

Todo sería mucho más terrible.

¿Pueden imaginar a Fausto de 1844, digamos,

Que hubiera congelado el tiempo en un momento preciso?

En él hasta la más libre de las mujeres

Viviría prisionera de sus quince hijos

(Sin contar a los muertos antes de un año),

Las horas infinitas ante el fogón, la costura,

Los cien mil platos sucios, la ropa inmunda

—Y todo lo demás, sin luz eléctrica y sin agua corriente.

Cuerpos sólo dolor, ignorantes de la anestesia,

Que olían muy mal y rara vez se bañaban.

Y aún después de todo esto, como perfectos imbéciles,

Nos atrevemos a decir irredentos:

<<Qué gran tristeza la fugacidad,

¿Por qué tenemos que pasar como nubes?>>

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Cuando cesa la lluvia

Vio a través de los ventanales del aula que había parado de llover. Justo a tiempo, pensó, porque en poco más de diez minutos terminaba aquel primer cuatrimestre del curso, comenzaban las vacaciones de invierno y aquella turba de alumnos de todas las edades saldría feliz a la calle para disfrutar cada segundo de las dos semanas de parón que había por delante. Así que, pensó, era como si el tiempo les diese la bienvenida cesando la fría lluvia y de este modo, en cuanto sonara la campana que anunciaba el final de la jornada, podría asistir una vez más a cómo todos los estudiantes, cualquiera que fuese la edad, el curso o la condición, echaban a correr a sus anchas. En apenas unos segundos abandonarían el aula, les escucharía gritar como locos por los pasillos y sin que hubiese pasado más de un minuto les vería desde aquellos mismos ventanales, sin todavía haber recogido ella sus propios libros y cuadernos, salir del edificio escolar. Los contemplaría en la calle saltar y reír ante una perspectiva de libertad hasta ese momento cercenada por la rutina de las materias y los horarios. Observó a sus alumnos, quince rostros ansiosos por que pasaran los próximos diez minutos lo más rápido posible, y le dio cierta pena, no por ellos, sino por sí misma. No podía compartir la felicidad de los chicos ni tampoco la de sus compañeros de escuela, los otros profesores que veían en las vacaciones la oportunidad de recomponerse un poco por dentro. De un modo u otro, la rutina de la escuela era para ella un bálsamo. Además, era la Navidad lo que tenía por delante y nada podía causarle mayor tristeza. Ya sabía que era un tópico, lo de la melancolía proporcionada por aquellas entrañables fechas, pero no podía escapar a sentirla ni a que el ánimo se le decayera todavía más. Si por ella fuera, seguiría dando sus clases de literatura y explicando a los tres grupos asignados las metáforas y los símiles de los poemas así como el sentido de una serie de novelas que, por su edad, ella había elegido, para que así se les planteara un mar de dudas sobre la vida que iban a afrontar y pensaran y reflexionaran acerca de su porvenir. Pero sobre todo, si por ella fuera, seguiría refugiándose en la escuela, porque al fin y al cabo era eso, en efecto, lo que procuraba, refugiarse o, como le dijeron alguna vez, tuvo que reconocer en el fondo que con acierto, huir de la vida.

Terminó de explicarles el último punto previsto para aquel último día. Faltaban aún cinco minutos. Forzó una leve sonrisa. Sabía que sus sonrisas, fueran o no sinceras, parecían dulces a ojos de los demás. Poseía un rostro agradable y grato, amable para quienes la miraban, aunque no fuese lo que digamos bella, al menos ella no se veía bonita, aun cuando se daba cuenta de que era atractiva, o cuanto menos resultona, no le pasaban desapercibidas las miradas de reojo por la calle, y forzando una voz calma les dijo a sus quince alumnos allí delante de ella, en un silencio que resultaba cuanto menos estrepitoso, que se acababa por ahora todo. Los chicos abrieron más los ojos si cabe, hubo alguno que a punto estuvo de levantarse para salir corriendo, pero sin esperar a  que ocurriera, alzó de nuevo su voz. Antes de salir, les dijo, y aquí debió reprimir la emoción que atisbaba por brotar, os quiero desear unas felices fiestas y deseo también, y aquí no pudo menos que asomar no poco escepticismo, que os dediquéis a la lectura, pensad que hay tiempo para todo, y lo dijo en el fondo sin mucho convencimiento, porque lo que la muchachada iba a hacer era lanzarse a la locura de las compras, del consumismo más avieso, de los regalos, de una frenética carrera por olvidarse de todo, incluido de sí mismos, y en cuanto sonó la campana, y esta vez sí salieron como almas que persigue el diablo, creció no poca culpabilidad en su interior, porque aquellas palabras que a punto estuvieron de componer un discurso cursilón y tontaina sólo denotaban la envidia que ella sentía por no poder gozar de las vacaciones ni de aquel impulso de la juventud, aun cuando no había cumplido todavía los treinta, no era del todo una adulta, no en esta época de edades ambiguas, aunque desde luego dejaba atrás la juventud, al menos así lo sentía ella ya de un modo definitivo, aunque en todo caso ahora como entonces, cuando tuvo las edad de sus actuales alumnos, iban de los doce a los catorce años, divididos en los tres cursos, tenía la sensación de haber sido la misma persona retraída, solitaria e incapaz de mostrar el cúmulo de sentimientos que bregaban por salir.

Ordenó sus apuntes y los guardó en una carpeta. Puso un par de libros sobre la misma y suspiró levemente, sin saber aún si iba a echarse a llorar o aguantaría el tipo como de costumbre y saldría con una tremenda pena en su interior. Pasó por la sala de profesores donde se encontró con Marisa y Daniel. Ambos le sonrieron cuando la vieron entrar.

–Cómo se presentan las vacaciones –le preguntó Marisa, profesora de arte, apacible y moderna, aun cuando rozaba la cincuentena, no parecía quemada por el oficio y se preocupaba siempre por los compañeros de trabajo.

–Tranquilas –respondió ella. Amagó otra de sus sonrisas.

Sin embargo, bien sabía ella que no serían tranquilas. Al menos por dentro. La perspectiva de pasar la Navidad en familia no le atraía en absoluto, al contrario. Se sentía apenas una presencia extraña, una sombra para la mayoría de sus parientes con quienes ya no mantenía, desde que saliera de la primera juventud, mucha relación. Se repetirían las preguntas habituales, ya casi tópicas, dónde trabajas, tienes novio, qué tal aquel amigo o aquella amiga de la infancia que ella misma casi había olvidado. Esto en el mejor de los casos, porque con la familia más directa, su madre, su padre, su abuela, sus hermanas, la más cercana de sus tías, incluso sus dos primos de la misma edad, confidentes en algún momento de la vida, la sensación era de reproche, como si la rechazaran en el fondo, como si ella fuera una extraña o la persona que sólo ellos esperaban, otra persona distinta a la que era en realidad, sujeta siempre a juicios de valor, o hubiera un muro infranqueable que les separase, que se hubiera levantado de pronto o quizá poco a poco, quién podía saberlo a esta altura de su vida, pero que por la fuerza de la sangre o por ese pacto explícito de la tradición, de los hábitos que se conforman en inercia arraigada, resultaba imposible romper y por consiguiente la relación y la costumbre se convertían en obligación, y no tenía más remedio que acudir, extraño mecanismo de imposición social, cuasi tribal, que convertía las fechas en cuestión en un rito y de este modo se aseguraba su asistencia a la cena de Nochebuena. Claro que muchas veces había barajado la posibilidad de no acudir, de dar cualquier excusa y así no recorrer los quinientos kilómetros que la separaban de su ciudad, de su casa, su casa, murmuró no sin extrañeza, y quedarse sola, por ejemplo, en su casa, la de ahora, tal vez la de verdad, o anunciarles que se quedaba con un novio repentino por cuya existencia siempre preguntaban de un modo general, persuadidos tal vez de que visto lo visto ya nunca lo habría, pero que de pronto surgía de la nada, sólo ella lo sabría ficticio, o tal vez aceptar alguna de las invitaciones que a veces le dejaban caer, reales estas, la de la misma Marisa, sin ir más lejos, si no vas a tu casa, la de antes, se entendía, así lo entendió ella, puedes cenar con mi familia, le dijo unos días atrás, y ella soñó en cómo serían unas Navidades distintas, lejos de la obligación y la rutina, ajena a los reproches y a los silencios.

Pero iría, volvería a casa por Navidad, como decía la canción de un antiguo anuncio televisivo, de turrón, recordó, aunque en su caso no había ilusión, ni grandes abrazos, ni sensación de apego, sólo un hábito frío que se había instalado desde hacía tiempo dentro de sí, sin saber muy bien si venía de fuera, un manto impuesto, o era algo propio, un rasgo de carácter contra el que no valía la pena luchar, si es que en algún momento se decidía por cambiar.

No esperó a que Daniel acabara de explicar lo que le contaba a Marisa antes de que ella entrara. Aprovechó un silencio repentino del profesor de matemáticas para decir que debía marchar.

–Felices fiestas –les dijo, y sus compañeros se lo desearon a ella justo cuando salía de la sala.

Avanzó por el pasillo ya vacío y fuera del edificio de la escuela no encontró a ninguno de los alumnos que poco antes saltaban, reían y bromeaban con barullo. Fue hacia la marquesina y cuando llegó y se sentó en el banco a esperar el autobús sintió, esta vez sí, que los ojos se le llenaban de lágrimas. Por suerte no había nadie en la parada para ser testigo de su momentánea debilidad. A los pocos minutos apareció el autobús al final de la calle y se frotó los ojos para despejarlos de lágrimas. Cuando ya estuvo de camino hacia su casa, intentó llenar la cabeza con lo que tenía que hacer aquella tarde. Por ejemplo, comprar el billete, aunque tal vez lo dejase para el día siguiente, quedaba aún mucho para la Nochebuena y seguro que encontraba plaza en algún tren o en la línea de autocares entre ambas ciudades. No, lo haría al día siguiente, esa tarde prefería quedarse en casa, tal vez leer, ver alguna película, tenía varias pendientes, o simplemente echarse a dormir. Claro que cuando se acercaba ya a su parada se agobió ante la perspectiva de la soledad. Me voy a poner a llorar, pensó cuando bajó del autobús, si me quedo en casa, no pararé de llorar y me atracaré con galletas y chocolate y me sentiré mal como una chiquilla idiota. Al abrir la puerta de su portal y subir los dos pisos hasta su apartamento pensó que lo mejor era salir, comer algo y darse un garbeo.

No se le ocurrió nadie a quien pudiera llamar para quedar. Tampoco le apetecía. Lo que quería en todo caso era salir, no importaba si salía sola, le bastaba con que hubiese gente a su alrededor. Cerca había una zona de bares tranquilos y recordó dos lugares donde podía escuchar música y hasta era posible que en uno de ellos tocara en directo algún grupo. Lo decidió: era justo eso lo que necesitaba. Le gustaba además salir sola, sin un plan preconcebido, tomarse un par de cervezas, tal vez conocer a alguien, charlar, dejarse llevar, olvidar los problemas, intentar ser feliz, al menos un instante de felicidad, y si no de felicidad, sí al menos de alegría. De repente se sintió a gusto. Se preparó un bocadillo, comió un par de manzanas. Se cambió la ropa, no le costó mucho decidirse, y salió del apartamento.

De camino al Café Atlántico regresaron los nubarrones. Pensó en su padre y en lo que él había planificado para ella. Hombre de costumbres cerriles, conservador al estilo más carca, incluso reaccionario a pesar de su prosopopeya liberal y progresista, a veces estaba convencida de que al carecer previamente de un hijo había decidido que ella, la hija menor de tres hermanas, a todas luces la última que con su esposa iba a engendrar, se convertiría en el hijo que no había tenido, como le ocurriera al protagonista en algunas novelas de Tahar Ben Jelloun que de pronto recordó al pensar en su padre y en la forma en que, del mismo modo que en la ficción, cuando la tuvo en brazos, decidió que aquella niña iba a ser el varón deseado e imposible, y con el tiempo, no muy tarde, llegó su frustración y la fría distancia hacia ella. Esto quizá explicase muchas cosas, bromeó para sí, en un zafio e irónico intento de entenderse de un modo psicoanalítico. Sea lo que fuere, quiso convertirla en lo que él deseaba, una proyección de sus propios anhelos frustrados, lo que él hubiese querido ser. Sin embargo, ella tenía sus propios planes que chocaban con los de él.

Nada más entrar en el local, dejó de recordar a su padre y la pésima relación que había habido entre ambos. Recorrió con la mirada las mesas y la barra, no vio a nadie conocido. Comprobó en un cartel en la puerta que, en efecto, había concierto, un grupo de blues, leyó. Se sentó en un taburete, en una esquina de la barra y pidió una Guiness. Estaba presta a pasar un buen rato, a olvidar esa tristeza que le había dominado durante todo el día. Por una noche iba a ser ella misma, no una joven profesora de literatura, no una hija, una hermana, una sobrina, no una vida, un plan o un proyecto. Simple y llanamente, ella misma en un instante indeterminado de la propia existencia. Era lo que tenía que aceptar y lo que aceptaba en momentos como aquel. Ojalá siempre fuese así, pensó mientras descubría, al otro lado de la barra, a aquella muchacha de melena negra y ojos claros que charlaba con un grupo de amigas y que de pronto miró hacia donde ella estaba y sus miradas se cruzaron y se dibujaron sendas sonrisas, leves, amables, prometedoras. La vida, pensó, a veces le ofrecía múltiples posibilidades. Y hasta podría ser que las cosas cambiaran de veras y llegase a tocar el cielo.

Juan A. Herrero Díez

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UN PÁJARO POR CORAZÓN

Por Cecilio Olivero Muñoz

Tengo el corazón con los secretos abiertos,

quizá sea por eso que no me importe abrir

mis secretos sin yo saberlo, tengo el corazón

como un pájaro cien veces muerto, yo

te quería tanto que cuando dormías

acariciaba tu silencio y te hacía caracolas

en tu pelo, y te besaba el sueño sin saber de él,

yo te quería tanto que esperaba enamorado

a que me susurrara el viento

para que replegara tu infancia de niña traviesa,

una niña partida en dos mitades,

las mitades de unos padres, los tuyos,

que se separaban entre tu trauma perforado,

y yo te tenía pena por que te quería

y tú no sabías eso, y nunca lo sabrás

por que odiabas mis poemas,

yo te quería tanto que las diez horas

de jornadas laborales yo te perseguía

a ciegas por el laberinto de la imaginación,

y te pensaba ebrio de tus gemidos evaporados

por mi alegría efervescente, y te esperaba

limpio y nuevo, te amaba suave y sin límites,

te quise tanto y ahora quizá te quiera un poco,

poco, por que el que quiere una vez quiere muchas,

y quien quiere muchas veces amontona pocos,

como semillas de frutos que se recogen cuando

la cosecha es soledad, yo te quise tanto

que me volví palabra para nombrarte,

cuchillo para vengarte, plegaria para rezarte,

promesa para desengañarme,

y rastro para perderte, yo te quise tanto

que ahora guardo un recuerdo,

a momentos malo y en otros bueno,

pero yo te quise tanto, que si te quisiera otra vez

comprendería, de una vez por todas,

que todo tiene solución menos la muerte.

***

SÓLO DIOS PERDONA

Que te perdone Dios
pues yo no voy a perdonarte,

que te perdone un Dios redentor

si mereces perdón él debe juzgarte,
porque si ardo en rencor
quizá así podré mejor olvidarte,
este empache de amor,
este fuego, es ortiga en la sangre,

se empapa de tu vaho mi canción,

se enamora lo blanco del color,
pegajoso caramelo, soltar ese lastre,

no se ningunea en balde, no,
te amé en las noches de televisión,

te quise atónito de insinuación,
jamás me quedé con nada de nadie,

jamás tuvo simulacro este desastre,
pero desde el borde de tu corazón
encuentro culpables

en cualquier parte,

los encuentro suaves,

les escupo aunque sean amables.
Y la noche se ha hecho negra de dolor

de tanto pernoctarte,
y el día se ha hecho eterno sin sabor

 al masticarte,

que te perdone Dios,

que te perdone Dios,
yo no pienso perdonarte.
Que te perdone Dios,
yo con anunciártelo tengo ya bastante,

si pierdo la razón
arañaré tu sombra sin encontrarte,

te buscaré en las horas que deshojaste,
si sólo te quise yo
quizá sea verdad

que cualquier bocado a ti te vale,

que eres fiebre nociva en el aire,
tú me pides perdón
y yo no tengo porqué a ti perdonarte,
fui yo otro a tu lado, fui tu usado amor,
fui beso amargo, fui tu pésimo amante,
si no perdono yo
al fin soy humano,
al fin soy fulano, al fin soy de carne,
que te perdone Dios,
ese Dios que se predica en la calle,
esa conciencia sin voz

que en el azar es tan vacío y grande,
si te perdono yo
yo seré por vez enésima culpable,
culpable yo, de trepar por el bajón,

de oscurecer la habitación

y también por mil veces perdonarte.

***

NOCHE DE PELIGROSIDAD

Esta noche no, lo sabes, no pisaré la calle, no,

esta noche me quedo en casa

desoyendo la charanga

de verbenas populares y cutres carnavales,

me quedo ante la estufa huyendo

de cimarrones, hogueras y aquelarres,

el frío de la calle empuja sin quererlo

a una muchedumbre descalza

a tomar veneno en plena calle,

para caer rendidos antídoto les falta,

tumulto y trampa para la noche cobarde,

cuando la desnudez estupefacta

recompone galaxias en cualquier parte,

de garitos sucios sabrán los crápulas,

con mala manga ancha, ellos lo saben.

Para el trasiego el remedio es soledad rancia,

para el tedio remedio son saturnales,

esta noche no, pulula el ansia

y el recreo juega al trapecio y a malabares,

la noche viene como se oxida el ancla,

esta noche no, esta noche descansa

un perdedor en cama desde su mandra

yace y fenece en templados lugares,

un reguero de garrafón salpica

el rastro pendenciero que la plaza sangra

mientras se regulan asuntos protocolares,

un hombre con miedo, sí,

con miedo a la rabia cruda de calles,

ya no es hombre normal, no,

ahora es miedo contra sí mismo,

es el rey del tufo que se traga en los bares,

es el mendigo de bullicios escolares,

la noche es un plus de nocturnidad,

la noche es una calamidad,

la noche es triunfo podrido por tiernos chavales

en el que se rompen los egos a pares

y el vaho empaña la ebriedad

y los parroquianos renuncian al lastre,

y a la luz en los magullados trastes,

enfermedad contagiosa es la hermandad

y una barrecha de posologías por barrechar

degüellan el resuello de madres,

que crujen velando la otra enfermedad

en la solitaria plegaria de las carnes,

esta noche no saldré, no,

pasan veloces los coches ciegos de velocidad,

un llanto azul de muchachas se parte

esnifando su gramo de libertad

y revientan de ansia con un hambre salvaje,

ansia fugitiva acorralada de verdad,

el pulso tiembla en tristes eriales

de una tosca oscuridad que no reclama

a ningún culpable, noche sin alma,

la noche es para descansar,

noche en pijama, noche de peligrosidad,

en la noche se esconden tres zutanos,

dos perenganos, un camello de hash,

se esconden en las platas las marañas,

explotan con su yo itinerante,

en la noche gime escuálida la paz,

en la noche se ocultan tramos inconfesables,

se aman los que se aman de verdad,

se aman en el gineceo crepuscular

la humedad pellejeando sin desgaste,

en la noche los duros a dilapidar,

en la noche sin paredes todo ha de callar,

en la noche nadie quiere a nadie,

en la noche todo adquiere un sesgo peculiar

en los huidizos sueños por mojar, tercos

que colisionan como ilusiones fugaces,

en esta negra noche haya luz de gas

con parangones un tanto procaces,

mientras barren los que tienen

por barrer su hogar,

y los que en casa se parten la madre

comienzan su día en el que recordar

 lo que en despropósito viene y lento se va,

esta noche clama a justicia bio-degradable,

es el destino con la cara lava’,

esta noche retráctil abre la luz inmensa

escarbando en la luz solar,

Dios mediante, para chutarnos el aire.

Nos dejaremos bocado por dar

mientras que nos cierran el bar

y se escapa el gato si el panadero abre.

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MARIO MELÉNDEZ MUÑOZ

El Zoológico de palo

(Selección)

REGLAMENTO INTERNO

En el zoológico de palo
las focas aplauden cuando la gente se va
los monos no reciben visitas
las hienas jamás sonríen
A partir de las 8 p.m.
las jaulas descansan de los niños

ARTE POÉTICA

Una vaca pasta en nuestra memoria
la sangre escapa de las ubres
el paisaje es muerto de un disparo

La vaca insiste con su rutina
su cola espanta el aburrimiento
el paisaje resucita en cámara lenta

La vaca abandona el paisaje
continuamos escuchando los mugidos
nuestra memoria pasta ahora
en esa inmensa soledad

El paisaje deja nuestra memoria
las palabras cambian de nombre
nos quedamos llorando
sobre la página en blanco

La vaca pasta ahora en el vacío
las palabras están montadas sobre ella
el lenguaje se burla de nosotros

EJERCICIO DE VIENTO

Nadie sabe más del pájaro que la rama
y cuando éste emprende el vuelo
ella pinta su esqueleto de colores
y sueña que es un ruiseñor
y que le crecen alas por todos lados
y entonces canta y cuando ella canta
el bosque se estremece de emoción
y hasta las piedras quieren bailar
y hasta los ríos se conmueven
con aquella melodía

Nadie sabe más de la rama que el pájaro
y cuando juega allá en la altura
sueña con ser un árbol
y que en sus alas anidan las alondras
y los gorriones recién nacidos
y que en sus huesos florecen astillas
y que en el vientre de tales astillas
se abrigarán los sueños de las pobres gentes

Pájaro y rama se conocen desde la infancia
pero ignoran que el paisaje es un pretexto
una farsa inventada por Dios
para cuadrar la historia

EL CLAN SINATRA

Todos los gatos de mi barrio
son fanáticos de Sinatra
comienzan a tararear sus temas
apenas pongo el CD
y la voz se escurre
entre los techos y las panderetas
A veces me piden
que repita algún single
entonces el sonido de My way
New York o Let me try again
les para los bigotes
y los lanza de cabeza contra los vidrios
Esto no pasa cuando leo mis versos
se estiran, bostezan
miran para otro lado
o conversan entre ellos
en un acto lamentable
de ignorancia y sabotaje
Ustedes no me comprenden
les digo
Y vuelvo a encender el CD
para que cante Sinatra
y esos gatos se llenen de poesía

TOCATA Y FUGA

El canario sólo canta por encargo

El gorrión es atrapado por el canto
en pleno vuelo

El grillo toma nota de todo
y guarda sus partituras con llave
porque ahora tiene un nuevo repertorio

CÁMARA LENTA

El señor del chaleco triste
ya no da de comer a las palomas
los domingos por la tarde

Ahora ha encontrado una viuda joven
con la que espera pasar sus últimos días
tendidos en el lecho y comiendo manzanas

Los domingos por la tarde
vuelve a aquella plaza
del brazo de su amada
y se sienta en el mismo banco
a contar la misma historia
que antes repitiera a las palomas

La mujer escucha embelesada
cada palabra que asoma por la boca de su héroe

El paisaje se cruza de brazos
el viento cabecea y bosteza entre los árboles
la tarde sale a estirar las piernas
las palomas lo miran con nostalgia

TARJETA DE PRESENTACIÓN

Soy un gato alérgico a los ratones
Prefiero el queso manchego y la leche pasteurizada
a correr como un demente tras esas feas criaturas
Es una pérdida de tiempo, sin duda
Algo tan burdo para mi espíritu felino
que de sólo recordarlo, me da cosa
como diría el doctor Chapatín
Pero dale con lo mismo
Y me dejan durante horas en los entretechos
o en los agujeros
esperando a que esos tipos aparezcan
para darles el tiro de gracia
y así justificar mi trabajo y mi existencia
Qué historia tan absurda
7 vidas en esto, se imaginan
Ese Dios de los humanos es de veras un sangrón
Seguro andaba borracho
cuando inventó este mundo de pesadillas
donde me veo cada noche persiguiendo seres extraños
fantasmas que recorren la casa y me vigilan
que me espían mientras duermo
mientras sueño que voy por un río de leche
con mis bigotes atados al infinito

EL OTRO CARUSO*

El grillo es un tenor maleducado
canta cuando se le da la gana
y a veces guarda silencio por días
mientras la orquesta lo espera
con las manos apagadas

Él cree que su escenario es el mundo
y prefiere afinar la voz sentado en una piedra
o a la sombra de los avellanos
donde se siente seguro
y no en lejanos teatros, vestido de frac
aguardando a que la gente se acomode
en lujosas butacas o en palcos de seda

Él sabe su oficio como pocos
por eso en mitad de la noche
desnuda su flauta de luz
su extraña partitura hecha de lluvia y viento
de gorriones ancestrales
que se abrazan al aire
para que el cielo no se desangre

Porque el grillo sabe todo lo que pasa
o casi todo
pero lo que no sabe
es que su último concierto en vivo
hizo llorar a Dios

*Tenor italiano considerado uno de los más grandes en la historia de la ópera.

VOX POPULI

Todos hablan de las palomas
pero nadie del gorrión
que espía a las palomas
y que envía cartas de amor
a través de las palomas

Todos hablan de las palomas
pero ellas
sólo hablan de esas cartas de amor
de esas cartas que no dicen nada a nadie
y que nunca dirán nada a nadie

Porque el amor no habla sino la lengua
de esas paloma que la sostienen

A VECES EL AMOR
TAMBIÉN MUERDE LA MANO
QUE LE DA DE COMER

Le contarás mi historia a los perros
pero ellos no querrán saber nada de mí
hasta que no les devuelva aquel hueso
donde una vez escribí tu nombre

CURICULUM VITAE

Tratándose de mí
sólo diré un par de cosas
Mañana los gusanos
agregarán nuevos detalles

CICATRICES DE GUERRA

A veces
cuando me emborracho
las palabras me traen a casa
en un viejo triciclo de madera
Y lejos de quitarme los zapatos
y acostarme
como ocurre en estos casos
me dejan tirado en el jardín
lleno de hormigas
y con la cara pegada
al foco del alumbrado
Eso te pasa por escribir malos poemas
me dicen
y se marchan cantando y riendo
abrazadas
a mi última cerveza

SEÑALES DE RUTA

Si te pierdes en el bosque del lenguaje
piensa el poema que más te guste
y dilo en voz alta

Las palabras nos llevan de la mano
me grita Dios
desde una estrella a pedales

Cuando llegues al último verso
encontrarás la salida

RAZONES DE FONDO

Por qué no escribes de día
me dicen las palabras
de noche nos gusta salir a bailar
tomarnos un trago
jugar a las cartas
o simplemente dormir
dormir a pierna suelta
Pero tú no nos dejas
y eso nos pone de mal humor
nos desconcentra
y así los versos salen forzados
y no merecen ser leídos ni publicados
y eso no te conviene, verdad
Qué dices
aceptas lo que pedimos
Con una condición, les respondo
llévenme una noche con ustedes
y asunto arreglado
Imposible, me gritan a coro
porque entonces
ya no tendríamos nada que contarte

LOS BUENOS MUCHACHOS

El cadáver del poema se parece demasiado
a la página en blanco

El cadáver del poeta se parece demasiado
a la fosa que lo espera

El poema y el poeta no caben en la misma fosa

Eso ya te lo advertimos, repiten los gusanos
corta las patas del poema y la cabeza, si quieres
nosotros nos ocupamos del resto

Qué te parece, cholito

POSTALES MARINAS

Un barco lleno de poetas
naufragó frente a las costas
de Isla Negra*

Las únicas sobrevivientes
fueron las palabras
que nadaron desesperadas
hacia la orilla
para ponerse a salvo

Acto seguido
y ante el asombro
de turistas y gaviotas
ellas dejaron sus ropas al sol
y caminaron desnudas por la arena
como si nada hubiera pasado

*Lugar de la quinta región, Chile, donde se ubica la casa del poeta Pablo Neruda.

FRAGMENTO DE UN SUEÑO

Cuando entres en el paisaje
tus pechos caerán
y rodarán toda la tarde
hasta salir del paisaje

Un niño los dejará
sobre la página en blanco
y esperará a que suban por tu cuerpo
antes que sus juguetes apaguen la luz

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SELECCIÓN DE POEMAS

Por Pascuala Küyen (Chile)

 

Soliloquio para el Tatita Parra

Me pongo a leer a don Nica para espantar el tedio de los domingos

y me siento como Harry Haller reclamándole su Goethe.

Ha inventado un nuevo existencialismo:

bizarría, sátira, burla, silencio.

Ellos alegan y nosotros reímos.

“Gracias, gracias, no se molesten”.

Lo leo, inclinación de entendimiento en afán reflexivo, me pregunto:

¿Habrá pensado don Nica que para el 2013 todavía estaría vivo?

Que iría despidiendo a sus amigos,

(léase Bolaño y compañía ilimitada)

Que a Jodorowsky lo llamarían “maestro”,

Que la Víbora terminaría sola con su botella en un hospital,

Que hasta moriría Chávez entremedio,

pero que Fidel permanecería escondido en los helechos de la Habana.

Pensaría don Nica que tendría que echar tanto de menos a la Violeta,

que ahora su cueca valseada resuella como pájaro en cautiverio

desde los notebooks, netbooks, Ipad, Iphone y blackberry’s.

Que vería llegar el golpe, el té con Nixon y la campaña de la alegría,

aun la esperamos con las banderas de colores:

arcoíris y olla de oro, con duende capitalista incluido.

No importa –decimos desde abajo,

no hemos alcanzado al ecologismo, pero a él le dieron el Cervantes.

Eso sí:

Hubo que hacer huelga de hambre por los Mapuche en el intertanto,

Hubo que mirar a los estudiantes levantarse de sus pupitres

como monos porfiados, títeres con cabeza:

2006, 2008, 2011, 2013.

Una y otra vez en su “montaña rusa” con políticos y partidos vomitando.

El poder ejecutivo echó sangre de narices.

Hubo que soportar el cambio de nombre y la muerte presunta

decretada por su Excelencia.

“Hola, don Nicolás… es lo mismo, pero no es igual.”

Pero nosotros, Tatita Parra, lo seguimos recitando,

en las tomas, las fogatas playeras, los paseos a la Cordillera.

Seguimos invocando “los aromos” un instante antes del beso,

espetamos el “quédate con tu Borges”

y lamemos la tapita de yogur cuando nos quedamos solos.

¿Creerá don Nica que tiene un montón de nietos repartidos por el mundo?

Todos aspirando a la antipoesía,

como quien se agarra de una bolsa de neoprén.

Aquí hay una que se sueña “perro romántico” y se pregunta por sus pasos.

Es que ya no me sirve el hombre absurdo, ni la Vaca Sagrada, ni el Toro Furioso, ni el Pequeño Dios.

¡Es la muerte de los ídolos!

–grita Nietzsche con una pancarta en la mano.

Todos queremos ser imaginarios.

Para mi amigo Jorge “Contrario”. 

 

Los viajeros.

Venimos de una ciudad sin memoria

(dice avergonzada)

venimos de una ciudad con pasado transparente

como vitrina de banco Falabella.

Donde el grito desgarrador

que se oye por las mañanas en las poblaciones

es atizado por las retroexcavadoras que remodelan el centro,

donde el rostro pobre de los suburbios

es cubierto por el pañuelo del plano regulador.

Donde nadie se detiene a leer los monolitos,

ni las cicatrices de plumón permanente

que dejamos los flaites,

ni el papel craft de los comunistas,

ni las chapas de aerosol

con las que condecoran las calles los grafiteros.

Aquí nadie refugia a los que tiramos piedras,

ni reparte limones en las marchas,

ni recibe los sueños panfleteados de los estudiantes.

La palabra “popular” les suena a cochino

a farándula televisiva de pendón discotequero.

Nadie prende velas en las comisarías,

ni sale a caminar entre barricadas los 11 de septiembre

y las tomas de terreno agonizan escondidas

tras el reflejo de la Uno Sur.

Esta es una tierra de paso

(todos aspiran a irse algún día)

donde los árboles son plantados en maceteros

y las flores artificiales cuelgan de las ofertas de los supermercados.

Los buses solo hacen escala por 10 minutos

y se llevan los recuerdos.

Talca es una hoja en blanco donde cada uno

escribe lo que quiere,

Talca es feo porque no tiene historia

(y si es que la tiene, yace dormida en los libros peregrinos)

Talca es feo porque vive de las apariencias,

como un latifundista que se persigna los domingos

y el resto de la semana atormenta a los peones.

“La era está pariendo un corazón”

S. Rodríguez

Oraciones de Supervivencia.

Tengo pesadillas todas las noches.

Me levanto.

Tomo desayuno con el estómago apretado.

Voy a tomar micro.

Llego al paradero y me tengo que ir de pie.

Con las tragedias al hombro.

Llego a la Universidad, hay neblina y unos pocos carteles.

Ni parecido al invierno pasado.

Es primavera…

Miro el computador con cara de pena.

No pongo atención en clase.

Voy a una marcha y los pacos me gasean.

Lloro.

Talca tiene ojos por todos lados.

No me da hambre.

No me acuerdo del almuerzo.

El alma me estorba justo encima de las tripas.

Estoy obligada a ir a clases de nuevo.

Me lamento.

Los pasos se me hacen más lentos al llegar a casa.

Tengo los pulmones cada vez más gastados.

Estoy ocupando las mismas palabras en todo lo que escribo.

Esto No es un poema.

Me acuesto.

Vuelvo a tener pesadillas.

 

 

 

Barrio Seminario

 

La lluvia barniza las mediaguas,

Les dibuja con su témpera

Lágrimas en la cara.

A veces un perro solitario,

Amigo de mi gato,

Cruza la calle lamentándose

Porque este invierno

No florecerán los ciruelos.

Me siento despoblada

Sin las tejas de mi casa,

Indefensa sin las trancas:

Los peones de las puertas.

¿En qué rincón de la panadería

Se marchitaron los adobes?

¿Bajo qué neumático del taller

Se escondieron los adoquines?

Los borrachos se quedaron sin templo,

Los universitarios se tomaron las pensiones

Y los galpones de comida rápida

Mataron la bohemia de los bares.

La Alameda

Está hastiada con su nuevo vestido,

Mientras a ella le cambian la ropa

Nosotros observamos su desnudez

Atrincherados en las covachas.

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UNA VIDA DE TANTAS

Por Antonio M. Oliveros Quiroga

 

La llegada a una gran ciudad sin conocer a nadie es el primer obstáculo con el que uno se encuentra, pero no el más importante, porque cuando uno no tiene un trabajo, esto es en sí lo que tiene prioridad, ya que es primordial disponer de dinero suficiente para empezar una nueva vida.

Con un poco de suerte si lo encuentra antes de quedarse sin dinero y el alojamiento lo tiene resulto, solo tiene que adaptarse y encontrar nuevas amistades.

Paseaba por aquella calle, como muchas noches desde hacía varios años, no había sido una buena noche de trabajo y por eso regresaba a casa, con pasos lentos avanzando hacia la estación del metro, se le venían recuerdos a su mente, de los primeros tiempos cuando llegó a la ciudad sin conocer a nadie.

Todo empezó en las fiestas del pueblo hacía varios años, ella era una chica alegre, llena de juventud y ganas de vivir las fiestas con sus amigas como otras veces, pero aquella vez sería diferente, conoció a un chico que no era del pueblo, había ido con unos amigos a pasar unos días y luego regresaría a su ciudad.

No era más guapo ni más simpático que los chicos que ella conocía, pero le hizo gracia bailar con él cuando se lo pidió, estuvieron bailando y hablando un buen rato y cuando se despidieron ella pensó que no se volverían a ver.

Pero eso en un pueblo pequeño es imposible, al día siguiente coincidieron nuevamente y entonces fue cuando ocurrió lo que no tenía que suceder, después de bailar un rato y tomar una copa, se fueron de la fiesta y en un paraje tranquilo y precioso, empezaron los besos, caricias y la culminación del deseo espontáneo de dos jóvenes, de regreso al pueblo siguieron divirtiéndose, los días que restaban  de fiestas los pasaron juntos, hasta que terminaron y se despidieron el uno de la otra, sin saber si volverían a verse.

Pasaron varios meses hasta que ella le confiesa a su madre que está embarazada y como empezaba a no poder ocultarlo, se lo dicen al padre que no lo asimila muy bien y le obliga que se marche de casa, pues para él es una deshonra y quiere no que la gente murmure de ellos.

Así emprendió el viaje, pues del chico nunca más supo nada y no se preocupó en buscarlo, ni tuvo noticias de él.

El poco dinero que tenía cuando llegó a la ciudad, se lo había dado su madre a escondidas del padre, se alojó en una pensión y se dispuso a buscar trabajo, sin estudios y con el embarazo que empezaba a notarse, poco tenía para elegir así que fue preguntando por los restaurantes y bares, para trabajar en la cocina, pues tenía buena mano en ella y le gustaba.

Encontró un puesto como ayudante en un bar familiar donde hacían comidas caseras, pero cuando ya estuvo en el último mes de embarazo la despidieron, no llegaron a darle de alta en la seguridad social, por lo que cuando se puso de parto, lo pudo pagar gracias a los pocos ahorros que tenía.

El niño nació bien pero necesitaba los cuidados que ella en su estado no podía darle, así que llamó a su madre para que le ayudara los primeros meses, pero su padre estaba muy enfermo y tenía que cuidar también de él, por lo que después del parto se volvió al pueblo, dejándola sola nuevamente con el pequeño.

Los ahorros se fueron acabando el niño le ocupaba todo el tiempo y no podía trabajar, así empezó su calvario para poder sacarlo adelante, pues en su antiguo empleo ya tenían a otra persona y no necesitaban de sus servicios.

Alguien le hablo de trabajar poniendo copas por las noches en un bar, donde pagaban bien y le permitiría pagar a quien cuidara del niño las horas que ella estuviese fuera de casa, mientras podría cuidarle durante el día.

Fue al establecimiento para hablar con el encargado y saber las condiciones del trabajo, pensó que eran justas y aceptó el puesto, todo iba bien, ganaba lo suficiente para pagar a una joven que le cuidaba al niño mientras trabajaba y podía vivir sin muchos problemas. Hasta que una noche, vio entrar a una persona que reconoció en seguida, era el chico del pueblo, el padre de su hijo, sin saber cómo salió de la barra con intención de dirigirse a él, pero al acercarse se dio cuenta, de que él no la había reconocido y seguía conversando con la persona que estaba con él, así que dio media vuelta sin decir nada, cogió el bolso que tenía debajo del mostrador y sin hacer caso a los requerimientos del encargado se marchó de allí.

Desde entonces han pasado varios años, su padre murió y su madre se fue a vivir con ella, por mediación de algunas chicas que frecuentaban el bar donde trabajó empezó a conocer y deambular por locales de alterne, donde por dinero se ofrecían para estar con hombres y ganar más que trabajando en cualquier empleo. Su madre sabia de sus actividades pero no decía nada, el sufrimiento lo llevaba por dentro y lo soportaba por el niño, para que no le faltara de nada, pero a ella cada se le hacía más pesado ver a su madre sufriendo.

La mandó al pueblo con el niño una temporada, para que se recuperase de la congoja que padecía por verla a ella, como se deterioraba día a día pero enseguida volvió porque no soportaba el no saber de ella.

Varios hombres quisieron tener relación de convivencia con ella, pero cuando les decía que tenía un hijo y que vivía con su madre, salían de su vida con cualquier excusa, sin volver a saber de ellos.

Otros con el pretexto de ayudarla solo querían sacarle dinero, a lo que ella nunca accedió y de los que más de una vez tuvo que huir, para no caer como otras chicas que conocía.

Pasó muchas noches de frio por el bulevar, otras de muchos “servicios” algunas en blanco y la mayoría aguantando las vejaciones de clientes, que por dinero creían tener derecho a humillar a mujeres, que se ganaban la vida de la única forma que podían y que a ellos en sus casas no se lo permitían.

De todo esto pensaba cuando se dispuso a atravesar la calle, por un paso de peatones junto a la boca del metro que la llevaría a casa con su madre y su hijo, pero que el destino quiso que no les volviera a ver.

Un coche a gran velocidad la golpeó tan fuerte que cayó junto a las escaleras que bajaban a la estación quedando con la mirada perdida hacia el infinito.

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POEMAS EN CASTELLANO

 

 

 

SEDUCCION, LABIOS  Y  MAR ©

Por Gustavo M. Galliano

Localicé el ocaso del día en mí,

creyendo ver tu sonrisa en la bruma,

evolución del silencio en frescura,

cual tesis desleal de mis sentidos.

Perduras, el olvido aún no erosiona,

te sumerges y emerges en las aguas,

cristalinas aguas de voluptuoso oleaje,

donde Poseidón no reina, sólo mi mente.

¿Fue la seducción mi soledad?

no, creerías que profané la necedad,

fueron tus labios con reminiscencia a Mar,

néctar divino que incendió a mi alma.

Lapso, detente impertinencia burda,

monólogo destructivo de mi ser,

agitarás el recuerdo hasta agotar la luz,

al resucitar tus labios estos versos.

Contemplé el respirar de la noche en mí,

creyendo ver tus ojos en la penumbra,

cristalizó el resplandor de la tiniebla,

ofrenda mortal, en la Bahía del Adiós.

ALGUIEN OBSERVANDO ©

Por Gustavo M. Galliano

Te he observado espiar tras las cortinas,

con la mirada perdida en algún horizonte,

devorando a otras gentes  tan indiferentes

que machacan veredas sólo por costumbre.

He notado la inquietud de tus pupilas,

con manos crispadas por tanta impotencia,

y un suspiro profundo empaño los cristales,

sin poder destruirlos como hubieras deseado.

Te he visto observar desde tu fortaleza,

con frente sudorosa y aspecto cansino,

bebiendo la brisa que obsequia la noche,

sin penas ni glorias, solo por destino.

He descifrado de pronto tus dudas y temores,

náufrago del llanto que abraza la impaciencia,

soñando una isla sin tesoros ni puertos,

y miles de gaviotas de incesante vuelo.

Te he visto observar hacia mi ventana,

papel y lápiz en mano, escribiéndome  algo,

y dudé entonces si en verdad existías

o un gigantesco espejo pendía del cielo.

POEMAS EM PORTUGUÊS

 

 

SEDUÇÃO, LÁBIOS E MAR ©

Por Gustavo M. Galliano

Localizei o ocaso do dia em mim,

creditando ver teu sorriso na névoa,

evolução do silêncio em frescura,

como tese desleal de meus sentidos.

Permaneces, o olvido ainda não erode,

imerges e emerges das águas,

águas cristal de marulhos bombásticos,

onde Poseidón não reina, apenas minha mente.

Foi a sedução minha soledade?

não, pensarias que profanei a necedade,

foram teus lábios com reminiscência de Mar,

néctar divino que incendiou minha alma.

momento, detém impertinência tola,

monólogo destrutivo de meu ser,

agitarás a lembrança até cessar a luz,

ao ressuscitar teus lábios estes versos.

Contemplei o respirar da noite em mim,

acreditando ver teus olhos na penumbra,

cristalizou o resplendor das trevas,

oferenda mortal, na Baía do Adeus.

ALGUÉM OBSERVANDO ©

Por Gustavo M. Galliano

Eu vi você espiar por trás das cortinas,

com a mirada perdida em algum horizonte,

devorando outras gentes tão indiferentes

que esmagam veredas apenas por costume.

E notei a inquietação das pupilas,

com mãos crispadas por tanta impotencia,

e um suspiro profundo  embaço os cristais,

sem poder destruí-los com teria desejado.

Eu te vi observar desde tua fortaleza,

com a fronte suada e aspecto cansado,

bebendo a brisa que obsequia a noite,

sem pena nem glória, apenas por destino.

Decifrei de repente tuas dúvidas e temores,

náufrago do pranto que abraça a impaciência,

sonhando uma ilha sem tesouros nem portos,

e milhares de gaivotas de incesante vôo.

Eu te vi olhar na direção de minha janela,

papel e lápiz na mão, escrevendo-me algo,

e duvidei então se em verdade existes

ou serias um colossal espelho pendurado no céu.

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EL GRAN SONETISTA

Rodolfo Leiro

 

CIERRO MI VENTANA

 

Y cierro mi ventana, esta ventana mía,

tan amplia y tan humana, que tiene

la desgracia de dar sobre la vida

Luis Bernardino Negreti

Como el genial poeta que menciono

decido que se cierre mi ventana,

desde el postín feraz de mi mañana

al verbo que en mi verso promociono;

ya no encuentro la paz, no me emociono

observando tu rostro en la fontana,

era el tiempo feliz, el que me llama

después de tu polígamo abandono;

quisiera hoy entonar y desentono

como llegando a fiesta en un kimono,

bien pintada mi cara de hombre viejo:

es mi forma de ser donde despisto

el momento de azar en que te he visto.

Se ríe del disfraz mi loco espejo.

***

 

EL SUEÑO

No he podido dormir, tensas mis horas

me ruedan en un crónico de grietas,

un paisaje de duelos en albas prietas

que acaso fueron fátimas sonoras,

el concierto de trinos y de floras;

que agobiaron de rimas mis goletas,

me han hurtado las cándidas horquetas

donde supe entonar mis anacoras;

yo provengo de túnicas de esporas

o del peplo de míticas esloras

sin la estrella que ufana mi destino;

he quedado quebrado en vil encierro.

¡Parco paria gamado en el destierro!

¡O el beso de una novia en mi camino!

Construido a las 4,44 del sábado

3 de noviembre de 2013, para mi libro

“Renglones desprolijos”

 

***

CUANDO ME DUERMA

 

Cuando ingrese en el sueño sin retorno

que me lleve a los predios de la Nada,

al vacío sin lunas ni alborada,

sin voces ni rimeros en mi torno,

al olvido final sin un entorno,

sin la rima lujosa y procesada,

que fuera de mi péndola la amada

en un soneto fiel que desadorno.

Será No ser, el paso consumido,

rl tiempo por el tiempo recorrido,

el fin de una quimera inalcanzable.

Ingresaré al olvido;  habré sido

un lento adormecer de mi sentido.

Un bardo de noción ineluctable.

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POEMAS

Por Esther González Sánchez

DE CÓMO NACIÓ AL MUNDO

 

Primero fue un susurro,
el brote conquistado a la esperanza,

la sílaba de empeño
en el tallo creciente de la vida

o el alba que columpia
desiertas latitudes
en la bóveda oceánica

-templada de horizontes- de una madre.

Así abundó a su paso

y nació a la bandeja del instante.

Mas bastó un solo soplo:

el halo que viajó al cuerpo inviolado;

el dedo inquisidor que dominando

los verbos de lactancias,

viajó hacia su mundo
y allí dejó su grito

de lengua verde y miedo,

en ala gris y noche de pizarra.

Y creció  hacia los dientes de pobreza,
al centro de la sal  y sus costados

de rezada miseria,

Y los ojos que fueran ideados

de festín, se ordenaron lentos cuerpos

de isla, brotes viudos
con ansias de gorriones

vetadas por decreto.

De lunas despobladas se acicala.

La lírica de un piano está vigente

y desguaza el dolor en su teclado.

Esther González Sánchez
Vigo-España

***

 

 

 

SOMBRA DE LUZ

 

Sombra de luz  que a mi te allegas suave

como una  timidez cerrada en lilas.

De tu megafonía
me llaman las jornadas
de aglomerada miel

y la boca de pan en que se olvidan
el hueso de la noche y sus mareas.

Un hábito de sol,

un guiño de tu pecho me desviste

de gris melancolía,

y me vuela con párpados de sueño

por cobijarme en noches sin desdicha.

¡Oh, fruta generosa de otro tiempo!
¡Templado violín

que hasta mi pena llegas
como un indulto grácil!

Sobre mi césped, notas de tus cuerdas

oscurecen el canto de los grillos:

La soledad, pasea entre naranjos
y acuña en el tamiz del infinito
mil cóndores de ocasos.

Esther González Sánchez

Vigo – España

 

 

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Rolando Revagliatti

Selección de textos

La corriente

Una anciana baja al pavimento y vuelve a subir a la vereda, sosteniéndose en un Ford Falcon bordó estacionado sobre J. A. Pacheco de Melo (y casi avenida Pueyrredón). El semáforo está descompuesto. Muchos taxis ocupados. Otra anciana, aferrada a una mujer con anteojos ahumados, cruza Pacheco de Melo, y recién entonces la primera, la amedrentada, emprende el esfuerzo superior de cruzar, más bien descuajeringándose.

Hoy, en análisis, me quedé en el repaso sustancioso y pormenorizado de mis padecimientos físicos. Y en que ayer conocí al médico de la familia de Susy, especialista en huesos. Le llevé las radiografías de espalda y rodilla derecha que me saqué a fines de septiembre por indicación del traumatólogo de la obra social, quien, además, determinara tratamiento kinésico en base a masajes, onda corta, ultrasonido, lámpara y ejercicios. Me preocupa la rodilla: molesta tanto al subir escaleras. Lo de la espalda es ya crónico, estoy resignado, hace media vida que me duele en ciertas posiciones y cuando escribo a máquina. El tratamiento kinésico resultó un paliativo, y exclusivamente para la rodilla. Pero desde hace dos semanas está la rodilla como antes de haberlo comenzado. Por otra parte, este médico le otorgó trascendencia a los vestigios de sangre detectados en la orina. En el examen de la rodilla localizó la movilidad excesiva de la rótula, me explicó la función de los ligamentos, confirmó que las radiografías no evidencian lesión, y encomendó placas de ambas rodillas con piernas flexionadas. Aseguró que no hay nada definitivo que pueda hacerse, ni por la espalda ni por la rodilla. Está al acecho un proceso de artrosis. Y él considera que la rótula podría, alguna vez, fisurarse.

A mi analista le hablé del Genozim. Y de la muestra de semen que el viernes llevé al laboratorio por prescripción del andrólogo, a propósito de la escasa movilidad de mis espermatozoides. Y claro, cuando oí “escasa movilidad de mis espermatozoides”, me resonó “excesiva movilidad de la rótula”. Me siento raro no tomando el Genozim. Percibía ternura por ese remedio escrupulosamente ingerido durante meses, junto con uno de los tres (Control K, Holomagnesio y Vegestabil) ordenados por el nuevo cardiólogo (extrasistolia ventricular cumpliendo un lustro).

He bebido té de boldo (el cardiólogo me prohibió el café, el té común, el mate), y estoy con hambre. Me rondan ideas e ideítas, algunas sugerentes, ¿en cuál incursionar? ¿En la que abriría con un introito reflexivo sobre el enturbiamiento de algunos de nuestros mejores recuerdos? ¿En la concerniente a la ingratitud, a las bruscas o paulatinas desvinculaciones que nos inferimos irresponsablemente los unos a los otros? El caso de Jorge en el setenta y cinco (¡diez años ya!), o el de Ramón en el sesenta y tres. Y la disolución, la pulverización. Con mujeres con las que salí me quedó un sedimento…

He pedido un sandwich de pan negro, de crudo y queso, a un mozo zombie de esta confitería Alabama. Empecé garabateando en verde, pero la Edding 1700 agotó su tinta y la sigo en azul con una Sylvapen. Mi consumición en esta sentada ascenderá a un austral con treinta, según los tickets. Se sorteó la lotería de Navidad y no parece que nos hayamos favorecido Susy  y yo con nuestras participaciones. Pasó una muchacha ofreciendo Curitas y ahora invaden el local chicos mendigando. Me solazo con el tarjetón de un instituto de investigaciones agropecuarias y bromatológicas recibido por nosotros para la ex-propietaria de nuestra casa. Al lado de un dibujito con personajes aureolados, reza: “¡Paz y Bien! Con la confianza plena en el Amor Providente del Señor y en la intercesión omnipotente de la Santísima Virgen, ruego a Ud. y familia ante el Niño Dios, encareciéndole al Salvador del Mundo los colme de sus mayores Gracias durante 1986. ¡Que Dios les Prodigue sus Prístinas Bendiciones!” Y firma un otro señor cuyo apellido nombra al instituto. Hum… Pergeñar las características probables de alguien capaz de redactar en serio o disponer la impresión con su clisé comercial de eso, supone un tránsito peligrosísimo y por ello fascinante, por los desfiladeros de lo írrito (para expresarlo con intriga).

Redondear, redondear la crónica antes de que la corriente me abandone. Pienso en esta materia prima, en estos enunciados. Pienso en la novela que planeo. Y especulo, también, organizando un relato con esta recortada información: En una aldea siciliana, Enzo Gennaro Basunca es agraviado por dos amigos, hermanos entre sí. Jura vendetta. Ofensores y familia desaparecen sin dejar rastros. Dos décadas después, Enzo se entera de que esa familia reside en la capital de una provincia norteña. Llega a esa ciudad, los descubre, y asesina a cinco integrantes. Es condenado a cadena perpetua. E indultado, tras cuarenta y seis años en la cárcel, excelente conducta y precaria salud. Viaja a Buenos Aires para visitar a su único hijo vivo, su nuera, nietos, bisnietos y tataranietos. Y en un hospitalito de Gerli muere, antes de cumplir los cien. Fin. Desde dónde el planteo, allí hay una historia; seca, brindarla económica; toquecitos para clima, alguna línea de diálogo, y tal vez un título a obtener del remate.

Fin, fin. Dejaré en la mesa una cifra en billetes y monedas que incluirá propina, me levantaré, le haré un gesto al mozo y me iré cantando, remando, sin dolor, transportado por mis ensoñaciones, plausible, sagrado, y también yo atravesaré J. A. Pacheco de Melo, reafirmando imprescriptibles condiciones, de prisa.

***

Grupo

 

Somos ocho. Estoy desde hace tres años. Y tenemos una sesión individual con alguno de los dos terapeutas. Ella es médica y él es psicólogo. Nos reunimos en el consultorio de Elsa los miércoles a las diecinueve. Tanto Elsa como Fernando son mesurados. Elsa, a veces, efectúa interpretaciones humorísticas, brillantes, pero sin perder la seriedad. Fernando interviene menos y, por lo general, hace el cierre.

Cuando empecé, mi fragilidad emocional me destrozaba. Por cualquier boludez me ponía colérico o destemplado. En mi casa no me aguantaban. Cuando mi hermana me encaró blandiendo la tarjeta de Fernando, no opuse resistencia. Mi hermana temía mi reacción. Me tomé cuatro días para darme impulso y llamé al número de Fernando y concerté una entrevista. Venía él como con mucho recorrido con adolescentes. Y con adolescentes jodidos: drogadictos, chorros… No como yo.

Rendía poco en el industrial, repetí segundo año. Nunca había agarrado a una chica del brazo, siquiera. Me mandé una…: me hice operar innecesariamente del dedo de un pie. Yo sostenía que ese dedo estaba “flojito”, “debilitado”, sin la consistencia de los otros. Así que los hijos de puta del sanatorio me rebanaron.

Al principio de tratarme, quería superar mi timidez. Y me masturbaba sin convicción. Ahora, en cambio, salgo con una mina que si bien no me recopa, me conforma, me… Procuro largarme más en la cama. Con la primera que cogí estuve rígido. Siempre. Todas las veces. Y con la actual, no soy un fenómeno. Para despabilarme, aporta Nico, el mayor del grupo; tiene cinco hijos. Es respetado por su franqueza y su tacto. Opina que lo que sea puede ser dicho. Es librero de volúmenes usados y de ocasión.

Clarisa es una chica triste. Bueno, no tan chica. Y sin embargo, sí. Y el pescado sin vender. Sin pareja, es un garrote, no hace valer sus atractivos. Es eficiente en lo suyo: computación científica. Mantiene al padre, postrado, atendido por una empleada. Está con que su madre murió por su culpa, en un accidente tremendo en la ruta interbalnearia. Ella estaba en la primaria cuando sucedió. Volvían de vacaciones.

La contrafigura es Amalia. Amalia Noemí. Es un tiro al aire, estuvo internada en un neuro-psiquiátrico de Venezuela. Convivió con varios tipos desde que se fugó de su casa. Y se las rebuscó. Con uno, yiró por la India. Con otro, incursionó en artesanías en Bruselas. Con amigas, recorrió miles de kilómetros en jeep. Cómo me gustaría que me diera bola. Aunque si me diera bola habría que declararlo, y no podríamos seguir juntos en el mismo grupo.

Que fue lo que pasó con Marta y Adolfo. En abril estaban los dos. Pero empezaron a verse por separado, ocultándolo, hasta que cuando resolvieron comunicarlo hacía ya semanas que se encamaban. Produjo revuelo en los demás; en Clarisa, indignación. En Josecito, otro compañero, un pobre de espíritu, gracia. Yo me sentía atontado. También me calentaba Marta. Y hubiera calzado conmigo más que con Adolfo. Por edad y temperamento. Adolfo le lleva quince años y Marta me lleva dos. Quedó Adolfo con nosotros. Es uno de esos “obse” parsimoniosos que no sé qué pudo haberle visto Marta. Adolfo es traductor de alemán y da clases de gramática castellana a ejecutivos de una red de bancos.

Tenemos un homosexual proletario en el grupo: Facundo. Vende cosas. Sobre todo en los trenes del Sarmiento. A Adolfo le regaló bolígrafos, a Josesito una guía de calles, a Mariana una tijera de podar, y a mí me arregló con una perchita. Es bastante ocurrente, aunque por ahí se zarpa. ¡El sí que se esfuerza por costearse la terapia!

Mariana fue la última en incorporarse al plantel. A ella la paso cuando no se pone en estrella. Y ahora que me oigo me viene un bajón, pero un bajón, como si me licuara, como si los estuviera traicionando.

***

Pares

El despertador suena a las cinco y media. Es de noche. No debo pensarlo dos veces, y no lo pienso. Enciendo la luz del velador. Me incorporo (si puede decirse que ese paquete abotagado y que ofrece sólo una contundencia marmota y atravesada, lo que hace es incorporarse), me desplazo hacia el aparato de radio (debajo del lavatorio, sobre un banquito que hubiera podido construir el tío Pacho, o bien, mi padre), manoteo la perilla que me sitúa en la raspante descarga eléctrica que da paso a la voz del locutor de mis matinatas laborales, me quito el saco del piyama casi sin respetar los tres botones ensartados en sendos ojales (no exactamente los simétricos), y lo cuelgo en la perchita colorada que hará nueve días pegué con Poxipol a una altura cómoda para el Increíble Hulk. Enciendo la luz con la mano izquierda mientras con la derecha abro la canilla que indica FR A. Surge el chorro con mayores ínfulas que si abriera la CAL ENTE, y similar temperatura a esa hora del alba, puesto que la caldera del edificio todavía reposa. Echo despabilante agua sobre párpados, mejillas e inevitables adyacencias, y me complazco con los buches. Cierro la canilla, malseco la superficie salpicante con la toalla que me regalaron, en estas navidades, los únicos que me saludaran por las fiestas, y en el espejo del botiquín escruto las marcas de dobleces de funda que surcan mi frente. Cuelgo la toalla, descuelgo el saco del piyama con el que retorno hacia la cama donde una mujer duerme su intenso despatarro, sobre cama y mujer arrojo la prenda, apago la luz del velador, regreso al baño.

Radio Municipal de fondo y bajito, ya higienizado y con mucho talco berreta en el área afeitada, lavo mi ropita con el jabón de tocador y la tiendo en la estropeada cuerda de nailon que cruza la bañera. Preparo mi desayuno y lo tomo. Lavo, seco y guardo los utensilios. Me visto, y depositando besos en quien no cesa de dormir y soñar conmigo o  con su marido, de viaje, yéndome apago las luces y la radio y cierro la puerta de mi departamento. Son las siete.

Mientras bajo los modestos tres pisos por el ascensor y traspongo la puerta de calle, trazo mi plan. Pocos metros por Arenales, llego a Ayacucho. Por esa, una cuadra hasta Juncal. Por Juncal otra, hasta Junín. Por Junín todas las demás, hasta avenida Las Heras, cruzando. Subir al ciento diez (a una cuadra de los paredones de la Recoleta) preferentemente no después de las siete y quince. En Kerszberg S.A.C.I. no debo firmar la planilla de asistencia después de las ocho. Ayer recorrí Arenales hasta Junín y por Junín seguí hasta la parada. El viernes por Ayacucho fui hasta Las Heras y, por esa avenida, hasta Junín. El jueves por Ayacucho llegué a Pacheco de Melo, una por esa y otra por Junín. El miércoles por Ayacucho hasta Peña; por esa, una, y dos por Junín. El otro martes fue como hoy, doblé en Juncal, pero no caminé por las veredas pares.

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Solo

Desde que me quedé solo decreció mi optimismo. (Riego malvones a la madrugada. Volveré al lecho. Hasta que aburrido me dejaré caer, y lograré así reaccionar, sobreponerme y encarar el día, si no laborable para mí, que eso nunca, al menos…) Los que ya no están, con cariño y con resignación, me instaban a la diurna vigilia.

¿Han contemplado a pájaros muriendo?… Yo los he contemplado. Corbatitas, jilgueros, chingolos…, despidiéndose a través de sonidos broncos y aislados, o de un piar chillón y sostenido.

Ya no me afeito ni me peino, no recito églogas en el salón principal ni ensayo formas de saludo frente al gran espejo del vestíbulo. No hay artilugio ni práctica conspicua que pudiera adquirir o conservar. Duermo ahora con los pies envueltos en una bufanda y bebo el té amargo, sin limón ni coñac. Claro está, no espero ser visitado ni socorrido, aun en circunstancias extremas. Desde que me quedé solo, soy, a simple vista, un hombre infeliz.

 

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SOLEDAD

A veces pienso que la muchacha del 4º, levantará la vista cuando pasea por la Rambla y así podrá comunicarse con la realidad.

En ocasiones nos hemos cruzado en la escalera y su aterrada mirada se ha posado inexpresivamente en la mía, su saludo ha sido un vertiginoso murmullo que quiso responderme…

Se sienta en los anchos bancos de la Plaza de La Catedral y su cuerpo desaliñado y quieto, sólo se mueve cuando una gaviota enorme y desorientada asombra a los turistas sobrevolando la plaza para posarse luego en la cúpula de la catedral, buscando ávidamente el mar.

Desde arriba, los cantantes que hacen su día con el producto del bote, parecen pequeños puntos oscuros con una multitud en constante movimiento a su alrededor, que ignora los problemas de las muchachas.

Las palomas no se acercan a la muchacha , no tiene miguitas para tirarles…

Ella cruza silenciosa hasta el Museo Gaudí. Recorre lentamente los tres pisos, hasta llegar a las obras y croquis del maestro que contempla despaciosamente, subyugada por tanta belleza….

Abajo, las terrazas repletas de personas cuya única opción es si piden tapas de mariscos o patatas bravas. Es pleno agosto en Barcelona y las enormes copas de dorada caña, sólo compiten con el blanco de la espuma que las corona.

Ahora la muchacha desde arriba, se fija en las palomas entre el constante movimiento de gente deambulando al sol , buscando regalos en las tiendas de los anticuarios….

Y las palomas siguen picoteando hasta levantar vuelo en conjunto, asustadas por un niño en patineta.

Como ellas…, pero a la inversa, esa noche la pequeña e ignota figura del 4º, voló hasta la estrecha callejuela arrastrando en su vertiginosa caída, un geranio perfumado.

Elsa Solís Molina

 

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EL PASADO

Me encanta divagar desde ese desván en las nubes al que sólo yo tengo acceso, desempolvar

uno a uno, esos recuerdos únicos y de vez en cuando, asombrarme con ese cuadro guardado

de mi misma que envejece . Cada cual, debería visitar ese desván de los años que van pasando, sin reminiscencias desalentadoras, sacando conclusiones inteligentes aún de episodios ingratos, evaluando

con sinceridad y madurez, supongo que esa será la misión de los años vividos.

Y son tantas las ilusiones descartadas que allí encuentro, que con un poco de imaginación rescato las reciclables, recreo los deseos de comenzar de nuevo y me ilusiona la curiosidad por un nuevo día.

Como el reflejo maravilloso del mar, espuma y movimiento tiene el poder de motivar a nuestra imaginación, ese paseo por el desván de nuestros abandonados pasos por la vida, será vivificante

La vida así  de hecho, no tendrá  fin, aunque se acabe

ELSA SOLIS MOLINA

 

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